lunes, 5 de junio de 2017

Y sigue girando

La premier británica ha dicho con su maravillosa dicción oxforiana que enough is enough. Hemos sido excesivamente tolerantes con los extremistas. Entonces yo he pensado de inmediato: esta tipa no ha tenido hijos y, si los ha tenido, seguro que no han llegado a adolescentes. Porque, en definitiva, esas son exactamente las palabras que cualquier padre experimentado sabe de sobra que no sirven absolutamente para nada. Les quitarás la paga, les encerrarás en una habitación todo el fin de semana, incluso les enviarás internos a un colegio para niños difíciles, un reformatorio que le decían antes, y sólo conseguirás que de cada cien noventa y nueve se reconcentren más en si mismos y se vuelvan más pesadilla si cabe. 

Había quedado para comer en el Bariloche. Como me sentía inapetente decidí salir a dar una vuelta a ver si con el aire fresco se me abría el apetito. Como era demasiado fresco para la estación y además chispeaba entré a ver qué había en el centro cultural que tengo justo al lado de casa. Me encontré una curiosa exposición de fotografía dedicada al amor hacia los animales. 



Llegué a la conclusión de que con mi actitud rayana en la animalofobia seguramente me estoy perdiendo algo realmente bueno, porque, oye, tendrás que recoger caquitas toda la vida, pero ¡y ese amor infinito que nunca traiciona ni defrauda! Me lo tengo que pensar y, quizá, en último extremo, si es necesario, acudir a una terapia. 

En el Bariloche, genial. Estos hurdanos son unos linces. Se han comido toda la hostelería del barrio. Mientras nos restaurábamos a plena satisfación veíamos pasar el desfile de modelos que hoy día supone la celebración de una primera comunión. Gente a todas luces muy humilde pero con una impresionante capacidad de emulación de lo que ellos creen que hacen las clases acomodadas. Desde luego que pocas cosas hay más cómicas que la simulación de la elegancia. Una tensión contenida que luego el vino se encargará de transformar en chabacanería desatada. 

Por la noche lloré a moco tendido en cumplida comunión con todos los que escuchaban a Ariana Grande cantando Somewhere over the rainbow. Los medios de comunicación de masas habían estado todo el día calentando los motores de la sentimentalidad con lo de los atentados de la víspera en Londres. Para mí que se pasan. Y luego esta chiquilla que deja a Judy Garland pequeñita y esa canción que es una desmesurada esperanza que se inicia con un intervalo de octava. Así cualquiera. 

Y el mundo, a pesar de todo, sigue girando como si tal cosa. 

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