miércoles, 14 de junio de 2017
Buscando en la inmensidad
Se llama el Cristo de San Felices, pero ese pórtico con frontón sugiere que lo sagrado del lugar viene de lejos, de mucho antes de que los pastores empezasen a apacentar sus rebaños. ¡Maldita metáfora! Está en la cima de una colina achatada desde la que mires hacia donde mires solo ves inmensidad cultivada. Naturaleza sometida. Civilización. Física y Química.
He aprovechado el frescor de la primera mañana para darme un garbeo. He ido por la nava hasta Becerril. Un dolor. Se diría que Helios dejó conducir por un día a Faetón el carro del Sol. A duras penas ha conseguido sobrevivir la avena que se da hasta en el infierno. Sin embargo, estas cosas al PIB se la traen al pairo. Es como si se le hubiese posado una mosca encima y poco más. Lo seguros pagarán lo que ya daban por descontado en sus balances y aquí paz y después gloria. El pobre Faetón, sin duda ya es un don nadie que no sirve ni para llamar la atención en las estanterías de Mercadona. ¡Ay, si levantase la cabeza Ovidio y viese en que han quedado los versos que le dedicó!
En Becerril he recalado en la plaza que es donde está La Behetría. He tenido que hacer poco menos que Ulises con las sirenas para no sucumbir a la tortilla que hacen allí. Porque es que de tanto pincho me está saliendo una barriguita de lo más desagradable. Así que he pedido un café y he salido a la terraza a tomarlo. A palo seco. Otro dolor. Pero bueno, el lugar lo compensa todo. La música extremada de los ocho caños de la fuente que lleva allí cuatrocientos y pico años. Los soportales, la mole catedralicia de enfrente... un conjunto que a buen seguro a Baudelaire le hubiese producido aquel spleen que le hizo famoso. Que no para todo va a haber que ir a Florencia.
Estos pueblos al norte del Duero son todos de behetría, es decir, el rey no les podía imponer señor. Y se nota, oye, que de casta le viene al galgo. Como en el lejano oeste, los colonos venidos del norte han estado durante siglos con las armas en la mano para defender sus tierras, en este caso de la morangada. Y eso, sin duda, les ha hecho especiales. Así que mientras contemplaba el abrumador entorno he estado escuchando a la joven cartera y a los orondos campesinos que le daban palique. Bueno, entre unas cosas y otras me han puesto al día de las apps para el móvil. Y luego dicen que el mundo es diverso.
El regreso lo he hecho por la carretera de Becerril a Mozón. Y entonces ha sido cuando he visto la ermita de marras en una colina a la izquierda y no me he podido contener. He ascendido sin mucho esfuerzo y me he tumbado un rato en un banco del porche. Creo que hasta me he quedado traspuesto. Luego he descendido hasta la carretera y he seguido hasta La Venta donde he girado a la izquierda para tomar la que viene de Guardo. Doce o quince kilómetros más y en casa. Que ya calentaba y cómo.
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