domingo, 4 de junio de 2017

Fuking conundrum

Anoche, cuando volvía para casa, la ciudad rebosaba de alegría. Por un lado porque estamos en fiestas, la de la cerveza y no sé cuales otras, y por si fuera poco el Real Madrid había ganado no sé que coño copa. Por El Salón el ruido era atronador. En el templete había una banda punkera y al otro extremo, en la carpa de la cerveza, otra banda haciendo contrapunto. Pensé en la infinita paciencia de los vecinos algunos de los cuales puede que hasta estuviesen enfermos, pelillos a la mar. En la Plaza de España la marea continuaba por la celebración de lo del furbo. Ondeaban banderas al frío viento de la madrugada y, sobre todo, los chinos hacían caja. Todas las cafeterías de aquel entorno están regidas por ellos y, los muy cucos, habían ideado para la ocasión unos vasos de plástico king size que, llenos de cerveza, el personal esgrimía con rara habilidad. Pensé, mientras me escabullía por una calle trasera, que tanta felicidad, por fuerza tiene que dejar resaca. Pero, en cualquier caso, en tales ocasiones, el inminente mañana es un "cuan largo me lo fiáis". 

En casa ya, repanchingado en la butaca me dispuse a dar una vuelta por el mundo. De entrada, en Madrid, un tipo que me pareció bastante sandio entrevistaba a la vez a la alcaldesa y a la presidenta de la comunidad. Me pareció que la alcaldesa ganaba por goleada a la presidenta en la cosa de la inteligencia, pero como solo es una impresión no le doy más importancia. Con una multitud desaforada al fondo, la presidenta animaba a todos los madrileños a salir a la calle. Pensé de inmediato en que más negocio para los chinos y añoré el día en que por fin se hayan hecho con el poder y esto se parezca al Singapur que había estado viendo por la tarde en una cadena generalista americana. 

Entonces decidí irme a la BBC para ver como se vivía en Inglaterra la victoria del Real Madrid. Y voy y me topo con la tragedia del día. Un periodista habla sin cesar en una calle vacía sobre algo oneroso que está pasando allí al fondo, donde están amontonados aquellos coches con luces intermitentes. Dicen que ha habido tiros, que una furgoneta se ha lanzado sobre los viandantes... no se sabe a ciencia cierta, pero la masacre se masca. Paso a la CNN y lo mismo, FOX igual, France 24, etc.. Pruebo en Blomberg y me encuentro a Charlie Rose entrevistando a un exdirector de la CIA. Están desmenuzando el asunto Trump. El exCIA es un prodigio de sistematización en sus intervenciones. Una mente matemática sin duda. Saco la conclusión de que el mandato Trump será recordado como el de la transparencia. Él y los que le rodean son tan inexpertos en la cosa de la política que son incapaces de entender la primera treta del trato en tales lides, o sea, ocultar disidencias y exhibir concurrencias. En la Casa Blanca, al parecer, relucen los cuchillos y HBO ya tiene trabajando a sus guionistas en la serie que triunfará el año que viene. El final, desde luego, parece más abierto que nunca. 

Hoy por la mañana me entero de que lo de Londres ha sido gordo. La cosa se está poniendo peliaguda y resta saber por donde van salir los políticos, porque da la sensación de que nos estamos acercando a ese punto en el que las emociones arrasan los últimos vestigios de razón. Solucionar esto no parece que vaya a ser fácil y conformarse como hasta ahora con que San Pedro se la bendiga a quien dios se la da, parece que ya está dejando de funcionar. Al final va a haber que hacer algo con la morangada y esa va a ser otra vez la de Las Navas de Tolosa. Porque cabe recordar que el alcalde de Londres es musulmán. Es decir que, en llegando a ciertos límites, pasa a ser del bando enemigo. Y, claro, entonces hay que preguntarse por qué es alcalde un musulmán. Y caes en la cuenta de la cruda realidad: Londres es medio mulsumana. En fin, por decirlo a la inglesa: ¡what a fuking conundrum!     

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