viernes, 30 de junio de 2017

Aberzales

He leído el discurso que hizo el otro día el alcalde aberzale de Rentería con motivo de un homenaje recuerdo a tres víctimas del terrorismo nacionalista vasco. Desde luego que más sentido y apropiado no pudo ser y nos demuestra una vez más, por si no hubiésemos tenido ya bastante con el amor infinito que Hitler sentía por sus perros, que los nazis también suelen tener su corazoncito. ¡Cacho cabrón, si tanto lo sientes porque sigues en tus trece! ¿O es que acaso el origen del mal no está en tu equivocada forma de pensar? O de sentir, porque dudo que esta gente tenga capacidad para llegar más allá de lo que el instinto gregario les dicta. Y ahora la moda manda entonar mea culpa, pero sin devolver lo robado, bien sure.

Todo esto me recuerda a un primo mío que murió trágicamente por fortuna en el momento apropiado dada la merdé que tenía montada por su mala cabeza. Era el típico nazi de izquierdas de los de dar pel davant y tomar pel darrera. Lo quería todo el pobre desgraciado, que en eso consiste la esencia de los nazis en ser más buenos que nadie pero sin tener que privarse de ninguno de los caprichos que se les pasa por la cabeza. 

En cualquier caso, el consuelo de esta exacerbación del mal primigenio de la naturaleza humana es que, por lo general, siempre acaba autodestruyéndose en forma de tragedia. Solo hay que darles tiempo. Porque la razón del mundo es la libertad del individuo hacia la que se avanza inexorablemente aunque el camino sea tortuoso a más no poder. 

En resumidas cuentas, que no me vengan con historias de Walt Disney y se limiten a dejar de comer berzas que ya está bien de producir gases pestilentes de los que envenenan la convivencia de los normales.  

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