martes, 6 de junio de 2017

Luz no usada

Ayer era un día tan luminoso, de luz no usada que dijo el poeta, que, a pesar de que ando un tanto lumbálgico, agarré la bicicleta y me tiré a los caminos -hoy lo estoy pagando-. Iba despacito y tarareando canciones. Somewere over the rainbow me asaltaba una y otra vez. Una perversión armónica: arranca con un salto de octava que en dos compases vuelve al origen para iniciar el tercer compás con un salto de sexta. De octava fuerte a sexta débil, una tercera menor desinflada. Ahí tenemos la treta perfecta para desencadenar la tormenta sentimental del otro día en Manchester. Se arrancó Ariana Grande frente a un público herido y apenas había sobrepasado el tercer compás cuando empezaron a manar ríos de todos los ojos. Y así es todo en este mundo de los sentimientos, pura perversión. O manipulación de la gente herida. ¡Tan fácil!

El sentimentalismo es un cáncer de la razón. Todas las desgracias del mundo vienen de ese dominio. De dejarse desconchuflar por un salto de tercera menor desinflada. Y costó muchos siglos de protestas, que aún siguen entre los más renuentes a enfrentarse consigo mismo, llegar hasta el Pierrot Lunaire. Fuera todas las viejas tretas armónicas y quédate a solas con los sonidos y tus pensamientos. Por fin, un canto a la libertad individual. 

Y eso es lo que pienso, que si en vez de el último movimiento de la Novena Sinfonía, los europeos hubiesen escogido el Pierrot Lunaire como himno de la Comunidad otro gallo nos cantara. Porque se ha querido recurrir a la sentimentalidad como cemento de unión sin darse cuenta de que por definición sentimentalidad es "me vuelvo al pueblo". Y en esas estamos, dándole ideas a la gente herida para que se ponga a llorar en vez de enfrentarse desnudos a su destino. 

Total, que iba pensando mientras pedaleaba que gente herida tiene que ser la que se dedica a llenar las cunetas de basura. El que está bien consigo mismo, me decía, es imposible que arroje una botella de plástico por la ventanilla porque no hay quien no sepa que eso está mal. Y si estás bien solo quieres el bien para todos y si estás herido quieres que todo el mundo te acompañe en el sufrimiento. La eterna lucha entre Apolo y Dionisos. O, por decirlo sin pedantería, entre luchar y quejarse.  

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