Como cuando voy por ahí en bicicleta no tengo la menor intención de hacer deporte sino simplemente ejercicio es inevitable que me vaya fijado en los avatares del paisaje que aquí, precisamente, en Castilla, son prodigiosos por su velocidad cambiante y recurrencia. Se diría al contemplarlo que la naturaleza domesticada a base de miles de toneladas de fitosanitarios, herbicidas, fertilizantes y demás sustancias cancerígenas, es la obra de arte más acabada de todas las que el ser humano pudo concebir. Realmente uno iría flipando todo el tiempo si no fuese por el contrapunto de desazón espiritual que produce la orla de inmundicia que la chusma rodante se empeña en colocar a las carreteras. Hay de todo en las cunetas aunque lo que más pega el cante son las bazas de retrete partidas y las carcasas de televisión.
El otro día, no recuerdo por qué perdida carretera vi a un ejercito de camineros provistos de sofisticadas herramientas que iban recogiendo la basura de las cunetas y metiéndola en bolsas de color butano que luego dejaban arrumbadas para, supongo, su posterior recogida. La verdad es que daba gusto contemplar como iban quedando las cunetas. Y por supuesto que una vez retiradas aquellas, miles acaso, bolsas, la cosa quedará, por así decirlo, niquelada.
Curiosa sociedad ésta en la que vivimos en la que la basura de las cunetas se puede convertir en metáfora del sistema. Porque, veamos, qué destino les esperaría a esos ejércitos de camineros si la gente del común no hubiese desarrollado una especie de adicción gozosa (pleonasmo) a lanzar objetos por la ventanilla del coche cuando van rodando a toda velocidad. Es exactamente lo mismo que lo que pasaría con los ejércitos de camellos si se extinguiese la adicción a las drogas. O, para acabar, todas las adicciones promovidas por las modas que cada una tiene su ejército de mantenimiento. Y de ahí al pleno empleo, dos pasos. Bueno, no sé si esta teoría que les expongo estará ya consignada en "Sobre la riqueza de la naciones" de Adam Smith, pero de no estarlo bien pudiera haber cabido en ella.
En fin, por lo demás, no se pierdan el artículo de Arcadi Espada en El Mundo de hoy sobre los obispos vascos pidiendo perdón por su connivencia con ETA. Está claro, son los primeros que debieran haber ido a la cárcel. Y tras ellos los dirigentes de PNV, verdaderos artífices del desaguisado. Pero, ya digo, basura en las cunetas de la historia.
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