viernes, 20 de abril de 2018

Panglosismo








La comida en La Tata de Cuenca de Campos nos importó 25,15 €. María pidió de primero alubias con almejas y yo menestra. De segundo, los dos lechazo asado. Yo, de postre, me limité al café solo, magnífico por cierto como todo lo demás. María remató con arroz con leche más que nada, supongo, para poder poner su preceptivo perinquinoso pero. ¡Y que le vamos a hacer si eso parece aliviarla!

En resumidas cuentas que si te levantas, no lees los periódicos, agarras el coche y te vas hasta Villalón. Allí aparcas y tomas el camino que han acondicionado por donde antes iba uno de los ramales de aquel Tren Burra que interconectaba los principales núcleos de la Tierra de Campos. Un verdadero entretejido de raíles, por cierto, del que poca noticia se tiene. Pues bien, ahora, ese trozo de Medina de Rioseco a Villalón, pasando por Cuenca, es parte del Camino de Santiago que viniendo de Madrid va a juntarse con el ramal conocido como el Francés en Sahagún. 

En fin, yendo al grano, lo que quería decirles es que si no lees los periódicos y luego paseas por ese camino hasta Cuenca de Campos para comer allí en La Tata, bien podrás decir aquello de Panglós de que vives en el mejor de los mundos posibles, incluso, como habrán podido comprobar por las fotos que les muestro, con una estatua de Damien Hirst en el jardincillo con césped artificial de una casa modesta de Cuenca. Y ya no les digo si hubiesen visto a todos aquellos comarcanos venidos en sus mercedes a disfrutar de la comida de La Tata: sencillamente obsceno. Les hubiesen visto los de Amnistía Internacional y a buen seguro que les da algo. 

Y la cosecha, si los dioses no la tuercen, se intuye excepcional. 

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