Con todo esto del brexit, Trump, los catalinos y demás sofocones estamos teniendo la oportunidad de comprobar meridianamente como en estas sociedades que se dicen, porque lo son, avanzadas, cualquier veleidad de cambio súbito es de inmediato desbaratada por los entresijos del sistema. Como dijo el que bien dijo, todo está atado y bien atado y a los hechos hay que remitirse para reconocer que tenía toda la razón. A la postre lo único que va quedando es el calvario que se ven obligados a subir los que se meten en semejantes berenjenales. Como Jesucristo, que todo lo quiso cambiar prometiendo imposibles, al final se tienen que someter al veredicto de la chusma defraudada. Es lo que tiene escoger como compañeros de viaje a los peores, que sus interesados halagos te ocultan los cuchillos que preparan para cuando les des la espalda.
Los únicos cambios, diría yo, que funcionan en estas sociedades son los imperceptibles a primera vista. Y provienen de un estado mental que va cuajando en las élites pensantes con el arte como desencadenante. Así, cuando llega un Macrón al poder, no es por casualidad. Vengo observando con machacona constancia a los franceses a través de sus televisiones, periódicos y literaturas y tengo la casi certeza de que sin la camada de lo que se dio en llamar los nouveau reac, con Houellebecq a la cabeza, nada de lo que está pasando sería posible. Ellos han sido los precusores de este nuevo Edipo que ha resuelto el enigma con el que la esfinge de la democracía tenía atormentada a la sociedad francesa: no es cuestión de gauche ni de droite, les ha dicho, es simplemente sentido común. Luego ha ido, se ha casado con su madre y por el momento no parece que tenga la menor intención de volverse loco ni sacar los ojos a sus hijos.
Aquí en España tenemos a Rajoy que también puede que se haya casado con su madre. Y en Alemania, Merkel, que parece que lo hizo con su padre. Y por eso son los dos países de la comunidad europea que mejor les va porque no dejan que la ideología les ciegue la razón. Porque las cosas, en un momento dado sólo pueden ser de una manera, la del sentido común. O sea, el que tienen los padres por edad. Y de ahí que funcionen tan bien los que se casan con ellos. En fin, pena de no haberlo sabido a tiempo.
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