La cuestión es que la democracia puede llevar al poder a una Merkel, un Macron o, incluso, y pido mil perdones, a un Rajoy, pero, también, no digo ya a un psicópata como Hitler sino simplemente a un tonto el culo como Cámeron o un narcisista descontrolado como Trump. Y no por nada sino porque los jóvenes tan estudiosos y bien preparados son imprevisibles y pueden, pero también no pueden, ir a votar con lo cual convertimos al mejor sistema de todos los conocidos en una especie de ruleta rusa.
Sin duda, lo mejor que he oído al respecto es lo de Borges cuando sostiene que la democracia funciona donde funcionaría cualquier otra cosa. Por ejemplo en la Europa de estos momentos. Lo vimos el otro día que fue el socialisto Sánchez apestando a cancha y dijo no sé qué patochada y no habían pasado veinticuatro horas y se tuvo que desdecir, Comisión Europea mediante. Precisamente esa Comisión Europea a la que los puros tildan de antidemocrática. Ya, sí, lo que quieran, pero para mandar ahí no sirve el apestar a cancha ni ser lo mejor de cada casa. Ahí exigen algo más a la gente, como cambiar ideologías por conocimientos. Llamémoslo, entonces, despotismo ilustrado y critiquémoslo lo que queramos, sí, pero el caso es que es lo único que funciona sin ponernos los pelos de punta cada vez que vemos a un socialisto amagando con sus delirios.
En fin, qué cansino es todo esto de no querer saltarse los tópicos, porque, señores, la democracia puede ser el peor de todos los sistemas políticos conocidos si los jóvenes tan bien preparados y estudiosos consiguen llevar al poder a un socialisto que apesta a cancha, por no decir sacristía. ¡Qué le vamos a hacer!
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