domingo, 9 de julio de 2017

Hostias con gluten

En su agónico empeño por tenernos informados de todo lo que cuenta, insiste hoy la prensa en que la Iglesia, así, con mayúscula, se niega a repartir hostias libres de gluten. Sin duda es una decisión tan trascendente, o poco menos, que la de estar cuatrocientos años negando que es la tierra la que gira alrededor del sol y ya ven que no pasó nada por ello. Porque lo negasen, no porque gire. Porque es que la Iglesia, con mayúscula, no viene pintando cosa de sustancia desde que con la formación de los nuevos Estados, allá por el Renacimiento, le quitaron de las manos el poder absoluto terrenal que había venido ostentando en occidente desde que se hundió el Imperio Romano. Bueno, luego se quedó un rato ejerciendo de policía política, pero eso, en contra de lo que algunos creen por la cosa de la leyenda negra, no fue ni tan malo porque le dio unas ciertas garantías jurídicas a las persecuciones de los disidentes, cosa que ni de lejos existía donde no operaba la Inquisición. 

En cualquier caso, tengo aquí al lado una gran iglesia cuya explanada y escalinata es lo primero que veo cuando me asomo al balcón. Pues bien, mis observaciones puntuales no han hecho otra cosa que confirmarme en lo que sabía: la iglesia es cosa de viejecitas y pare usted de contar. Bueno, en ocasiones las viejecitas, como mi vecina de rellano, van acompañadas de su marido alzhéimico. Por así decirlo, los últimos de Filipinas. Luego, claro, su negocio de ritos de paso que también va perdiendo peso a favor de opciones más cool

Entonces, estando en esas, van unos frikis y piden el embargo de la catedral de Barcelona para dedicarla a fiestas rave. O unos mariquitas se pasean por todo Madrid con un taparrabos por toda indumentaria en el que en la parte más sobresaliente han colocado un crucifijo. Bueno, por los años setenta vi una obra de teatro en Londres, creo que era de Arrabal, en la que un cristo crucificado echaba chispas por el nabo. Irreverencias, todo, para indignar a las viejecitas, arrancar una sonrisa a los circunspectos y hacer las delicias de los ácratas circunstanciales. 

No sé, porque no entiendo un carajo del asunto, pero me llama la atención que se siga dando trato de jefes de estado a personajes como el papa o el dalai lama. Se diría que con ello lo que se está tratando es de incitar a la gente a que crea en agüeros y hechicerías. Pero, por otro lado, lo que pienso que está pasando aquí es que se está sobrevalorando la importancia de las viejecitas. Aunque pudiera ser, también, que las viejecitas que más insisten en consumir cirios sean a la vez las que más saneadas tienen las cuentas corrientes. Y eso explicaría muchas cosas. Pero, en fin, seguro que en cualquier caso a las viejecitas les va un montón que cuanto más gluten tengan las hostias mejor. Por joder, claro.  

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