domingo, 2 de julio de 2017

Avenazo

"Nada más lógico que aprovechando los festejos del aniversario de las primeras elecciones hayáis vuelto una vez más a vuestra vieja canción impugnadora. La chusma española, de la que formas parte aunque la militancia te exija una cierta discreción sobre tu cuenta corriente, no puede reaccionar de otro modo ante el mayor éxito de la Historia moderna. Entre Carlos III y tú no hay nada comparable y de ahí que proyectéis sobre la Transición vuestro cargado aliento. El fracaso español existe y sois vosotros, y la Transición se hizo, imperialmente, contra vosotros-"

Así comienza hoy el artículo dominical de Arcadi Espada en El Mundo. Pues sí, para eso están los intelectuales para llamar a las cosas por su nombre y no andar con las tergiversaciones propias de los políticos. Porque cada uno tiene su papel y todo se emponzoña cuando empiezan a intercambiárselos. A la chusma hay que llamarla chusma con todo  el desprecio que merecen los hijos de papá mal criados y por tal instalados permanentemente en la frustración y el delirio rencoroso. No tienen otra obsesión en su cabeza que amargar la vida de los otros para conseguir consolarse con la nivelación. Y esto, no nos hagamos ilusiones porque siempre ha sido y seguirá siendo igual. Son los caprichos de la naturaleza que se empeña en hacer crecer el avenazo y el vallico y las amapolas en medio del campo rebosante de grano. Y así es que ponte a pensar en verde y no le eches herbicidas y verás qué acabas comiendo. Lo siento, hijos míos, pero la civilización también tiene su lateral asesino. Y a la chusma, como a las malas hierbas, o la asesinas o te come. Y por eso conviene llamarla por su nombre para que nadie se llame a engaños y viva permanentemente avisado y con el herbicida a mano. 

En fin y en cualquier caso no se me amohinen porque por mucho que sea el ruido que meten les tenemos controlados y todo parece indicar que cada vez los tendremos más a pesar de que debemos contar con brotes pasajeros inesperados. Los años de sequía, como los excepcionalmente húmedos, siempre traen plagas, pero sabemos como hacerlas frente. Y a la postre se suceden las cosechas ubérrimas. Que no por otra cosa es que vivamos como vivimos la inmensa mayoría.  

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