Como les contaba, trato de combatir la desidia propia de estas fechas viendo vídeos de la Khan Academy. Estoy con la parte de las matemáticas que estudia las combinaciones y probabilidades. Es algo realmente fascinante, sobre todo después de haber leído aquel libro que me envió Jacobo titulado "Contra los dioses" -nada que ver con la novela del mismo título-. Porque es que en la vida hay cosas de una importancia decisiva y sin embargo vivimos de espaldas a ellas porque nadie nos las ha explicado cuando tocaba. Y así vamos ciegos conduciendo los caballos del sol.
Ya Conan Doyle puso en boca de Sherlock Holmes la frase que en medicina o cualquier otro tipo de ciencia empírica es mano de santo: "Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad." Ahí está el quid de nuestra liberación del yugo de los dioses, aprender a diferenciar lo que es posible de lo que es probable. Diferenciar por medio del cálculo algebráico, quiero decir. Me explico: tiras al aire cien veces una moneda que no esté trucada; puede salir cara o cruz, o sea dos posibilidades cada tiro. Al segundo tiro ya son cuatro posibilidades: una cara, una cruz, dos caras, dos cruces. Cuando llegas a cien las posibilidades son casi infinitas. Calculen dos elevado a cien y se marearán con las cifras. Sin embargo, la magia del asunto estriba en que cuanto más aumentan las posibilidades menor es el margen de error de las probabilidades. Así al segundo o tercer tiro puede haber un cien por cien de caras o cruces, pero cuando vas por el cien puedes estar seguro que si no es cincuenta de una y cincuenta de otra será cuarenta y nueve y cincuenta y uno o cuarenta y ocho y cincuenta y dos. O sea que, por así decirlo, calculando las probabilidades le pongo puertas al azar. Me seguiré equivocando, pero mucho menos.
Quizá no sea más que otra de mis deformaciones de pensador aficionado, pero tengo por buena mi intuición de que si el vulgo supiese diferenciar con claridad lo que va de lo posible a lo probable la mayoría de los revuelos que se levantan no tendrían lugar porque prácticamente todo lo que sucede, en algunos de sus parámetros, era perfectamente predecible. No sabemos quienes se van a estrellar en la próxima operación salida, pero iría contra las leyes de la lógica estadística que nos se estrellasen media docena de coches. En definitiva, es posible que me pille un coche cuando voy por ahí en bicicleta, pero las probabilidades de que me ocurra no han aumentado respecto a las que había hace diez años. Hay más atropellos porque hay más ciclistas pero no porque haya cambiado la actitud de los conductores. Esto es lo que estaba tratando de explicar ayer en el taller de bicicletas del que soy cliente asiduo y nadie me entendía. Sostenía el personal que es que ahora los conductores van más bebidos que hace unos años y así con esa certeza peregrina les cuadraban todas las cuentas. Lo dejé por imposible me volví para casa a seguir viendo vídeos para ver si así aprendo a explicarme mejor.
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