Ahí hay una cuestión filosófica, respondió Mark Zuckerberg a una de las preguntas que le hicieron ayer en el Senado. Desde luego que podía haber respondido lo mismo a todas y cada una de las preguntas que le hicieron. Porque ese embrollo de Facebook no me parece que sea más que la eterna cuestión entre libertad y seguridad. Sube la una, baja la otra. Y viceversa. Y más eterno problema aún, el de los malos que siempre andarán una jornada por delante de los buenos. Y que siempre se las ingenian para saltar todas las trampas y barreras que les ponen. Y así, al final, lo que explica Adam Smith, que si tienes que proteger tanto el huerto no te merece la pena cultivarlo.
Pero en eso consiste la labor de los políticos, en contar cuentos chinos para convencer al personal de que sí merece la pena cultivarlo porque ellos se encargan de controlar a los malos. Al final, claro, como en El Hombre que fue Jueves, es imposible identificar quien es el guardián y quién es el ladrón. El resto, ya, para que encajen todas las piezas, consiste en señalar chivos expiatorios. El pobre Mark, ayer, jugaba ese papel. Ya le quieren echar del puesto de presidente de la compañía que creó con su ingenio.
Ese es el gran problema que tiene y ha tenido siempre el mundo, que se despachan las cuestiones filosóficas con cuentos chinos. Y menos mal cuando los que los cuentan no se los creen, pero es que hay momentos en la historia en los que los que los cuentan se los creen y entonces sí que estamos apañados. En fin, cuando los ingenuos empiezan a acusar de cinismo a los que piensan: el comienzo de la debacle.
No sé, pero no me explico el porqué de ese interés de los políticos porque no se estudie la mitología griega. Si todos aquellos Senadores que preguntaban ayer a Zuckerberg hubiesen conocido la Teogonía de Hesíodo como supongo que conocerán las historietas de Hollywood, a buen seguro que no hubiesen necesitado tanta reiteración. Porque lo que pasa no es otra cosa que lo de Prometeo. Zuckerber está encadenado a una roca en el Cáucaso y todos los días viene un hacker ruso a roerle los hígados. Y así será hasta que Atenea le ayude a convertir la roca en un diamante.
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