Les comentaba ayer sobre el arte de manipular conciencias sin duda el más querido y perfeccionado por el demonio. Sirve sobre todo para sacar ventaja el que lo domina de todos los que, por emplear una expresión que le gustaba mucho a mi padre, están en la higuera. O sea, el grueso de la humanidad, no se engañen al respecto.
Si quieren tener una idea exacta de a qué me estoy refiriendo no vayan al periódico a leer la última noticia conmovedora sobre dos perritos perdidos que volvieron a casa al olor de las salchichas que estaban asando sus dueños o, sin ir más lejos, la última corrupción en ciernes del político de éxito. No, en ese mundo mediático todo es burdo y solo cuela lo dirigido a cada cual según su particular religión. Se aprende poco ahí en definitiva. Mejor y más divertido, los clásicos como siempre. La Celestina, por ejemplo. Cojan, agarren ese texto, vayan al auto cuarto y avancen hasta que Celestina se queda a solas con Melibea; entonces paren para tomar aliento. Después sigan despacio y con toda la atención de la que sean capaces.
Melibea es una chica educada y con principios, pero eso de nada sirve ante el demonio hecho carne. No hay principio poderoso al que el demonio no le pueda dar la vuelta con brillantes metáforas. Así que, ¡ojo con las metáforas! Porque están muy bien para la poesía, pero no para las cosas de comer. Y no es cuestión de desconfiar, que eso solo sirve hasta que te pega el bajón y te quedas a la intemperie. Es cuestión de que te hayan enseñado no sólo los principios en los que debes sustentarte sino, sobre todo, como fundamentar esos principios para que un calentón sobrevenido no te los tire por tierra. Como a la pobre Melibea, que con la sola mención de Calixto ya se hace aguas por abajo.
Y de ahí la importancia de que no te eduquen los curas de cualquier laya, por lo de los principios fundamentados. Para eso se necesitan profesores laicos que no crean en nada que no sea el ejercicio de la razón. Las cosas tienen que ser por algo y no porque lo diga dios, alá, o cualquiera de los mil gurús que andan por ahí impartiendo doctrina. En fin, como si todo fuesen problemas de matemáticas que solo se resuelven sabiendo operar desde la suma al cálculo infinitesimal y más allá. Y, entonces, te bajas de la higuera.
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