Así comienza hoy el artículo dominical de Arcadi Espada en El Mundo. Pues sí, para eso están los intelectuales para llamar a las cosas por su nombre y no andar con las tergiversaciones propias de los políticos. Porque cada uno tiene su papel y todo se emponzoña cuando empiezan a intercambiárselos. A la chusma hay que llamarla chusma con todo el desprecio que merecen los hijos de papá mal criados y por tal instalados permanentemente en la frustración y el delirio rencoroso. No tienen otra obsesión en su cabeza que amargar la vida de los otros para conseguir consolarse con la nivelación. Y esto, no nos hagamos ilusiones porque siempre ha sido y seguirá siendo igual. Son los caprichos de la naturaleza que se empeña en hacer crecer el avenazo y el vallico y las amapolas en medio del campo rebosante de grano. Y así es que ponte a pensar en verde y no le eches herbicidas y verás qué acabas comiendo. Lo siento, hijos míos, pero la civilización también tiene su lateral asesino. Y a la chusma, como a las malas hierbas, o la asesinas o te come. Y por eso conviene llamarla por su nombre para que nadie se llame a engaños y viva permanentemente avisado y con el herbicida a mano.
En fin y en cualquier caso no se me amohinen porque por mucho que sea el ruido que meten les tenemos controlados y todo parece indicar que cada vez los tendremos más a pesar de que debemos contar con brotes pasajeros inesperados. Los años de sequía, como los excepcionalmente húmedos, siempre traen plagas, pero sabemos como hacerlas frente. Y a la postre se suceden las cosechas ubérrimas. Que no por otra cosa es que vivamos como vivimos la inmensa mayoría.
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