Está todo el mundo muy escandalizado por las declaraciones que ha hecho un alcalde charnego de Cataluña vengo de servir al rey. Y digo yo que también son ganas. De escandalizarse digo, no de hacer declaraciones. Que los catalanes son superiores al resto de los españoles en todo tipo de cualidades positivas es algo que nunca paré de escuchar durante todo el tiempo que viví en aquella comunidad autónoma que se las quiere dar de nación. Ellos sabrán porque no se pueden apear de ese cante, pero la verdad es que en lógica freudiana salen muy mal parados los pobres. ¿O es que ustedes han conocido a alguien trufado de verdaderos méritos que se dedique a presumir de ellos? Imposible, ya que hasta la sabiduría más popular reconoce que los humanos solo presumimos de lo que carecemos y en eso si que hay que reconocer que los catalanes son de primera página de libro. De no ser así sería inexplicable la deriva suicida en la que andan metidos.
Les voy a decir algo que les va a sonar raro pero que sin duda puede estar en el origen de todo este pandemoniun: en Cataluña se vive de puta pena. He vivido allí casi veinte años y también en otras muchas partes de la península y sé lo que me digo. Barcelona es una ciudad disfuncional a más no poder. Prácticamente sin parques y las calles concebidas para que sean autopistas. Resulta de un amontonamiento insoportable al que ahora, por lo visto, se le añaden sesenta millones de turistas que vienen a desfogarse. Y si a eso se le añaden los veinte millones de chones que se crían en sus alrededores, justo en donde los barceloninos tienen sus torres de ocio, ya me dirán cual va a ser el humor predominante entre aquella población. Son demasiados, mal organizados y viviendo la mayoría de una economía de ínfimo valor añadido.
Así es que tanto por experiencia personal como por afición a la historia sé de sobra que la gente sólo se mete en líos macabros cuando le va mal en la vida. Y a los catalanes se lo puedo asegurar les va y siempre les ha ido fatal. Han tenido a toda lo largo de la historia una querencia por las pestes que nunca hubo una que pasase por allí que no se quedase colgada. Ahora con la del turismo y los purines van servidos. Y es que si en algún sitio hacen oídos sordos y ojos ciegos a que la avaricia rompe el saco ese es Cataluña. Tenin de tot i a mes a mes tenin, es la música celestial con la que Jorge Poyuelo sedujo a las masas depauperadas de los guetos. Todo aquello, en fin, es un puro despropósito que viene de largo seguramente por la falta del poso cultural que madura a las sociedades. A la postre, lo que pasa es que son como niños: cualquiera les encandila con cualquier cosa.
¿Se imaginan a un castellano presumiendo de ser superior al resto de los españoles? Y anda que no podrían echar mano de un montón de maravillas para apabullar. Pero ahí está el quid de la cuestión que el saberse herederos de un patrimonio cultural privilegiado dota no solo de discreción sino también de una infinita paciencia con los niños poco educados.
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