De todas la frases tontas que se dicen para consolarse, sin duda la más peligrosa es esa de que de ilusión también se vive. Seguramente todas las grandes hecatombes de la humanidad han comenzado por el cultivo de una ilusión. Un iluminado deposita la semilla y miles o millones de desgraciados corren a regarla esperanzados. La famosa esperanza que ya desde la caja de Pandora es lo último que se pierde, para perdición de la humanidad bien sure.
Otra frase engañosa donde las haya es esa de que los sueños de la razón crean monstruos. Y es engañosa porque los sueños de la razón es un clamoroso oximorón, es decir, un imposible. La razón es precisamente lo que destruye los sueños. Cuando se sueña, al no usar el filtro de la razón, convertimos los deseos en verdades. Wistful thinking, como dicen los ingleses, causa de la mayoría de las desgracias tanto personales como colectivas.
Lo curioso de todas estas cosas es que uno coge, agarra, y se va a la teogonía de Hesiodo o los versos del Eclesiastes y ya está todo meridianamente explicado allí y como quien oye llover. Pasan los milenios y el ser humano en general se niega a digerir las verdades que desvelaron nuestros primeros padres. Tiene que ser cosa de la biología que quizá toda ella esté regida por la ley del mínimo esfuerzo, la más perversa de todas las ilusiones. El ser humano nunca ceja de maquinar cómo aliviar la maldición de Sisifo que pesa sobre él. Y así, por tal de subir la piedra sin esfuerzo, sube piedra y media y ni se entera. Con lo fácil que sería dejar la piedra al pie de la montaña y sentarse en ella a contemplar los prodigios de la Creación.
En fin, a pesar de todo hasta aquí hemos llegado. Y aunque a veces da la sensación, o incluso se tiene la certeza, de estar retrocediendo, tengan la seguridad de que no es más que una treta para tomar nuevo impulso. Porque esto no hay quien lo pare hasta la apoteosis final.
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