Por más que aún se note, la provincia no es lo que era. La provincia, ya, es fundamentalmente extrarradio. Sólo había que ver ayer a las riadas de gente que se apeaban del AVE como si fuese de un cercanías. Habían ido con sus pequeños maletines a sus trabajos y gestiones en el down town y volvían a casa al caer la tarde. Una hora y media escasa de viaje, lo normal en cualquier cosmopolis. Y así es que, ahora, remedando al Gato Pérez, podríamos cantar, "sabor de provincia/ tesoro antiguo/ verso en la calle/ músico loco", distante en la memoria, perdido en el recuerdo, etc., pero, sobre todo, falsamente popular.
El el Bariloche los señores permanecían pegados al plasma mientras sus señoras jugaban al parchís. De vez en cuando, un amago de gol estremecía el ambiente. Y nosotros, a nuestra morcilla de Fuenteandrino. Después, por la gran avenida, los chinos recogían ya las sillas de las terrazas de sus cafeterías. Y en la Calle Mayor, cuatro gatos camino de sus guaridas. Deje a María junto al paso subterráneo de la estación y me volví para casa.
Me gusta la provincia. Esta provincia, Palencia. A una hora y media de Madrid. Lo más parecido a la cuadratura del círculo.
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