Uno.- Cualquier español medianamente culto sabe lo que es un hipogrifo violento que corre parejas con el viento. Lo que no estoy seguro de que sepa es lo que es el hipocampo. Pues bien, a partir de hoy ya tenemos otra espada de Damocles encima, porque todos los periódicos anuncian a bombo y platillo que si bebemos un vaso de vino al día o una caña se nos jode el hipocampo, lo cual, como que te deja medio tonto. Claro que lo que no nos cuentan es cómo te deja el no beberlo, que según como se mire te puede causar fantasías como que el cielo está lleno de huríes con tal de que mates infieles, es un decir.
Dos.- Sostiene Sostres que la literatura de Isabel Allende es para chachas, lo cual que no puedo estar más de acuerdo. Es lo que tienen los inteletuales, o las intelectualas, de izquierdas que, al final, solo convencen a las chachas, tomado este término, que se entienda, en sentido peyorativo. Porque es que además la coima en cuestión se las viene dando de aristócrata porque a su tío, un dipsomano descerebrado, lo quitaron de enmedio los americanos os recibimos con alegría. Fíjate tú si eso no es como para sentirse portador de atribuciones de diseño de un destino en lo universal. En fin, mejor lo dejamos y que cada palo aguante su vela.
Tres.- Una asociación que se autodefine como defensora de la sanidad pública, o sea, que qué gusto cuando entra justo, ha dicho que le molesta profundamente que Amancio Ortega haya donado trescientos y pico millones para renovar el aparataje obsoleto de los hospitales. No es de recibo, han señalado. Solo les ha faltado añadir lo de a mayor abundamiento. Me parece bien que haya gente que tome el testigo de denunciar las migajas del rico Epulón. Qué pague sus impuestos como hacemos los pobres y se deje de mandangas, han apostillado. De lo que nunca he oído chistar a esa asociación de hombres, y mujeres, justos, y justas, es de los tropecientos mil millones que aportan a la sanidad pública las cuotas a las mutuas privadas que hacen cada mes unos cuantos millones de españoles. Mira tú por donde, gente del común que prefiere gastar su dinero en no aguantar listas de espera que en machacársela al sol de una isla caribeña, por ejemplo. En fin, qué le vamos a hacer si siempre habrá gente que se empeñe en velar por nosotros pobrecitos desgraciados.
Cuatro.- Me voy a Mercadona que eso sí que te alegra el día.
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