miércoles, 28 de junio de 2017

Al menos una vez

¿Por qué deberías ir a las Seychelles al menos una vez en la vida? Pues muy sencillo, porque hay tortugas gigantes, hoteles imponentes y, sobre todo, playas vírgenes. Y para rematar, porque es donde van Zidane, Guardiola, y gente por el estilo. 

Según tengo entendido las Seychelles son un montón de islitas que entre todas juntas no llegan al tamaño de Ibiza, o sea, la décima parte de la provincia de Santander, como el valle del Miera o así. Dado lo cual no quiero ni imaginarme lo que pasaría con esas playas vírgenes que dicen si fuésemos todos allí aunque sólo fuese un rato. El coño de la Bernarda iba a parecer el cáliz de la consagración comparado con aquello. 

En realidad tampoco hay que tomárselo muy en serio porque solo se trata de un artículo que so capa de información periodística esconde propaganda dirigida a iletrados. En realidad los periódicos van quedando en eso, en las diez chuminadas que no te puedes perder por nada del mundo aunque te estén torturando las hemorroides. El buenísimo gusto, la sensibilidad exquisita... el distinguirse de los demás por medio de la cartera en definitiva. 

A mí me parece, desde mi óptica de mero aficionado al desvelamiento de realidades opacas, que todo esto no es más que la esquizofrenia inherente a la sociedad libre de mercado, y que dios nos la conserve. Si pones a la chusma en danza generas cantidades ingentes de dinero con las que luego puedes pagar las pensiones y todo eso, pero a cambio los pensionistas se tienen que habituar a que los turistas les pongan el jardín como un bebedero de patos. Es el toma y daca inherente a la existencia, y cuando más toma quieres más daca tienes que soportar. 

Hoy, por cierto, se explaya el amigo Sostres, con la clarividencia que le caracteriza, sobre el rechazo que empiezan a mostrar los barceloninos hacia los turistas que les dan de comer. Claro, si Barcelona fuese Seatle o Boston podría poner tasa y medida a la invasión, pero resulta que en vez del MIT o Microsoft las joyas de Barcelona son el Bagdad y Can Punyetes. Así que, como avisa Sostres, un respeto señores no sea que vayamos a acabar teniendo que comernos los mocos. 

En fin, al menos una vez hay que probar de todo para que la  
nave vaya y en eso consiste toda la ciencia de la creación. Y, además, después siempre nos queda el recurso de entonar un réquiem por la virginidad perdida de la playas. 

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