Hoy, por fin, ha amanecido un día diez y yo lo voy a sentir mucho por las ingentes masas chusmáticas que no podrán disfrutarlo porque están entregadas en cuerpo y alma a autoconvencerse de que la guerra civil española fue entre el autoritarismo de los ganadores y los principios de los que la perdieron. Y siguen, y siguen, y siguen, incapaces de comprender que tanta insistencia es la prueba del nueve de que el invento no funciona. Claro, es lo que tiene ser chusma: poca formación, pero, sobre todo, nula inteligencia.
La cosa cada día se pone más graciosa. Ahora, como si la epopeya de haber sido perseguido por el franquismo ya estuviese un poco devaluada por la sobrexplotación a la que ha sido sometida, van los más listillos y listillas y le añaden un master en violación: ¡yo también fui violada! O violado, que, ya puestos, todos los agujeros sirven. Y no te digo nada ya si encima vas y denuncias a un vecino que maltrata a su perrito; entonces ya tienes un cum laude asegurado.
En fin, da igual, porque lo suyo es querer al tonto del pueblo. Y no por caridad, Dios mío, sino por simple egoísmo, ya que nos proporciona por comparación un puntal para la autoestima que no tiene precio. Porque, qué sería de mi comparándome todo el día con Glenn Gould, un malogrado, sin duda, como Thomas Bernhard, y perdonen mi erudición.
Así que nada, como la vecina del piso de abajo se me quejó educadamente de la matraca que le doy con mis ensayos musicales, ayer fui y me compré una guitarra eléctrica que con cascos solo oye el que la toca y poco más. Y esto es todo que ahora voy a agarrar la bicicleta y me voy a tirar a los caminos.
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