miércoles, 21 de junio de 2017

Le lapin chaud

Me he echado a los caminos con las primeras claridades. He escogido el que va por donde iba el tren burra y he llegado hasta Baquerin. No me creerán si les digo que lo más del tiempo he ido pensando que quizá estaba en Australia. Tantos eran los conejos que cruzaban de una orilla a la otra con no sé qué finalidad. Y lo peor, que ya han comenzado el trabajo de demolición de esa maravilla que nos han regalado a los ciclistas de esta comarca. Por aquí y por allá, en los laterales todavía, se ven los boquetes de los túneles que son seña de identidad de la especie. Ya me tenía un tanto sorprendido el abuso de rapaces señoreando los cielos. Y es que claro, el ecosistema si le dejas a su aire en un par de años o siete se convierte en el Serengueti o cosa parecida.  

Por cierto que hace poco leí que en Australia han optado por inocularles un virus que los mata sobre la marcha. Y es que no sé si habrán visto algún documental sobre las proporciones que alcanza la plaga allí, pero les puedo asegurar que es mucho mayor que la de perros que hay en cualquier parque de esta ciudad a la caída de la noche, lo que ya es decir. En fin, he estado hablando con unos conocidos que tengo en Mazariegos y hemos quedado en que vamos a poner unos lazos en las cunetas y luego vamos a organizar meriendas con lo que pillemos. Porque, oye, no hay mal que por bien no venga y a la sequía buena cara.

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