En el mundo hay cada vez más yihadistas y podemitas, tal para cual, como nazis y comunistas, por una sola razón: que no es otra que cada vez hay más gente como Ignacio. Y es que la gente como Ignacio es la puntilla para todos los que quieren resolver su problema cambiando a los demás. En el fondo no es más que la eterna guerra civil entre la inteligencia y la estulticia.
Una guerra que se sustancia en las infinitas batallas que se libran en el día a día. La valentía de la nobleza contra la cobardía de la ruindad. Lo que va de la academia al sindicato. Del esfuerzo a la triquiñuela. De la generosidad al rencor. Me lo sé al dedillo porque tengo memoria de mí y siento muy viva la vergüenza de haber militado tantas veces en el lado equivocado. Y por eso es que me escondo.
Pero me queda el enorme consuelo de tener la casi certeza de que los Ignacios acabarán por ganar la partida. Y además por goleada. Y los necios se volverán todos al pueblo a profundizar en sus raíces. Que ya lo dijo el clásico: "dejadles, respondió a sus gritos, que tengan raíces y creencias y rencores, ya que no pueden tener otra cosa, pero que se vayan al pueblo". En fin, ¡Gloria para Ignacio! Y sonrojo para el pueblo.
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