viernes, 23 de junio de 2017

Más al norte

Veo que las ciudades se preparan para vivir de otra manera. Y aquí, otra vez, se volverá a ensanchar la grieta entre el norte protestante y el sur católico. O para ser más exactos quizá debiéramos decir entre el norte apolíneo y el sur dionisíaco. El asunto, desde luego, no es banal. Y nada para avivar la conciencia de que no lo es como venir padeciendo desde hace ya no se sabe cuantos días una ola de calor abrasador. Porque el calor es como una lente de aumento selectiva para todo lo molesto. Cosas que la costumbre hace pasar desapercibidas a la mayoría a una temperatura normal tan pronto como empieza a calentarse el ambiente crece la conciencia de su radical irracionalidad. Y ahí es donde entran en danza las diferencias apolineodionisíacas, que es que los apolíneos por lo general no necesitan el calor para darse cuenta de que la costumbre no es elemento de valor para seguir sosteniendo lo que es irracional. 

 Así es que por estos lares estamos muy pillados con nuestras ancestrales costumbres y cuando el calor las hace insoportables tendemos a consolarnos con la queja y la esperanza de que pronto amainará. Y no hacemos nada que no sea huir hacia adelante. Me decía ayer un chaval que iba muy ufano en su coche que me subiese a la acera. Le dije que la acera es para los peatones y le podría haber añadido que la calzada por la que yo iba pedaleando tiene la velocidad limitada a veinte, más o menos a lo que yo iría, pero se ve que el chaval estaba urgido por algún tipo de necesidad de catadura dionisíaca que son las que más ansiedad generan. 

En fin, el caso es que veo como van afrontando en esas ciudades del norte el asunto capital del tráfico rodado y me doy cuenta de que nos vamos quedando atrás sin remisión. Diría yo que la diferencia fundamental entre el norte y el sur hoy día es que el norte hace carriles bici quitando espacio a los coches y el sur quitándoselo a los peatones. Pienso que será algo que tiene que ver con la distancia generacional con la miseria. Cuando se la tiene muy cerca todavía no se ha tenido tiempo de asimilar que la acumulación de bienes materiales no es la riqueza. Pero, en fin, todo acaba por llegar y los nietos de los nietos de estos apegados a la molicie ya serán otra cosa más al norte. 

En cualquier caso, hoy han bajado las temperaturas y mañana se espera que bajen más. Así que todos los amagos de raciocino que hubiese podido espolear la bajada a los infiernos serán rápidamente olvidados y a otra cosa mariposa. 

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