Con esto del exbanquero acorralado que según la mayoría de los indicios se ha suicidado, por analogía he vuelto la mirada, o la memoria, hacia Séneca que también se suicidó aunque en su caso la operación resulto ser no fulminante sino tortuosa y supongo que también torturante. No le funcionó ni cortarse las venas -lo haría mal- ni la cicuta y hubo de recurrir a la asfixia por vapor de agua, que no sé en que consistiría tal procedimiento porque, aun siendo asmático, como dicen que era, no veo yo por qué tiene que perjudicar el vapor. En fin, lo de menos, que lo que importa es resaltar, siguiendo sus enseñanzas, si el suicidio de uno y otro fue salida o huida, de la vida que, aunque el resultado venga a ser el mismo, la estela que deja una u otra opción muestran considerables diferencias sobre todo en lo que hace a libertad de elección, es decir, dignidad, por aquello de que te estén empujando o no.
Así es que ayer, dando vueltas a estos asuntos me fui al armario donde escondo el puñado de libros que conservo y saqué las Cartas morales a Lucilio. Hacía bastantes años que no le ponía la vista encima aunque no por ello haya dejado de tenerle siempre presente como referencia esencial de mi andadura indagadora, por decirlo de la forma más cursi que se me ocurre. Total que por la tarde y buena parte de esta mañana me he dedicado a recorrer sus páginas y me he dado cuenta de lo mucho que hay en estos blogs que vengo escribiendo hace ya diez años de esas Cartas, lo mismo que en su día lo hubo en unas Cartas a Cándido que osé escribir cuando andaba por tierras de Salamanca. Pero sobre todo me he apercibido de lo absolutamente necesario que es para no ser un pavo el estar en permanente contacto con los maestros. No ha habido página que haya leído ayer u hoy en la que no haya encontrado media docena de ocasiones de verme feo en su espejo. Cuánto me tengo que corregir para adelantar en mis ansias de, como digo, no seguir paveando como un adolescente. Apresurate Lucilio y no dejes para viejo el empezar a aprender, dice el maestro. Aprender sobre todo a corregir el impulso de los instintos devastadores por medio del cultivo de la razón que es lo genuínamente humano y lo que nos pone a más distancia de los animales que de los dioses.
Sí desde luego, el suicidio, la vía de salida más digna para una vida que ya no lo es aunque lo parezca. No hay que perderlo nunca de vista para estar apercibido cuando se den las circunstancias. Porque el dolor en contra de lo que ayer leía en el editorial de un periódico si no sirve para sacarte del hoyo más vale que te lo ahorres. Decía el tal: "Entre las grandes lecciones de la vida, se encuentra el sobrellevar el dolor. No deja de ser una falta de coraje el no enfrentarse al sufrimiento y buscar escape por una vía de tan difícil explicación como suele ser el suicidio." ¿Coraje para qué, para recocerte a fuego lento antes de que te coman? No, mira: cogitat semper, qualis vita, non quanta sit. Y si no sabes latín pídele a Jacobo que te lo traduzca.
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