martes, 30 de mayo de 2017

Incienso

A mí esto del "encaje" ya empieza a producirme descojone cada vez que lo escucho. Porque el único encaje de verdad del que tengo noticia es el de bolillos, muy utilizado, por cierto, para confeccionar los trajes de lagarterana. ¿Acaso es que lo que quieren los catalanes es vestirse de largaterana? Para mí que ya lo están, pero, oye, ya saben que hay cosas en las que el interesado es el último que se entera. 

Sea como sea el caso es tener una palabreja con la que poder tocar las pelotas al personal. Que si la conllevancia, que si la nostra identitat, que si som y serem, que si Espanya ens roba, no siendo todo ello más que una calculada escalada de tensiones que en su conjunto constituyen lo que se ha dado en denominar el "pruçes". Y que nadie les engañe al respecto de todo esto: la madre de este cordero no es ni la famosa burguesía catalana, ni la nostalgia carlina, ni la coartada de una clase política corrupta; la verdadera matriz de este problema, como de casi todos los que hemos sufrido y sufrimos en este país, es la que dicen santa madre iglesia católica, apostólica y romana. Sin los curas y obispos metiendo cizaña desde los púlpitos esto nunca hubiese sucedido. Esa morbosa apelación continua a los sentimientos no puede acabar de otra forma que en bacanal. Es decir, todos danzando en el monte y comiéndose crudos a sus hijos más preclaros. 

Ayer, en un acto de irreprimible masoquismo, me puse a ver el telediario de la televisión catalana. El primer tercio estuvo dedicado en exclusiva al dichoso pruçes. Y aquí es donde la pinta de los cabecillas juega un papel primordial para entender de qué va el asunto. Viendo juntos a Junqueras y Puigdemont es imposible no pensar que lo que están presidiendo es una convención de criadores de ganado porcino. Atufan tanto a purín que si no fuese por el poder encubridor del incienso no les quedaría ya un solo feligrés en la parroquia. 

Es un ciclo que se cierra impulsado por el miedo. La gente del común empieza a cagarse por la pata abajo. ¡Es tanto lo que podemos perder! El pájaro en mano se ha hecho dueño de la partida. Conozco bien a esa gente y se que nunca se lo jugarán todo a una carta. Simplemente se hartarán a quejarse de que en el trato, cualquier trato en el que participen, están llevándose la peor parte. Es algo que llevan en su adn. Piensan, como los niños, que así a lo mejor sacan un poco más. Y la verdad es que, por aquello de que el chaval deje de joder con la bicicleta, siempre se les da algo de más para que se callen hasta la próxima. En eso consiste el famoso "encaje", el que ahora piden los sensatos sobrevenidos, en sacar algo más de lo que en justicia les corresponde. Con eso se conforman porque les alivia el complejo de inferioridad que les corroe el alma. Y es que tiene que ser muy duro para cualquiera pasarse la vida comparándose con los conquistadores castellanos. 

Y, luego, todos esos creadores de opinión que han convencido a un setenta por ciento de la ciudadanía de que Rajoy está llevando fatal este asunto. Claro, como no hay tortas por medio la gente se aburre y así cualquier robaperas les lleva a su huerto. Pero la buena política es eso, matar a la gente de aburrimiento para que no se meta en lo que no le llaman y se decida a dedicarse a sus cosas.  

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