A uno le gustaría que ciertas cosas fuesen de otro modo. Y podría dar una larga lista de esas cosas. Pero luego pienso que no hay mal que por bien no venga y me quedo con la idea de que tengo una suerte inmensa por vivir en este rincón del mundo. Esta mañana he salido temprano a dar una vuelta en bicicleta. El aire era fresco y de una transparencia aclaparadora que diría Pla. Una ligera brisa contribuía a hacer más agradable si cabe el pedaleo. Por Villalobón y Fuentes de Valdepero no he tardado en llegar a lo de Josefina en Monzón. He pedido un café con leche, he cogido un par de palmeritas de la bandeja común, el periódico local y me he instalado en una mesa al fondo dispuesto a reponer fuerzas e ilustrarme. Ya saben, noticias del campo y de las fiestas de los pueblos. El campo que ha producido este año un tercio de lo que es habitual sin que por ello las fiestas hayan perdido un ápice de su esplendor. Ayer celebraron en Torquemada la fiesta de los abuelos. Una buena idea porque padres en el pueblo deben de quedar pocos y nietos ni te digo. Pero bueno, entrevistaban a una nieta que había venido de la ciudad y estaba encantada de pasar el día con sus abuelos. ¡Oye, de todo tiene que haber!
Después me he puesto a escuchar lo que conversaban unas lugareñas a propósito del accidente que ha tenido Ángel Nieto cuando conducía un quad. Estaban muy afectadas. Desde luego que no les parecía una mala idea eso de los cuads. Simplemente lamentaban la mala suerte. Bueno, los domingos hay uno de esos artefactos que se pasea por el barrio y yo como que me tengo que cagar en todos los muertos del que lo conduce para no tirarme de los pelos. Aunque ahora que me han cambiado la ventana supongo que podré dejar de cagarme. Porque eso de los quads está en la lista de las cosas que yo cambiaría para que el mundo fuese mejor. Pero luego, cuando lo pienso un poco caigo en la cuenta de que, en cierta forma, son una bendición, porque aunque son molestos no son tan perniciosos como podría ser cualquier otro método de liberación de energías negativas, porque ese es el quid de todo el coñazo de este mundo que de alguna forma se tienen que compensar los desgraciados que viven corroídos por todo tipo de complejos humillatorios por así decirlo.
Luego de Monzón a la Venta entre campos de girasoles rutilantes. De la Venta a casa por la general de Guardo. Apenas había tráfico. Cuando he llegado el cuenta quilómetros marcaba 39,400. No está mal para mantener la forma. En fin.
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