sábado, 22 de julio de 2017

Touché de plein fouet




Hace unos días me entretuve en calcular las probabilidades que hay de que te toque la lotería primitiva en relación con las que hay de que te alcance un rayo. Pues bien, admírense, es el doble de probable que te alcance un rayo, que sobrevivas, y que después te alcance otro que el que te toque la primitiva. Y no hay vuelta de hoja porque aunque al que le toca una u otra cosa, San Pedro se la bendice, la real historia de la humanidad se escribe con esas estadísticas. 

He pensado en eso hoy cuando iba de Monzón a La Venta y he visto ese muñón renegrido en medio de dos chopos averiados. Un rayo. Algo casi banal si tenemos en cuenta que son 1.200 millones los que caen sobre el planeta cada año. Otra cosa es que alcancen a personas, unas diez o quince al año en España. Así que calculen: tendría que tocarle el pleno de la primitiva a dos o tres personas por año. Seguro que ni eso. Y sin embargo a los jugadores les da igual; en su inconsciente hay un convencimiento de que la diosa Fortuna está en deuda con ellos. Una ingenuidad enternecedora. 

Sea como sea lo de la diosa Fortuna lo que nadie pude negar es que dividiendo el número de rayos que caen por la superficie del planeta tocan a unos cuantos por kilómetro cuadrado. Así no es de extrañar que vayas por el campo y encuentres árboles medio quemados o, como el de la foto, convertidos en muñones. Touché de plein fouet. Mas raro es ir de gira y ver, allí, en medio de un campo de trigo, la estatua de un señor. Te acercas y compruebas que es el homenaje a un pastor al que mató un rayo. Cuidaba sus ovejas con amor y no las abandonó en medio de la tormenta. Eso dice la leyenda. Un oficio peligroso sin duda. Sobre todo en verano, que ves de pronto como una nubecilla de nada se va agrandando y al rato tienes encima el zafarrancho. Y ya me dirán, con lo que cuesta mover un rebaño. 

En fin, ciencia curiosa ésta de los rayos. Días vendrán en que toda esa energía que se desencadena se podrá captar y almacenar. Y estará resuelto de una vez por todas el drama prometéico por el fuego de los dioses. Cada rayo, dicen, libera la energía de una explosión nuclear. Mareante.

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