lunes, 31 de julio de 2017

¿Eco qué?


Entre los buenos datos de este segundo trimestre, la demanda de gasolinas y de gasóleos, que aumentó de media un 5,4%. ABC.

El agua escasea, las olas de calor rompen récords y el país se reseca. Pero este verano es sólo un anticipo. En 2090, el desierto habrá engullido la mitad de la Península. EL MUNDO.


Dos noticias en los periódicos de hoy que se complementan. Una cosa que sucede para que otra pueda suceder en el futuro. ¡Fenomenal! Sobre todo teniendo en cuenta que ¡largo me lo fiáis! 2090, ya te digo, la de ecosoluciones que no se habrán inventado para entonces. 

Para mí el funcionamiento del mundo como mejor se resume es con la frase que le dice Indiana Jones a su compañera de viaje cuando van agarrados a los bajos del camión de los malos que va a toda mecha. ¿Qué hacemos ahora?, pregunta ella. Da igual, por el camino lo pensamos, contesta él. Y es en eso precisamente en lo que consiste la belleza y el interés de una buena novela de aventuras, en improvisar de continuo, pero siempre con éxito. 

Así es la historia de la humanidad, una continua improvisación de los buenos para esquivar las trampas que les ponen los malos. Aunque hay que reconocer que no pocas veces cuesta distinguir quienes son los unos y los otros. Pero siempre es y ha sido igual, y supongo que será por los restos. Leo estos días una historia de China que me ha enviado Jacobo. De un tal Sima Qian. Me dice Jacobo que quizá se podría hacer un estudio comparativo con Tucídides. Y sí, sobre todo los discursos, pero, luego, hay cantidad de historietas que parecen sacadas de Heródoto. Y es que yo cada vez me parto más de risa cuando alguien me habla de culturas. No digo ya de civilizaciones. Ya lo leí una vez en La Bruyere: "la prevención del país unida al orgullo de la nación, nos hace olvidar que la razón es cosa de todos los climas y que se piensa como es debido en todas las partes en donde hay hombres". Así, estoy comprobando que las cosas que pasaron en China son exactamente las mismas que tuvieron lugar en Occidente. En definitiva, gente que recurre a la maldad como procedimiento para beneficiarse del esfuerzo de los otros. Y los otros que se las ingenian para escaquearse. Pura improvisación de los unos y los otros que a la postre es lo que nos ha traído hasta esta desesperada situación en la que ya sólo caben las ecosoluciones, es decir, robar una vez más el fuego a los dioses con engaños. Seguir siendo ingenuos para que nos entendamos.    

domingo, 30 de julio de 2017

Sin remisión


Veníamos de la Montaña Palentina en mi coche vintage y a la altura de Herrera decidimos meternos en la autovía. Nunca había visto cosa semejante. Estaba saturada de coches que iban a una velocidad infernal. Claro, domingo por la tarde, fin de julio... operación recogida. Ni que decir tiene que aquello no era en absoluto lo apropiado para la estética vintage. Así que quince kilómetros más allá tomamos la salida de Boedo y nos vinimos por la antigua general prácticamente solos y disfrutando a nuestras anchas de las luces del atardecer. Pero el susto no me lo quitó nadie. Verme de pronto tan desprotegido en medio de aquella vorágine me hizo sentir en toda su crudeza las tremendas limitaciones a las que me ha arrojado la edad. Me sé ya completamente incapacitado para sobrellevar situaciones que exigen una gran atención y tensión prolongada en el tiempo, de lo cual no sé si lamentarme o alegrarme porque tampoco le veo sentido si se pretende una vida cumplida al someterse a una ordalía tan estúpida como cuatro horas seguidas de autopista saturada. 

Me pregunto como ha podido ser que la vida haya venido a dar en esto. Millones y millones de personas metidas en coches que van a toda pastilla sin otra finalidad que la de ir a relajarse un rato a un paraje idílico. Me cuesta encontrarle el sentido. Es como si la meta robase toda su importancia al camino. Un tremendo error, sin duda alguna. Por cierto que el otro día a la altura de Monzón me tope con tres caminantes jóvenes y les pregunté si iban a Santiago. No, vamos a Comillas, me contestaron. Curioso, porque tardarán una semana en llegar a donde otros van en dos horas escasas. Una extravagancia seguramente, pero qué inteligente me pareció.

La vida es complicada, desde luego, y cada cual se lo monta como mejor puede para no tener que estar todo el día tirándose de los pelos. Pero así y todo convendría un poco de consecuencia entre el dicho y el hecho. Así que tengo que pensar a ver que voy a hacer con este coche vintage que me ha caído encima en un momento de bajón. Porque me divierto más cuando excursioneo en bicicleta. Y, además, las comidas me sientan mejor, el vino me coloca más, y sesteo bajo los fresnos centenarios de los atrios de las iglesias mucho más a pierna suelta. En fin. 

sábado, 29 de julio de 2017

Jaquecas

No sé en donde leí, creo que fue en el Juan de Mairena de Machado, que como los judíos no contemplan el más allá y, por tanto, no pueden recurrir al infierno como mecanismo disuasorio del mal, se han inventado un mecanismo sustitutorio que consiste en que si alguien la hace el baldón consiguiente se perpetua por siete generaciones. Me parece más sofisticado y seguramente también más efectivo que el infierno, aunque, a decir verdad, judío, moro, cristiano o lo que se sea, cuando alguien ha cometido felonías relevantes es inevitable que trasmita a sus descendientes la baja consideración por parte de sus conciudadanos. Incluso puede ser que quede perpetuado en las coplas de ciego.

Comprendo que es injusto para los descendientes, pero también es verdad que estos a veces sacan pecho y blasonan de antepasados, cual es el caso del político Iglesias que parece estar orgulloso de que su abuelo se dedicase a llevar de paseo a marqueses hasta la Pradera de San Isidro, lo cual no hubiese tenido nada de particular si la afición no la hubiese desarrollado el año 36 del siglo pasado. Pues sí, de esa casta viene el galgo que amaga con complicarnos la vida para no ser menos que su abuelo. La verdad es que no sé como hemos llegado a esto. Ni por qué ese tipo miserable no está en la picota ya hace tiempo. 

En fin, qué jaquecas me producen estas cosas. 

viernes, 28 de julio de 2017

Tortilla de patata and me


Aquí estoy, solo, en mitad de la nada, con mi guitarra, mi bici y mi blog. Y el verano va pasando sin que apenas pase nada. La visita demasiado fugaz de un amigo, los pinchos de tortilla de los bares de las plazas de los pueblos, la gavota de Villalobos que ya casi tengo lista, la cotidiana entrada en el blog que a veces se me resiste y pare usted de contar.

Doctor please, some more of these 
Outside the door, se took four more
What a drag it is getting old

Nacho me dice que por sus lares también se come mucha tortilla. Y dónde no, le contesto.

jueves, 27 de julio de 2017

Que por bien no venga

A uno le gustaría que ciertas cosas fuesen de otro modo. Y podría dar una larga lista de esas cosas. Pero luego pienso que no hay mal que por bien no venga y me quedo con la idea de que tengo una suerte inmensa por vivir en este rincón del mundo. Esta mañana he salido temprano a dar una vuelta en bicicleta. El aire era fresco y de una transparencia aclaparadora que diría Pla. Una ligera brisa contribuía a hacer más agradable si cabe el pedaleo. Por Villalobón y Fuentes de Valdepero no he tardado en llegar a lo de Josefina en Monzón. He pedido un café con leche, he cogido un par de palmeritas de la bandeja común, el periódico local y me he instalado en una mesa al fondo dispuesto a reponer fuerzas e ilustrarme. Ya saben, noticias del campo y de las fiestas de los pueblos. El campo que ha producido este año un tercio de lo que es habitual sin que por ello las fiestas hayan perdido un ápice de su esplendor. Ayer celebraron en Torquemada la fiesta de los abuelos. Una buena idea porque padres en el pueblo deben de quedar pocos y nietos ni te digo. Pero bueno, entrevistaban a una nieta que había venido de la ciudad y estaba encantada de pasar el día con sus abuelos. ¡Oye, de todo tiene que haber!

Después me he puesto a escuchar lo que conversaban unas lugareñas a propósito del accidente que ha tenido Ángel Nieto cuando conducía un quad. Estaban muy afectadas. Desde luego que no les parecía una mala idea eso de los cuads. Simplemente lamentaban la mala suerte. Bueno, los domingos hay uno de esos artefactos que se pasea por el barrio y yo como que me tengo que cagar en todos los muertos del que lo conduce para no tirarme de los pelos. Aunque ahora que me han cambiado la ventana supongo que podré dejar de cagarme. Porque eso de los quads está en la lista de las cosas que yo cambiaría para que el mundo fuese mejor. Pero luego, cuando lo pienso un poco caigo en la cuenta de que, en cierta forma, son una bendición, porque aunque son molestos no son tan perniciosos como podría ser cualquier otro método de liberación de energías negativas, porque ese es el quid de todo el coñazo de este mundo que de alguna forma se tienen que compensar los desgraciados que viven corroídos por todo tipo de complejos humillatorios por así decirlo. 

Luego de Monzón a la Venta entre campos de girasoles rutilantes. De la Venta a casa por la general de Guardo. Apenas había tráfico. Cuando he llegado el cuenta quilómetros marcaba 39,400. No está mal para mantener la forma. En fin.  

miércoles, 26 de julio de 2017

Dia de Gloria

Un cierto González-Ruibal, profesor de la Universidad Complutense, tuvo su día de gloria: consiguió la notoriedad suficiente para salir en la primera plana de todos los periódicos. Fue una magnífica lección, respondió a las preguntas de los periodistas. Había ido con sus alumnos a visitar el Valle de los Caídos y allí se las pusieron como a Fernando VII para realizar un acto heroico sin la pertinente contrapartida del riesgo. Retiró un ramo de flores que un viejo nostálgico había depositado sobre la tumba de Franco. El acto ha trascendido porque no es para menos.

Lo que se debe estar riendo Franco desde su tumba. Os fijáis, dirá, para que luego algunos se mofen de cuando anuncié que todo quedaba atado y bien atado; pero si hasta los hijos de los nietos de los que me jaleaban siguen siendo tan intransigentes como yo. Y da igual que sean profesores de la Complutense que perroflautas empoderados, todos me adoran por igual porque sin mí serían un cero a la izquierda, nunca mejor dicho. Que a nadie se le olvide: mi lucecita de El Pardo sigue iluminando a los desvalidos mentales para que encuentren el sentido de su vida. 

En fin, lo que me pregunto es que qué querrá ser de mayor ese profesor de la Complutense. Porque al ritmo épico que va las cápsulas suprarenales se le van a quedar en cuatro días como dos higos pasos. Es lo que tiene querer cambiar el mundo sin antes haberse cambiado a sí mismo, que se envejece mal carcomido por la memoria. 

lunes, 24 de julio de 2017

Así de sencillo

Ayer leía un artículo verdaderamente extremecedor: en EEUU mueren 60000 personas al año por sobredosis de opiáceos. Por lo visto, según el articulista, que vete tú a saber, la gente comienza a engancharse con analgésicos legales que tienen un base opiácea. Les duele cualquier cosa, van al médico, les receta esos productos y ya sólo hace falta una predisposición a la adicción un punto por encima de la que por naturaleza tenemos todos los humanos y quizá todo lo que vive. Así los enganchados se cuentan en aquel país que todo lo mide al milímetro por millones. Y no sólo los servicios de emergencia sino que hasta la polícía lleva en sus cartucheras el antídoto contra las sobredosis.

Seguramente, pienso, el asunto no es más que una agudización pasajera de un proceso crónico. De vez en cuando la realidad se endurece por algún invento sobrevenido y los débiles de espíritu caen como moscas. Hasta que el sistema enjuaga los desfases y las cifras vuelven a sus límites soportables con la consiguiente guerra entre los carteles mafiosos para adaptar la oferta al mercado menguante. 

Ya, creo recordar, un día les contaba que en los bares y paradas de autobuses de la región suelo ver anuncios de fertilizantes para varios cultivos entre los cuales está el de la amapola. No he visto ningún campo dedicado a ello, pero ese anuncio deja claro que en alguna parte están y seguro que no son pocos. Todo legal, por supuesto, como los laboratorios que lo manipulan y las recetas que extienden los médicos. Por así decirlo, si hay una cúspide de la civilización, esa es el control del dolor. Algo que sin duda tiene que irritar profundamente a los dioses porque en ello les va la subsistencia. ¿Porque a ver quien se acuerda de ellos cuando no le duele nada? Por eso no se extrañen que envíen su respuesta en forma de venganza. 

En fin, cosas de la vida que nadie va a solucionar nunca. La naturaleza tiene sus mecanismos para perpetuarse y 60000 muertos al año son la sangría necesaria para mantener el fluido de la vida a la viscosidad adecuada. Así de sencillo... por terrible que parezca. 

domingo, 23 de julio de 2017

Sentenciado




En Mazariegos hace un siglo vivían poco más de medio millar de personas, hoy apenas llegan al cuarto y es más probable que veas un ciervo volando que un niño por sus calles. Así y todo tiene un bar que hasta te pueden hacer un bocadillo de chorizo. Supongo que también pasará consulta un médico dos o tres días a la semana y que un cura dirá misa los sábados o domingos. Por lo demás está cuidado y limpio y la gente que te topas es como la de cualquier sitio; es casi seguro que la mayoría habrán pasado la vida activa en una gran urbe... quitando el pastor y tres o cuatro agricultores que se bastan para cultivar todo el termino municipal y parte de los de al lado. 

Digamos que está sentenciado. A medida que vayan muriendo los oriundos que se fueron y volvieron a vivir la jubilación. A los hijos de estos que ni les hablen del pueblo. Acaso por fiestas mientras vivan sus padres, pero después todo se reducirá a intentar vender la casa que nadie les va a comprar. Es ley de vida: donde no hay nada que hacer se desertifica. Los cuatro agricultores, o incluso sus hijos, seguirán labrando pero vivirán en la cercana ciudad. 

Yo como no lo veré me da exactamente igual que pase lo que tenga que pasar. Pero por el momento y mientras las piernas me lo permitan seguiré disfrutando de la inmensidad de la nava y de los bares de sus pueblos. Es lo mas parecido a una película del oeste. 



sábado, 22 de julio de 2017

Touché de plein fouet




Hace unos días me entretuve en calcular las probabilidades que hay de que te toque la lotería primitiva en relación con las que hay de que te alcance un rayo. Pues bien, admírense, es el doble de probable que te alcance un rayo, que sobrevivas, y que después te alcance otro que el que te toque la primitiva. Y no hay vuelta de hoja porque aunque al que le toca una u otra cosa, San Pedro se la bendice, la real historia de la humanidad se escribe con esas estadísticas. 

He pensado en eso hoy cuando iba de Monzón a La Venta y he visto ese muñón renegrido en medio de dos chopos averiados. Un rayo. Algo casi banal si tenemos en cuenta que son 1.200 millones los que caen sobre el planeta cada año. Otra cosa es que alcancen a personas, unas diez o quince al año en España. Así que calculen: tendría que tocarle el pleno de la primitiva a dos o tres personas por año. Seguro que ni eso. Y sin embargo a los jugadores les da igual; en su inconsciente hay un convencimiento de que la diosa Fortuna está en deuda con ellos. Una ingenuidad enternecedora. 

Sea como sea lo de la diosa Fortuna lo que nadie pude negar es que dividiendo el número de rayos que caen por la superficie del planeta tocan a unos cuantos por kilómetro cuadrado. Así no es de extrañar que vayas por el campo y encuentres árboles medio quemados o, como el de la foto, convertidos en muñones. Touché de plein fouet. Mas raro es ir de gira y ver, allí, en medio de un campo de trigo, la estatua de un señor. Te acercas y compruebas que es el homenaje a un pastor al que mató un rayo. Cuidaba sus ovejas con amor y no las abandonó en medio de la tormenta. Eso dice la leyenda. Un oficio peligroso sin duda. Sobre todo en verano, que ves de pronto como una nubecilla de nada se va agrandando y al rato tienes encima el zafarrancho. Y ya me dirán, con lo que cuesta mover un rebaño. 

En fin, ciencia curiosa ésta de los rayos. Días vendrán en que toda esa energía que se desencadena se podrá captar y almacenar. Y estará resuelto de una vez por todas el drama prometéico por el fuego de los dioses. Cada rayo, dicen, libera la energía de una explosión nuclear. Mareante.

viernes, 21 de julio de 2017

Lucilio

Con esto del exbanquero acorralado que según la mayoría de los indicios se ha suicidado, por analogía he vuelto la mirada, o la memoria, hacia Séneca que también se suicidó aunque en su caso la operación resulto ser no fulminante sino tortuosa y supongo que también torturante. No le funcionó ni cortarse las venas -lo haría mal- ni la cicuta y hubo de recurrir a la asfixia por vapor de agua, que no sé en que consistiría tal procedimiento porque, aun siendo asmático, como dicen que era, no veo yo por qué tiene que perjudicar el vapor. En fin, lo de menos, que lo que importa es resaltar, siguiendo sus enseñanzas, si el suicidio de uno y otro fue salida o huida, de la vida que, aunque el resultado venga a ser el mismo, la estela que deja una u otra opción muestran considerables diferencias sobre todo en lo que hace a libertad de elección, es decir, dignidad, por aquello de que te estén empujando o no.

Así es que ayer, dando vueltas a estos asuntos me fui al armario donde escondo el puñado de libros que conservo y saqué las Cartas morales a Lucilio. Hacía bastantes años que no le ponía la vista encima aunque no por ello haya dejado de tenerle siempre presente como referencia esencial de mi andadura indagadora, por decirlo de la forma más cursi que se me ocurre. Total que por la tarde y buena parte de esta mañana me he dedicado a recorrer sus páginas y me he dado cuenta de lo mucho que hay en estos blogs que vengo escribiendo hace ya diez años de esas Cartas, lo mismo que en su día lo hubo en unas Cartas a Cándido que osé escribir cuando andaba por tierras de Salamanca. Pero sobre todo me he apercibido de lo absolutamente necesario que es para no ser un pavo el estar en permanente contacto con los maestros. No ha habido página que haya leído ayer u hoy en la que no haya encontrado media docena de ocasiones de verme feo en su espejo. Cuánto me tengo que corregir para adelantar en mis ansias de, como digo, no seguir paveando como un adolescente. Apresurate Lucilio y no dejes para viejo el empezar a aprender, dice el maestro. Aprender sobre todo a corregir el impulso de los instintos devastadores por medio del cultivo de la razón que es lo genuínamente humano y lo que nos pone a más distancia de los animales que de los dioses. 

Sí desde luego, el suicidio, la vía de salida más digna para una vida que ya no lo es aunque lo parezca. No hay que perderlo nunca de vista para estar apercibido cuando se den las circunstancias. Porque el dolor en contra de lo que ayer leía en el editorial de un periódico si no sirve para sacarte del hoyo más vale que te lo ahorres. Decía el tal: "Entre las grandes lecciones de la vida, se encuentra el sobrellevar el dolor. No deja de ser una falta de coraje el no enfrentarse al sufrimiento y buscar escape por una vía de tan difícil explicación como suele ser el suicidio." ¿Coraje para qué, para recocerte a fuego lento antes de que te coman? No, mira: cogitat semper, qualis vita, non quanta sit. Y si no sabes latín pídele a Jacobo que te lo traduzca. 

jueves, 20 de julio de 2017

Revuelos

Como les contaba, trato de combatir la desidia propia de estas fechas viendo vídeos de la Khan Academy. Estoy con la parte de las matemáticas que estudia las combinaciones y probabilidades. Es algo realmente fascinante, sobre todo después de haber leído aquel libro que me envió Jacobo titulado "Contra los dioses" -nada que ver con la novela del mismo título-. Porque es que en la vida hay cosas de una importancia decisiva y sin embargo vivimos de espaldas a ellas porque nadie nos las ha explicado cuando tocaba. Y así vamos ciegos conduciendo los caballos del sol. 

Ya Conan Doyle puso en boca de Sherlock Holmes la frase que en medicina o cualquier otro tipo de ciencia empírica es mano de santo: "Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad." Ahí está el quid de nuestra liberación del yugo de los dioses, aprender a diferenciar lo que es posible de lo que es probable. Diferenciar por medio del cálculo algebráico, quiero decir. Me explico: tiras al aire cien veces una moneda que no esté trucada; puede salir cara o cruz, o sea dos posibilidades cada tiro. Al segundo tiro ya son cuatro posibilidades: una cara, una cruz, dos caras, dos cruces. Cuando llegas a cien las posibilidades son casi infinitas. Calculen dos elevado a cien y se marearán con las cifras. Sin embargo, la magia del asunto estriba en que cuanto más aumentan las posibilidades menor es el margen de error de las probabilidades. Así al segundo o tercer tiro puede haber un cien por cien de caras o cruces, pero cuando vas por el cien puedes estar seguro que si no es cincuenta de una y cincuenta de otra será cuarenta y nueve y cincuenta y uno o cuarenta y ocho y cincuenta y dos. O sea que, por así decirlo, calculando las probabilidades le pongo puertas al azar. Me seguiré equivocando, pero mucho menos. 

Quizá no sea más que otra de mis deformaciones de pensador aficionado, pero tengo por buena mi intuición de que si el vulgo supiese diferenciar con claridad lo que va de lo posible a lo probable la mayoría de los revuelos que se levantan no tendrían lugar porque prácticamente todo lo que sucede, en algunos de sus parámetros, era perfectamente predecible. No sabemos quienes se van a estrellar en la próxima operación salida, pero iría contra las leyes de la lógica estadística que nos se estrellasen media docena de coches. En definitiva, es posible que me pille un coche cuando voy por ahí en bicicleta, pero las probabilidades de que me ocurra no han aumentado respecto a las que había hace diez años. Hay más atropellos porque hay más ciclistas pero no porque haya cambiado la actitud de los conductores. Esto es lo que estaba tratando de explicar ayer en el taller de bicicletas del que soy cliente asiduo y nadie me entendía. Sostenía el personal que es que ahora los conductores van más bebidos que hace unos años y así con esa certeza peregrina les cuadraban todas las cuentas. Lo dejé por imposible me volví para casa a seguir viendo vídeos para ver si así aprendo a explicarme mejor. 

miércoles, 19 de julio de 2017

Autocastración

En esta especie de Arcadia de sacristía en la que nos quiere hacer vivir el reaccionarismo progresista el mayor peligro que corremos a mi juicio es que nos muramos todos de aburrimiento. Y es que se está produciendo aquí por medio de la insistencia machacona una especie de autocastración espiritual que coarta cualquier destello de la inteligencia, sobre todo si viene expresado en forma de humor. Hay que estar todo el tiempo vigilante, y al ser posible en silencio, porque digas lo que digas siempre hay alguien al que no le gusta verse en ese espejo y en vez de recapacitar salta de inmediato al cuello del mensajero. La primera y previsible consecuencia de semejante despropósito ha sido que hayamos sustituido el chiste por la queja como válvula de escape de las tensiones interiores. En fin, el famoso valle de lágrimas que se decía. 

El caso es que el otro día se ha producido un hecho realmente gracioso, de gracia negra por cierto, y todo lo referente a él que he leído venía en forma de lamento. El asunto ha consistido en que unos vascos pues se han puesto a derribar una cruz de diez metros de altura que venía de fábrica con el estigma franquista. Y mira tú por donde que lo han hecho tan mal que se les ha caído encima y ha descalabrado a unos cuantos. Es lo que tiene fiarlo todo a los agüeros y hechicerías, que acabas envenenado por la propia pócima. ¡Anda que no debe andar Franco riéndose allí donde esté! Porque mira que hay que ser melón para andar todavía persiguiendo ese fantasma. 

 Tremenda contradicción compañero, como dice la chusma castrista cada vez que se queda sin argumentos que es casi siempre. Que va a ser del día que ya amaga en que se haga público y notorio que el verdadero artífice de la transición a la modernidad de los españoles fue Franco. O es que ya hemos perdido la memoria de la velocidad a la que las cosas cambiaban para mejor para todos sin prácticamente excepción durante los años de su dictadura. Mírese como se quiera y dígase que de otra forma hubiese sido mejor, pero eso solo será superchería. La realidad es la que fue y, también, que a los adolescentes nos lo pusieron a güevo lo de matar al padre, cosa que la chusma con su característica miopía luego ha interpretado a beneficio de inventario: un culpable de la inepcia que la tiene postrada; así huelga todo esfuerzo para escapar del marasmo.

Total que, una de dos, o la gente inteligente se pone las pilas y arriesga o esta oleada de empequeñecimiento espiritual se nos lleva a todos por delante. Así que, ¡ala, a hacer chistes de todo! Aunque sean malos. 

martes, 18 de julio de 2017

Sexi qué?



Por lo visto el cocinero Ferrán Adriá tiene un restaurante sala de fiestas en Ibiza y para publicitar un espectáculo que van a dar en él unas señoritas se han inventado el cartel que les muestro en la foto de arriba. Pues bien, no vean la que se ha armado. Hasta el gobierno de la isla se ha molestado en descalificarlo de la manera más contundente que ha sabido. Despúes, en eso que llaman redes sociales, ni te digo lo que ha tenido que escuchar el Señor Adriá. Grosero, nauseabundo, todo lo que quieran, pero la puntilla se la ha dado la calificación de sexista. ¡Anda que no se debe estar riendo el señor Adriá! Por supuesto ya ha retirado el cartel a la vez que pedido excusas a quienes se pudieran haber sentido ofendidos -es la formula que se usa en los casos de indignación colectiva a la vez que hipócrita-. Pero sabe de sobra que, una vez reproducido en todos los periódicos del mundo no habrá varón mentalmente sano desde aquí hasta Pernanbuco que no esté deseando acudir a su local. 

En cualquier caso lo que me parece insoportable es que haya tanto inquisidor de la cosa del fornicio. Porque, ¿que es eso del sexismo? Le quitas a la vida la picaresca que emana del afán de poseer al otro, la otra o incluso a la cabra, y qué interés le queda a la vida. Y no es que piense yo que haya que andar por ahí asaltando a todo lo que te atrae, pero, leches, ese cartel, si algo es, es un monumento monumental, perdonen la aliteración, al género femenino. ¿O es que ha producido la naturaleza obra de arte que se pueda comparar a los culitos prietos? ¿Que sería de nosotros si al pasar a nuestro lado uno no nos volviésemos a contemplarlo con arrobo y frustración? Porque no se engañen, si hay algo que la imaginación puede hacer por nosotros eso es conservar pristino el deseo primigenio. Aunque todo lo demás esté ya de capa caída. 

En fin, yo solo digo una cosa, que al respecto no me rindo. Con el debido respeto, pero siempre haciendo manifiesta mi admiración por lo que me parece es de ley ser admirado. Y quién, o quiena, me venga con reconvenciones le mando a tomar por el saco y que de gracias si no le pego un bastonazo en la cabeza. Porque ya está bien de tanta tontería y de usar el bastón solo para no caerse.

lunes, 17 de julio de 2017

Creación

De todas la frases tontas que se dicen para consolarse, sin duda la más peligrosa es esa de que de ilusión también se vive. Seguramente todas las grandes hecatombes de la humanidad han comenzado por el cultivo de una ilusión. Un iluminado deposita la semilla y miles o millones de desgraciados corren a regarla esperanzados. La famosa esperanza que ya desde la caja de Pandora es lo último que se pierde, para perdición de la humanidad bien sure.

Otra frase engañosa donde las haya es esa de que los sueños de la razón crean monstruos. Y es engañosa porque los sueños de la razón es un clamoroso oximorón, es decir, un imposible. La razón es precisamente lo que destruye los sueños. Cuando se sueña, al no usar el filtro de la razón, convertimos los deseos en verdades. Wistful thinking, como dicen los ingleses, causa de la mayoría de las desgracias tanto personales como colectivas.

Lo curioso de todas estas cosas es que uno coge, agarra, y se va a la teogonía de Hesiodo o los versos del Eclesiastes y ya está todo meridianamente explicado allí y como quien oye llover. Pasan los milenios y el ser humano en general se niega a digerir las verdades que desvelaron nuestros primeros padres. Tiene que ser cosa de la biología que quizá toda ella esté regida por la ley del mínimo esfuerzo, la más perversa de todas las ilusiones. El ser humano nunca ceja de maquinar cómo aliviar la maldición de Sisifo que pesa sobre él. Y así, por tal de subir la piedra sin esfuerzo, sube piedra y media y ni se entera. Con lo fácil que sería dejar la piedra al pie de la montaña y sentarse en ella a contemplar los prodigios de la Creación.  

En fin, a pesar de todo hasta aquí hemos llegado. Y aunque a veces da la sensación, o incluso se tiene la certeza, de estar retrocediendo, tengan la seguridad de que no es más que una treta para tomar nuevo impulso. Porque esto no hay quien lo pare hasta la apoteosis final.  

domingo, 16 de julio de 2017

Sobrepeso

Lo normal es que en verano se me agrave la fobia social que a duras penas sobrellevo el resto del año. Porque con el calor es como si se multiplicase por cien el número de gente que me persigue. Por eso quizá es que mi vida haya sido una continua, e inútil, huida terapéutica. Lo que, en definitiva, puede que no sea otra cosa que la esencia de la condición humana: huir de sí mismo. Porque, juraría, prácticamente nadie se gusta a sí mismo y de ahí ese empeño en adornarse con extravagancias en un vano intento de autoengaño. 

Y ahí es donde reside todo el encanto y la tortura de esta vida, en la calidad de los adornos con los que cada cual trata de realzarse. Porque, por poner un ejemplo, no es lo mismo cómo se adorna Lang Lang que cómo lo hace Fernando Alonso. Y ahí está el quid, o el caldo de cultivo en el que nos cocemos los fóbicos, que los adornos de Lang Lang le gustan a cuatro gatos y los de Fernando Alonso hacen las delicias del 99,9999... de la humanidad. Lo que va de la música al ruido. Y eso nunca va a cambiar porque hay por medio las dos piedras preciosas más escasas del universo: sensibilidad y esfuerzo.

Comprendo que todo esto suena a queja que es tanto como confesar mi descenso a los infiernos, pero es que estoy hoy intentando recomponer los estragos causados por una noche singular. Salí como cada día con el sol ya puesto y no me había alejado cien metros de casa cuando empece a percibir el estruendo. A partir de ahí ya fue todo como lo del ratón y el gato, y yo era el ratón. Andaba recorriendo las calles de la ciudad una caravana como de cien coches o más que tenían la característica todos de llevar la puerta del maletero alzada y en el maletero un despliegue de altavoces que emitían lo que llaman música tecno, o sea, como obras en el piso de al lado o visita a los telares de Manresa. Ríanse ustedes de esa imbecilidad que los valencianos llaman mascletá. Y el problema añadido consistía en que no me dejaban cruzar las calles para volver a casa a encerrarme. El gentío estaba entusiasmado contemplando aquella horterada y en un momento que aproveché que se había puesto el semáforo verde para intentar cruzar, un niño con sobrepeso me recrimino severamente por no observar las normas de la tribu: tienen prioridad ellos, dijo como ofendido. De todas  formas detuve a la caravana y crucé. Y los guardias que me vieron no dijeron nada. 

Bueno, son las pequeñas molestias de la vida que en el momento de ser vividas te parecen como subir una montaña por obligación, pero que una vez pasadas quedan en nada. Y por contra todos esos chavales que no pudieron con los estudios tuvieron su noche. Se sintieron protagonistas de algo muy especial y eso les dará gasolina para seguir sin chistar con sus empleos miserables el resto del año. Hay que quererlos porque les necesitamos. La vida es así de compleja y no hay nada que nuestro refranero popular no controle con extrema concisión. En el caso en el que estamos que no hay mal que por bien no venga.   

sábado, 15 de julio de 2017

Mascotas


Ayer, por aquello del güevoneo propio de los días veraniegos, me puse a ver un rato SKY NEWS. No llevaba ni dos minutos mirando sin apenas ver cuando algo me llamó la atención y quedé colgado. En Blackhall, en el condado de Durham, una ciudad situada en el noreste de Inglaterra, un niño de seis años, Bradley Lowery, acaba de morir tras cuatro años de lucha contra un cáncer de los de pésimo pronóstico. El niño, por lo que fuese, fue adoptado hace tiempo como mascota por el equipo de fútbol de la ciudad y ahí esta el quid de toda esta historia de amor y masacre. Cada vez que había partido sacaban al niño del hospital con su aspecto lamentable para que hiciera el saque de honor, después de lo cual el niño, calvo como estaba y lleno de moratones, sonreía, ponía los dos pulgares hacia arriba y el populus se jartaba de inmortalizar el instante con sus smartfones. Al final sucedió lo que al parecer nadie se esperaba y por tal ha sido que el evento ha participado de todos los ingredientes de la tragedia. Los discursos sobre el gigantesco legado de heroicidad que ha dejado Bradley se han sucedido sin solución de continuidad. Las fábricas de klinex han tenido que hacer horas extraordinarias para atender a la demanda. Las empresas de la ciudad han dado el día libre a sus operarios para que pudiesen consumir todos los klinex que quisieran sin el menor atisbo de pudor. La tienda de camisetas del equipo local se ha forrado y también supongo que los pubs. Ha sido una de esas explosiones de sentimentalidad que se diría que toda la ciudad de Blackhall esta poblada por porteras y solo porteras. 

Uno, que no para de maravillarse viendo las cosas que es capaz de hacer la humanidad, de vez en cuando, cuando se topa con asuntos como el de Bradley, frena en seco y se pregunta si tanto logro no será más que una ilusión y la realidad no es otra que el que todavía continuamos subidos a las ramas. O peor, si no estaremos ya en el reino de Hades saboreando el regusto de la queja incesante. Porque es que esta chifladura que le entra a la gente con solo escuchar la palabra mascota no puede ser otra cosa que una regresión a los orígenes simiescos o un viaje al más allá tenebroso. 

En cualquier caso esta sentimentalidad rampante que todo lo invade me produce una desazón que a duras penas combato viendo los vídeos de la Khan Academy. Desde luego que nadie me podrá quitar de la cabeza que estos desajustes psicológicos colectivos, que tantos quebraderos de cabeza suelen acabar dando, todo hay que decirlo, tienen que tener mucho que ver con la herencia pestilente que nos dejó el Gran Corruptor. Al final parece que se está saliendo con la suya de que los niños no se hagan mayores nunca. Y, luego, como ya no hay guerras... pues la legión solo sirve para pasear la mascota.  

viernes, 14 de julio de 2017

La madre de todas las artes

Ver las cosas de otra forma es sin duda inquietante, porque te aísla, y sobre todo cansado porque te tienes que pasar el día dando explicaciones, te las pidan o no. Y es que esforzarse en explicar es intentar comprender el porqué de la diferencia. Una versión, en definitiva, del complejo de justificación, el más tonto, acaso, de todos los complejos, aunque no siempre. Y es que hay casos, excepcionales eso sí, en los que la justificación se convierte en arte y, por tal, en ganapán. El periodista Sostres, por poner un ejemplo, que vive de demostrar al mundo que solo es oro lo que reluce y que el que no presume es porque no tiene de qué. 

Hoy, sin ir más lejos, me ha convencido, o confirmado, que no sé, de que es mucho más educativo para una niña de cinco años salir a cenar con sus padres todas las noches de verano que no madrugar para ir a socializar a un campamento.  Bien es verdad que para que la pedagogía funcione el restaurante al que hay que llevarla tiene que ser de postín por lo de la exigencia de compostura, con lo cual mata dos pájaros de un tiro: ir tomando conciencia de la importancia de ser rico por un lado y, por otro, empezar a participar del gran escenario de la vida civilizada, algo cuya importancia sin duda se le escapa a la mayoría de los padres. 

La vida auténtica, si es que existe eso, no puede ser de otra manera que la que intenta explicarnos Sostres: una suerte de obra de arte que requiere ingenio, constancia y, sobre todo valentía porque el vulgo no te lo va a poner fácil. El artista, en principio, es el enemigo del pueblo y lo seguirá siendo en tanto el pueblo no entienda lo que le están contando. Porque hay que tener en cuenta que pueblo viene a ser sinónimo de rechazo del inconsciente, precisamente lo que el artista trata de desvelar. 

En fin, nadar a contracorriente como única forma de alcanzar las fuentes cristalinas. De lo contrario. si te dejas llevar, cada vez encontraras aguas con mayor índice de salinidad, lo cual, ya saben, donde intentan sostenerse a flote los muertos vivientes.   

miércoles, 12 de julio de 2017

Canciones estudiantiles

Esto del cambio climático, calentamiento global o como quieran llamarlo, es algo parecido a lo del origen del universo, el funcionamiento del cerebro y cosas por el estilo, sobre las que se pueden tener muy fundadas sospechas pero nunca certezas. Y ahí residen todos los problemas, porque de lo que aquí se trata es de pedirle a la gente que deje de darse gustos, o evitar sufrimientos, por algo que solo es una sospecha. Un imposible metafísico, por decirlo de algún modo.

En realidad todo esto es más viejo que la nana. Prometeo royéndose los hígados, Faetón estrellando el carro del sol... la mitología clásica dejo el tema niquelado para el que bien quiera entender. Pero, eso, ¿quién ha querido entender alguna vez cuando las ganas de joder aprietan? Ya lo dice bien claro la canción estudiantil, que en tales circunstancias ni el culo de los muertos se respeta. Y es que la biología es la que es y solo somos relativamente capaces de controlarla cuando estamos ahítos o, dicho de otro modo, cuando acabamos de hacerla. Es, para que mejor se entienda, como el dogradicto que solo se siente capaz de desengancharse de su adicción en los escasos minutos siguientes al haberse chutado una dosis. 

El mayor delito del hombre es el haber nacido, como bien dijo Segismundo. Una vez que ya estás aquí, automáticamente estás convertido en sujeto portador de angustia existencial. A partir de ahí me llamo Andana cada vez que alguien me pide que me restrinja. Es como el vecino que me decía el otro día que a él nadie le tiene que decir cual es el tamaño del coche que se tiene que comprar. Ya, totalmente de acuerdo, le contesté yo, pero conviene que el contenido se adapte al continente y, si su coche no puede pasar por aquí porque es muy grande pues entonces lo tiene chungo. Si, pero si usted quita las bicicletas yo puedo pasar. Ya, pero yo las tengo en el espacio que me corresponde por ley. Le podía haber añadido que el asunto estaba tomando les allures de una aporía, pero él es un hombre del campo que no sabe ni entiende de letras, así que aparté las bicicletas a la expectativa de que lo del contenido y el continente sea debidamente digerido, que tardará. 

El caso es que me he enterado de que los suecos que, por lo que sea, son de los pocos nacionales que suelen ver un poco más allá de sus narices, han decidido quitar todo tipo de subvención a las ONGs que trabajan para que los niños nazcan y no se mueran. Porque, hay que dejarse de mandangas y ceñirse a lo que dijo uno de mi pueblo: "hay que evitar en la virtud de la beneficencia el acaloramiento de la compasión, que no solo expone a hacer inútil y estéril el bien, sino a ocasionar males de consideración."

Así que ya saben, a los mendigos, ni agua. 

martes, 11 de julio de 2017

Marcial Lafuente

Hay por estos días que corren un escritor que se ha puesto de supermoda con una novela de título Patria que trata al parecer, sobre todo, de la cobardía de los vascos. Hoy, el mismo escritor publica un artículo sobre filosofía de la lectura en el que explica a la perfección el porqué de que yo no lea su exitosa novela. No me gusta perder el tiempo con gente que me da la razón en todo y no me aporta algo nuevo que necesite esfuerzo para ser digerido. El maestro Savater lo expresaba hace tiempo con la concisión y agudeza que le caracteriza: leo para que me desmientan. 

En realidad, a estas alturas ya casi no leo porque dado el descreimiento generalizado que me señorea es muy difícil que pueda encontrar algo que me desmienta. ¡Qué me van a contar a mí de lo cobardes que son los vascos si yo mismo soy vasco y cobarde por demás! Y no soy asesino como alguno de ellos porque las circunstancias de la vida no me han puesto como a ellos en la tesitura de tener que serlo para sobrevivir. Por eso es que más que nada me inspiran compasión, como lo hace el que no utiliza las papeleras o el que echa pedorretas con su moto o cualquiera de las otras mil actitudes reprobables con la que el ejercito de desgraciados que somos la humanidad tratamos de aliviarnos inútilmente. 

Pero en fin, a lo que íbamos, a la filosofía de la lectura, al qué se lee, si es que se lee, y para qué se lee. Recuerdo que cuando de niño iba en el tren de Liérganes a Santander veía que prácticamente todos los obreros que acudían a las fábricas de Camargo iban absortos en la lectura de novelas de Marcial Lafuente. Solían mover los labios al hacerlo lo cual suscitaba comentarios chistosovejatorios entre los señoritos que me acompañaban. Aquella buena gente se evadía con la lectura de la pesadez del tiempo muerto del traslado. Igual, exactamente, como yo hice tantas veces cuando precisaba del metro para acudir a mis obligaciones laborales. Nunca, quizá, me concentré tanto en la lectura como en esas circunstancias. Porque el libro era como la muralla que te separaba de aquella promiscuidad insoportable. 

Lo de la evasión sin duda es una buena justificación para la lectura. Lo que pasa es que, si eres un ser que evoluciona, es decir, mentalmente sano, lo que te servía ayer para evadirte hoy te resulta ya cargante. Por eso es que cada vez se requiere mayor dosis de complicación para satisfacer la demanda de abstracción. Y así, pasito a pasito, llegas a donde solo partiéndote la cabeza del esfuerzo puedes disfrutar. Es un decir, claro, porque todavía hay ocasiones en las que un relato banal me resulta no sólo entretenido sino también sorprendentemente esclarecedor.   

lunes, 10 de julio de 2017

En el divan

A finales del año pasado concluyó el contrato que el ayuntamiento de Husillos tenía con una familia para llevar el bar que han instalado en las antiguas escuelas. Así que lo cerraron y se pusieron a hacer obras de mejora, cosa que como se pueden imaginar es más que nada para echarse a temblar. Desde luego que era un lugar encantador con una mesonera sonriente y de canalillo expuesto que fabricaba unas tortillas de patata realmente notables. Ni que decir tiene que allí siempre había parroquia dispuesta al intercambio de chascarrillos. Pues bien, lo reabrieron hace un mes o así y desde entonces el par de veces que he ido lo he encontrado vacío, decorado, eso sí, muy en plan de moderno de pueblo, con la música innecesariamente alta y, por supuesto, sin tortilla que llevarse al coleto. Claro, lo gestionan ahora dos chicas con pinta de progres revenidas y me imagino que con ideología de "me vuelvo al pueblo". Un despropósito todo ello a primera vista, pero como hay que apechugar con lo que hay pedí un café y me puse a hablar con la que me lo sirvió. Haciendo de tripas corazón le alabé el gusto que habían tenido con la decoración y les deseé éxito. La chica, agradecida, cogió carrerilla y no habían pasado cincuenta palabras cuando ya estaba con el rollo de la épica feminista. ¡Joder, qué cruz nos ha caído! Total, que después de dejarla un prudente espacio para el desahogo la corte en seco recordándola que si no hubiese sido porque un tipo que investigaba en Basilea a mediados del siglo pasado descubrió la fórmula de la anticoncepción las mujeres estarían ahora igual que hace cien o cinco mil años. Pagué y me largué y no he vuelto por allí porque prefiero llegarme hasta lo de Josefina en Monzón que es una señora como las de toda la vida, bien es verdad que sin canalillo, pero con una amabilidad a prueba de bomba. 

Desde luego que lo de la pilule fue un hallazgo de consecuencias como posiblemente nunca había habido otro anteriormente. De un tacazo se suprimieron los miedos ancestrales de la mujer a su más destacada característica biológica: el embarazo. Así que, ya liberada, aunque solo fuese en parte, empezó a mostrar la cara oculta de su personalidad que no era otra que la de "yo también puedo y quiero". Y empezaron los líos porque, desgraciadamente, el tipo de Basilea, o de donde fuese, no se acordó de fabricar la pilule conveniente para contrarrestar los efectos devastadores que en el sector más pleistocénico del sexo masculino tuvo la perdida del miedo de las mujeres a sacar rendimiento de su prenda dorada sin cortapisas por medio. En fin, huelga extenderse en el tema porque a la vista está a dónde hemos venido a parar.

Pero es que por si con todo eso no hubiésemos tenido bastante, resulta que de veinte años o así para acá vamos los humanos dejando un rastro que es lo más parecido a estar todo el día tumbados en el diván del psicoanalista. En la soledad de su gabinete, el hombre, y la mujer por supuesto, rastrean el mundo de sus pasiones, las bajas y las altas, ajenos a la realidad de que están siendo observados con lupa. Y así es como luego, cuando el "gran hermano" cuenta todo lo que ha visto, el hombre taimado que se escondía en el anonimato para no avergonzarse cae en la cuenta de que lo suyo es normal y entonces va y se lía con una gorda porque sabe que la realidad del mundo es que para sus fantasías sexuales los hombres las prefieren bien rellenitas. Que ya lo decía el refranero que se adelanta a toda investigación cognitiva, que una cosa es que sea presentable y otra que sea follable. 

En resumidas cuentas, que es como si estuviésemos ya en esa fase del desarrollo humano en la que es difícil escaquearse de uno mismo. Por así decirlo es como si el inconsciente freudiano fuese mercancía de bazar chino. En fin, vamos a ver qué sale de todo esto.    

domingo, 9 de julio de 2017

Hostias con gluten

En su agónico empeño por tenernos informados de todo lo que cuenta, insiste hoy la prensa en que la Iglesia, así, con mayúscula, se niega a repartir hostias libres de gluten. Sin duda es una decisión tan trascendente, o poco menos, que la de estar cuatrocientos años negando que es la tierra la que gira alrededor del sol y ya ven que no pasó nada por ello. Porque lo negasen, no porque gire. Porque es que la Iglesia, con mayúscula, no viene pintando cosa de sustancia desde que con la formación de los nuevos Estados, allá por el Renacimiento, le quitaron de las manos el poder absoluto terrenal que había venido ostentando en occidente desde que se hundió el Imperio Romano. Bueno, luego se quedó un rato ejerciendo de policía política, pero eso, en contra de lo que algunos creen por la cosa de la leyenda negra, no fue ni tan malo porque le dio unas ciertas garantías jurídicas a las persecuciones de los disidentes, cosa que ni de lejos existía donde no operaba la Inquisición. 

En cualquier caso, tengo aquí al lado una gran iglesia cuya explanada y escalinata es lo primero que veo cuando me asomo al balcón. Pues bien, mis observaciones puntuales no han hecho otra cosa que confirmarme en lo que sabía: la iglesia es cosa de viejecitas y pare usted de contar. Bueno, en ocasiones las viejecitas, como mi vecina de rellano, van acompañadas de su marido alzhéimico. Por así decirlo, los últimos de Filipinas. Luego, claro, su negocio de ritos de paso que también va perdiendo peso a favor de opciones más cool

Entonces, estando en esas, van unos frikis y piden el embargo de la catedral de Barcelona para dedicarla a fiestas rave. O unos mariquitas se pasean por todo Madrid con un taparrabos por toda indumentaria en el que en la parte más sobresaliente han colocado un crucifijo. Bueno, por los años setenta vi una obra de teatro en Londres, creo que era de Arrabal, en la que un cristo crucificado echaba chispas por el nabo. Irreverencias, todo, para indignar a las viejecitas, arrancar una sonrisa a los circunspectos y hacer las delicias de los ácratas circunstanciales. 

No sé, porque no entiendo un carajo del asunto, pero me llama la atención que se siga dando trato de jefes de estado a personajes como el papa o el dalai lama. Se diría que con ello lo que se está tratando es de incitar a la gente a que crea en agüeros y hechicerías. Pero, por otro lado, lo que pienso que está pasando aquí es que se está sobrevalorando la importancia de las viejecitas. Aunque pudiera ser, también, que las viejecitas que más insisten en consumir cirios sean a la vez las que más saneadas tienen las cuentas corrientes. Y eso explicaría muchas cosas. Pero, en fin, seguro que en cualquier caso a las viejecitas les va un montón que cuanto más gluten tengan las hostias mejor. Por joder, claro.  

sábado, 8 de julio de 2017

Datiste cuestion

Lejano en la memoria, perdido en el recuerdo, como en la canción del Gato Pérez, tengo el sintagma datiste cuestion que soltaba a la menor oportunidad un personaje de novela que se las daba de culto. Ser o no ser, tener o no tener, ir o no ir, comer o no comer, etc, datiste cuestion. Ahora bien, lo que nunca de Sócrates para acá he visto es que alguien se cuestionase si sabe o no sabe de aquello de lo que se atreve a opinar incluso, a veces, con raro desparpajo. Pues sí, esta sí que me parece una cuestión que hubiese merecido ser inmortalizada por el mismísimo Shakespeare en alguno de sus dramas. Porque, qué diferente, para mejor seguramente, sería todo si viviésemos con la continua conciencia del poco conocimiento que abarcamos se trate de lo que se trate.

El otro día quedé muy impresionado por una titular en el que Miguelito Bosé afirmaba que nunca perdonaría a este gobierno lo que ha hecho. Así que no me quedó más remedio para calmar mi ansiedad que tragarme toda la entrevista, auténtico monumento a la estulticia a mi modesto juicio. Se puso el señorito a teorizar sobre estructura económica del Estado con semejante desparpajo que, a buen seguro, José, el tonto de La Vega, por comparación hubiese parecido catedrático opinando de lo mismo. En realidad Miguelito no hacía más que echar leña al fuego que calienta a su tribu de creyentes. Para ellos el PP es Franco, es, en definitiva, el mal absoluto que canaliza sus rencores de fracasados. No se precisa más razón: odiándolo soy decente y no hay más que hablar. 

Por contra les señalaría el artículo de Richard Dawkins opinando sobre el asunto del brexit. Pues bien, la que está considerada como una de las mejores cabezas de la actualidad, se irrita ante la idea de tener que decidir su voto sobre algo de lo que, confiesa, no tiene ni pajolera idea. A el que le dejen opinar de aquello para lo que ha estado preparándose toda la vida. Y sobre el brexit, un asunto complejo donde les haya, que decidan los que cobran porque han estudiado para saber de esas cosas. Y esa es toda la cuestión, sabes o no sabes. Y si sabes que no sabes, callas y delegas. 

En fin, lo que todavía no entiendo es como se puede ser político sin apenas tener estudios. Sospecho que tiene que ser porque fuera de lo puramente simbólico no pintan nada de nada. Y para lo real ya están los funcionarios que, esos, sobre todo los de los altos cuerpos de la administración del Estado, se lo tiene que currar a base de bien. 

En cualquier caso, estén tranquilos, porque mi experiencia trescuartoscentenaria me dice que, si siempre estarán en el escenario los Miguelitos, los que moverán los hilos de la trama serán los Richard Dawkins. Aunque a veces, bien es verdad, todo se trastoca y pasa lo que pasa que no hay forma de olvidar la lección que se recibe.  

viernes, 7 de julio de 2017

Fiesta

Anunciaban tormentas, pero no hubo nada. Un día suavemente bochornoso muy apropiado para una larga sobremesa en el jardín. Habíamos quedado en Aguilar y sonaban en la colegiata de San Miguel las campanadas de la hora convenida cuando nos encontramos en el centro de la Plaza de España. Una vieja amistad, quizá el mayor soporte de esta vida que va quedando. Hacía algunos meses que no les veía, pero el tiempo ya no cuenta: siempre están ahí. Unas referencias y un lenguaje común labrados paso a paso por las largas itinerancias, no siempre fáciles, codo con codo. 

Anduvimos toda la mañana güevoneando por allí, consumiendo hostelería y parques. Incluso llegamos hasta lo alto de la presa para tener una visión del conjunto. Hacia las tres recalamos en la hostería del monasterio de Santa María la Real. Confortabilidad, buena comida y mejor atención. Y, ¡oye!, todo por quince euros. Pero, ¡por dios!, así cómo no va a querer venir todo el mundo a España. El café salimos a tomarlo al jardín, a la sombra de los perales y manzanos que un día ya muy lejano plantaron allí sus antiguos moradores los monjes premonstratenses. Es un decir. 

Supongo que debimos hablar de todo lo habido y por haber porque ya eran muy pasadas las siete cuando nos levantamos para organizar la retirada. Como buen anfitrión, estábamos en mi provincia, les acompañé hasta su coche, justo al lado del colegio de San Gregorio. Allí les dejé; parecían relajados. No sé para ellos, pero para mí fue la fiesta perfecta. Cuando volvía por la autopista bajo los aguaceros intermitentes que descargaba un cielo plomizo pensaba que, al fin y al cabo, aunque solo fuese por días como este merece la pena y mucho seguir soportando todas estas artrosis y demás que malamenizan los despertares de cada día.  

miércoles, 5 de julio de 2017

En la higuera

Les comentaba ayer sobre el arte de manipular conciencias sin duda el más querido y perfeccionado por el demonio. Sirve sobre todo para sacar ventaja el que lo domina de todos los que, por emplear una expresión que le gustaba mucho a mi padre, están en la higuera. O sea, el grueso de la humanidad, no se engañen al respecto. 

Si quieren tener una idea exacta de a qué me estoy refiriendo no vayan al periódico a leer la última noticia conmovedora sobre dos perritos perdidos que volvieron a casa al olor de las salchichas que estaban asando sus dueños o, sin ir más lejos, la última corrupción en ciernes del político de éxito. No, en ese mundo mediático todo es burdo y solo cuela lo dirigido a cada cual según su particular religión. Se aprende poco ahí en definitiva. Mejor y más divertido, los clásicos como siempre. La Celestina, por ejemplo. Cojan, agarren ese texto, vayan al auto cuarto y avancen hasta que Celestina se queda a solas con Melibea; entonces paren para tomar aliento. Después sigan despacio y con toda la atención de la que sean capaces.

Melibea es una chica educada y con principios, pero eso de nada sirve ante el demonio hecho carne. No hay principio poderoso al que el demonio no le pueda dar la vuelta con brillantes metáforas. Así que, ¡ojo con las metáforas! Porque están muy bien para la poesía, pero no para las cosas de comer. Y no es cuestión de desconfiar, que eso solo sirve hasta que te pega el bajón y te quedas a la intemperie. Es cuestión de que te hayan enseñado no sólo los principios en los que debes sustentarte sino, sobre todo, como fundamentar esos principios para que un calentón sobrevenido no te los tire por tierra. Como a la pobre Melibea, que con la sola mención de Calixto ya se hace aguas por abajo. 

Y de ahí la importancia de que no te eduquen los curas de cualquier laya, por lo de los principios fundamentados. Para eso se necesitan profesores laicos que no crean en nada que no sea el ejercicio de la razón. Las cosas tienen que ser por algo y no porque lo diga dios, alá, o cualquiera de los mil gurús que andan por ahí impartiendo doctrina. En fin, como si todo fuesen problemas de matemáticas que solo se resuelven sabiendo operar desde la suma al cálculo infinitesimal y más allá. Y, entonces, te bajas de la higuera.

martes, 4 de julio de 2017

Guerra de manipulaciones

Si alguna vez el Pisuerga ha pasado por Valladolid con la menor excusa esa es la que estamos presenciando en la CNN a propósito de Trump. Le tienen declarada una guerra sin cuartel, es decir, sin repliegues tácticos para tomar impulso. No cejan un instante, con todos los efectivos, incluidos los reservistas, en el campo de batalla día y noche. Se diría que está planteado como una cuestión de vida o muerte: o tú o yo. 

No tengo ni idea qué significado pueda tener todo esto, pero por distraerme tiendo a pensar que es de las cosas más interesantes que han pasado en los últimos años. Porque guerra entre el primer y cuarto poder, por así decirlo, siempre la hubo, pero más bien subterránea, poniendo sobre todo el primer poder todo tipo de sordinas a sus disparos. Ahora es otra cosa, el poder ejecutivo parece tener interés en que todo el mundo se entere de que quiere si no destruir si humillar al periodismo, como si fuese el picador con el toro, para dejarle fino y poder torearle con el menor riesgo posible de cornadas. Y, lo mejor, mientras clava la pica numerosos aficionados a la fiesta aplauden con delirio.

No sé, pero quizá se esté pareciendo a lo que pasó en los prolegómenos de los momentos más oscuros de la historia. El intento del poder de acallar la crítica para poder después hacer de su capa un sayo. Siendo así, sería facil de entender y también de tomar partido. Pero la experiencia nos dicta que ni las cosas son simples, ni las historias reales son de buenos y malos. Cuando llegan las crisis solemos tener detrás un largo recorrido de depravaciones por parte de todos los actores principales del espectáculo. Y el periodismo, desde luego no es ajeno a todas las marrullerías que aquí nos han conducido.  

Ya se sabe que, para la chusma, políticos y periodistas son la chusma al cuadrado. Y el río desde luego suena porque agua lleva. El periodismo trae en su genética una veta doctrinaria que trata de camuflar so capa de sensatez, pero que si te fijas con atención, le ves asomar por debajo la patita cabría. Yo ya lo había notado, pero leyendo a Arcadi fue como me confirmé en lo que suponía. La opinión de los periódicos y telediariaos no te la dan sus brillantes articulistas, que eso sólo es para despistar. La verdadera opinión nos viene dada por el orden y la insistencia de la noticias. Así, tras la insistencia de primera página en la violencia machista no es extraño que mi madre centenaria dijese un día que estaban matando a todas las mujeres. Como cuando insisten en que Miguelito Bosé ha dicho que nunca perdonará a este gobierno lo que ha hecho. ¿Por qué viene en lugar destacado diez día seguidos semejante sandez?

Y en eso están los debates de CNN por un lado y Fox por el otro. CNN piensa que es más rentable para sus intereses atacar el lado humano de Trump, su impresentabilidad por así decirlo. Fox, por su parte, ataca a la CNN porque habla sin parar de Trump y no se interesa por los verdaderos problemas del país, la sanidad, los inmigrantes y todo eso. Y así, cada loco con su tema y la casa sin barrer, pero no se descorazonen que de todo esto acabará saliendo un mayor conocimiento generalizado de los intríngulis de la manipulación. Y seremos más libres.

lunes, 3 de julio de 2017

Fiebre tribal

Huir de las multitudes se supone que es un signo de distinción. Desde luego que huye el acaudalado, pero también el cultivado y, simplemente, el que madura. No tengo ni idea de a qué será debido, pero quizá, pienso, tenga que ver con la conciencia de despersonalización. En medio de la nada, libre de miedos atávicos, es fácil sentirse alguien en comunión con el todo. Lo más parecido a la felicidad. 

Pero ahí precisamente está el nudo gordiano, en los miedos atávicos, remanente de cuando estábamos todavía colgados de las ramas en pandilla. Ayer veía el magnífico reportaje de Zeinab Badawi sobre los orígenes del ser humano en África. Por lo visto todo empezó en un gigantesco crater que hay en Tanzania. Todavía hay allí una tribu completamente cortada de la civilización que parece vivir feliz. Se suben a los árboles exactamente igual que lo hacen los monos para coger los frutos que abundan en el entorno. Los hombres fabrican arcos para cazar y las mujeres agujas para coser. Están todo el día entretenidos con sus artesanías y, si no, matan el tiempo fumando no sé qué que les da unas toses tremebundas. Siempre acompañados, pero los hombres con los hombres y las mujeres con las mujeres y los niños. Preciosos por cierto. Claro, te das cuenta que viviendo en plan tribu lo de la pareja no tiene sentido. Cuando una mujer se le pone a tiro a un hombre, lo hacen y que sea lo que dios quiera. Me imagino que el más hábil con el arco y trepando a los árboles será el que más tajo reproductor tendrá, porque las mujeres, otra cosa no, pero siempre están pensando en maquilarse al hombre que mejores genes les puede transmitir. Dawinismo en estado puro.

El problema por tanto es el salto, no sé si biológico o cultural, de la tribu al individuo. Cuándo se da, por qué se da y, sobre todo, quién lo da. Porque aquí es donde nos encontramos con la superación de esos miedos atávicos al vacío o la soledad. Y no sé, francamente, si viendo todas esas celebraciones espantosas que cada vez se suceden con mayor frecuencia, in a row, es decir, sin dejar días libres por medio, no sé, digo, si todo eso no será un empeño en persistir en el espíritu tribal como si esa fuese la única esperanza de pillar algo. 

Así veo yo el mundo: mucha gente maravillándose de cómo vive esa tribu del cráter en Tanzania sin caer en la cuenta de que la mayoría vive exactamente igual. Es la incapacidad de verse en los espejos propia de los vampiros. En fin, a ver si pasa el verano y cede un poco la fiebre tribal. Porque remedio en la botica ya les aseguro yo que no hay. 

domingo, 2 de julio de 2017

Avenazo

"Nada más lógico que aprovechando los festejos del aniversario de las primeras elecciones hayáis vuelto una vez más a vuestra vieja canción impugnadora. La chusma española, de la que formas parte aunque la militancia te exija una cierta discreción sobre tu cuenta corriente, no puede reaccionar de otro modo ante el mayor éxito de la Historia moderna. Entre Carlos III y tú no hay nada comparable y de ahí que proyectéis sobre la Transición vuestro cargado aliento. El fracaso español existe y sois vosotros, y la Transición se hizo, imperialmente, contra vosotros-"

Así comienza hoy el artículo dominical de Arcadi Espada en El Mundo. Pues sí, para eso están los intelectuales para llamar a las cosas por su nombre y no andar con las tergiversaciones propias de los políticos. Porque cada uno tiene su papel y todo se emponzoña cuando empiezan a intercambiárselos. A la chusma hay que llamarla chusma con todo  el desprecio que merecen los hijos de papá mal criados y por tal instalados permanentemente en la frustración y el delirio rencoroso. No tienen otra obsesión en su cabeza que amargar la vida de los otros para conseguir consolarse con la nivelación. Y esto, no nos hagamos ilusiones porque siempre ha sido y seguirá siendo igual. Son los caprichos de la naturaleza que se empeña en hacer crecer el avenazo y el vallico y las amapolas en medio del campo rebosante de grano. Y así es que ponte a pensar en verde y no le eches herbicidas y verás qué acabas comiendo. Lo siento, hijos míos, pero la civilización también tiene su lateral asesino. Y a la chusma, como a las malas hierbas, o la asesinas o te come. Y por eso conviene llamarla por su nombre para que nadie se llame a engaños y viva permanentemente avisado y con el herbicida a mano. 

En fin y en cualquier caso no se me amohinen porque por mucho que sea el ruido que meten les tenemos controlados y todo parece indicar que cada vez los tendremos más a pesar de que debemos contar con brotes pasajeros inesperados. Los años de sequía, como los excepcionalmente húmedos, siempre traen plagas, pero sabemos como hacerlas frente. Y a la postre se suceden las cosechas ubérrimas. Que no por otra cosa es que vivamos como vivimos la inmensa mayoría.