lunes, 3 de julio de 2017

Fiebre tribal

Huir de las multitudes se supone que es un signo de distinción. Desde luego que huye el acaudalado, pero también el cultivado y, simplemente, el que madura. No tengo ni idea de a qué será debido, pero quizá, pienso, tenga que ver con la conciencia de despersonalización. En medio de la nada, libre de miedos atávicos, es fácil sentirse alguien en comunión con el todo. Lo más parecido a la felicidad. 

Pero ahí precisamente está el nudo gordiano, en los miedos atávicos, remanente de cuando estábamos todavía colgados de las ramas en pandilla. Ayer veía el magnífico reportaje de Zeinab Badawi sobre los orígenes del ser humano en África. Por lo visto todo empezó en un gigantesco crater que hay en Tanzania. Todavía hay allí una tribu completamente cortada de la civilización que parece vivir feliz. Se suben a los árboles exactamente igual que lo hacen los monos para coger los frutos que abundan en el entorno. Los hombres fabrican arcos para cazar y las mujeres agujas para coser. Están todo el día entretenidos con sus artesanías y, si no, matan el tiempo fumando no sé qué que les da unas toses tremebundas. Siempre acompañados, pero los hombres con los hombres y las mujeres con las mujeres y los niños. Preciosos por cierto. Claro, te das cuenta que viviendo en plan tribu lo de la pareja no tiene sentido. Cuando una mujer se le pone a tiro a un hombre, lo hacen y que sea lo que dios quiera. Me imagino que el más hábil con el arco y trepando a los árboles será el que más tajo reproductor tendrá, porque las mujeres, otra cosa no, pero siempre están pensando en maquilarse al hombre que mejores genes les puede transmitir. Dawinismo en estado puro.

El problema por tanto es el salto, no sé si biológico o cultural, de la tribu al individuo. Cuándo se da, por qué se da y, sobre todo, quién lo da. Porque aquí es donde nos encontramos con la superación de esos miedos atávicos al vacío o la soledad. Y no sé, francamente, si viendo todas esas celebraciones espantosas que cada vez se suceden con mayor frecuencia, in a row, es decir, sin dejar días libres por medio, no sé, digo, si todo eso no será un empeño en persistir en el espíritu tribal como si esa fuese la única esperanza de pillar algo. 

Así veo yo el mundo: mucha gente maravillándose de cómo vive esa tribu del cráter en Tanzania sin caer en la cuenta de que la mayoría vive exactamente igual. Es la incapacidad de verse en los espejos propia de los vampiros. En fin, a ver si pasa el verano y cede un poco la fiebre tribal. Porque remedio en la botica ya les aseguro yo que no hay. 

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