Estoy releyendo, no sé por qué, una antología de los primeros estoicos griegos. Es uno de los poquísimos libros que salvé de las sucesivas quemas. Tampoco sé el porqué. El caso es que me ha hecho recordar aquella mañana que a falta de mejor cosa que hacer tiré calle Balmes arriba hasta las faldas del Tibidabo con la intención de encontrar la casa madre de los hare krishna. Por fin, di con ellos. El motivo de mi interés me lo había proporcionado precisamente la lectura de este librito que les digo. Es difícil, por no decir imposible, entender la doctrina estoica sin haber conocido antes los textos clásicos del hiduismo, el Bhagavadgita en concreto. Que no por casualidad fue que todo el rollo de la Stoa surgiese en Grecia a raíz de los viajes de conquista de Alejandro Magno a la India. Pues bien, resumiendo, había intentado comprar el Bhagavagita en las librería al uso y todo en vano, pero de mis pesquisas extraje la información de que seguramente los hare krishna me podían proporcionar uno. Y sí, me lo proporcionaron previo pago y un par de horas de tostón doctrinario. ¡Y qué le vamos a hacer si quienes profesan no lo pueden evitar!
El Bhagavagita ya no recuerdo ni cuando lo tire a la hoguera. Me pareció un prodigio de reiteraciones. Mil páginas se pueden resumir sin perder un ápice en estas pocas líneas:
"Su Belleza, el Bienaventurado (Krishna), dijo: cuando un hombre abandona todos los deseos, ¡oh Hijo de Arjuna!, que acuden a su mente, contento en sí mismo, consigo mismo, entonces se dice que es un hombre de firmes convicciones; con la mente libre de cuidados en las penas, libre de ansias en los placeres, libre de pasiones, de miedos y de cólera, es llamado sabio de espíritu resuelto; quien libre de afección en toda circunstancia, recibiendo bienes y males, ni los desea ni los rechaza, tiene una sabiduría bien establecida."
Pasar de todo, en definitiva. Vanitas vanitatis, una vez más. Y es que no es por casualidad que el gran instigador de la Stoa, un tal Zenón, hubiese decidido dedicarse a la filosofía después de recibir un varapalo en sus negocios que le dejó arruinado. Y así fue como dedujo que el fundamento del bien es vivir conforme a la naturaleza. Y de ahí la necesidad de estudiar la física para conocer qué es la naturaleza; la lógica, para razonar rectamente y así aplicar correctamente la ética que es el conjunto de leyes y prácticas que nos sirven para adaptarnos a la naturaleza.
Luego vino Nietzche y se descojonó de todo esto. Y yo con él. Y también, al parecer, un tal Ferrán Adriá que ayer aseguraba en un titular que es imposible comer natural. Porque vamos a ver, ¿qué es la civilización si no domesticar la naturaleza para adaptarla a una convivencia lo más pacífica posible? Claro que tampoco conviene pasarse no sea que la asfixiemos. Sí, desde luego que hace falta un equilibrio y ahí es donde cada uno hace de su capa un sayo y al que Dios se la dé, San Pedro se la bendice. Porque esa es la cuestión, que todos somos filósofos porque todos sabemos encontrar justificación a nuestras acciones. Lo más natural de todo. Sin duda.
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