jueves, 1 de junio de 2017

Largo me lo fiáis


Que las temperaturas del planeta están subiendo parece ser una evidencia incontestable. Que al menos en parte es debido a la actividad humana no pasa de conjetura de la que será muy difícil demostrar su verosimilitud por muy plausible que parezca. Y esta es la gran cuestión: ¿que hacemos con una conjetura de este tipo? Porque es de las que entran en la categoría del más vale un porsiacaso que dos penséqué. En realidad casi toda la prevención se basa en hacer caso a conjeturas plausibles, que no por otra cosa es que tantas veces tanto esfuerzo y dinero acabe en fiasco. Pero, en cualquier caso, una mente lógica tendrá la sensación de que se hizo lo correcto. 

Una mente lógica. Díganle ustedes a un habitante de una cuenca carbonífera que el SO2 residual de la combustión del carbón es cancerígeno y tengan por seguro que le desmontará la teoría con argumentos tan conjeturales como los suyos. Porque el modus vivendi es el principal armador de teorías justificatorias. Nadie, en definitiva, se quiere quedar con el culo al aire por tal de salvar el mundo. Ya se sabe que la caridad bien entendida empieza por uno mismo y, si no, que se lo digan a todos esos luchadores del clima que han encontrado en ello su bicoca particular sin tener que renunciar por contra a estar todo el día saltando de continente en continente a golpe de avión... que anda que no contamina el bichejo. 

Y ahí es donde con Trump hemos topado. Que el mundo está lleno de habitantes de cuencas carboníferas provistos de argumentos tan buenos comos los de los de los que quieren salvar el mundo dejándolos con el culo al aire. Y no hay derecho, sobre todo cuando "largo me lo fiáis" el sentir las consecuencias de una u otra actitud. Así que, señores, mi impresión es que por este camino no vamos a parte alguna y mucho mejor buscarse la vida por otro lado.

Ayer les contaba lo de los cuatro jinetes del apocalipsis que cabalgan incansables. En realidad no son cuatro que son millones de gente dedicados a la investigación por todos los rincones del mundo. Es una realidad imparable de consecuencias imprevisibles. Hace unos días vi a un tipo que investigaba en el MIT enseñando unos paneles solares completamente transparentes. Según decía, dentro de unos diez años todos los cristales que se pongan en las ventanas producirán electricidad. Por ejemplo. Y a saber cuantas cosas más se inventarán que harán el mundo irreconocible de una generación para otra. Así que mi articular opinión es que todos tranquilos con Trump porque donde hay que fijar la atención para prever el futuro que nos espera, a los que espere, claro está, es en el MIT y sitios por el estilo. Todo lo demás pura palabrería chusmática. 

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