sábado, 29 de julio de 2017

Jaquecas

No sé en donde leí, creo que fue en el Juan de Mairena de Machado, que como los judíos no contemplan el más allá y, por tanto, no pueden recurrir al infierno como mecanismo disuasorio del mal, se han inventado un mecanismo sustitutorio que consiste en que si alguien la hace el baldón consiguiente se perpetua por siete generaciones. Me parece más sofisticado y seguramente también más efectivo que el infierno, aunque, a decir verdad, judío, moro, cristiano o lo que se sea, cuando alguien ha cometido felonías relevantes es inevitable que trasmita a sus descendientes la baja consideración por parte de sus conciudadanos. Incluso puede ser que quede perpetuado en las coplas de ciego.

Comprendo que es injusto para los descendientes, pero también es verdad que estos a veces sacan pecho y blasonan de antepasados, cual es el caso del político Iglesias que parece estar orgulloso de que su abuelo se dedicase a llevar de paseo a marqueses hasta la Pradera de San Isidro, lo cual no hubiese tenido nada de particular si la afición no la hubiese desarrollado el año 36 del siglo pasado. Pues sí, de esa casta viene el galgo que amaga con complicarnos la vida para no ser menos que su abuelo. La verdad es que no sé como hemos llegado a esto. Ni por qué ese tipo miserable no está en la picota ya hace tiempo. 

En fin, qué jaquecas me producen estas cosas. 

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