Me encanta esta Reina que tenemos. De exactamente la misma edad que mis hijas y nacida en la misma ciudad, Vetusta, es muy probable que coincidiesen en la misma guardería, porque era a la que recurríamos los padres que veníamos pegándole duro en aquel final de época -todos lo son-. Como siempre, cuando un mundo se va, otro viene con ínfulas adánicas. La sinfonía del nuevo mundo. Mas de lo mismo. La mismas tragedias griegas para que nos entendamos.
El caso es que esta chica ha cogido el toro por los cuernos y se dedica en cuerpo y alma a la pedagogía de costumbres que es para lo que están los reyes. ¡Peruestu qué ye! La abuelita a la salida de misa se quiere hacer fotos con el brazo por encima de los hombros de las nietas, como si éstas hubiesen nacido en un piso de Moratalaz. ¡Por Dios, las formas, que una de ellas será la Reina de España! Bastante hago con tragarme estas putas misas que ya va siendo hora de que empecemos a ponerlas en el mismo sitio que los toros y demás morralla que entorpece nuestra puesta al día. Las reinas están para ser elegantes y apoyar causas nobles. Siempre desde la distancia y con su punto de frialdad porque, si no, el populacho se cree lo que no es: que todos somos iguales... la mayor y más demoledora fake news que fue capaz de concebir la estulticia humana. ¡Ni ante la ley, por Dios bendito!
Yo por mis hijas no sé si daría la vida, pero debo suponer que sí. Aunque sólo sea para quedar bien conmigo mismo. Pero mis nietos, por los que siento el lógico afecto, ya me quedan un poco lejanos. Y, desde luego, ni se me pasa por la cabeza organizar mi entretenimiento en función de ellos, por más que si se tercia pedalear por el páramo en su compañía estoy encantado. Pero no cada dos por tres, por favor, que yo no tengo colmillos.
Personalmente lo tengo superclaro: los abuelos donde mejor están es donde menos se les note. Y me parece del todo nefasta esa moda de los padres jóvenes de recurrir a los abuelos para ahorrarse los canguros. Porque, a la postre, les va a salir caro. Y es que, con las excepciones de rigor, los abuelos son demoledores para la educación de los niños. En esa relación abuelo nieto está el origen, no lo duden, de la plaga de hombres, y mujeres, blandengues que convierten el recoger las caquitas del perro en el principal objetivo de sus vidas.
En fin, por lo menos en esto de pegarle un corte a la abuelita, ¡tres hurras por Leticia!
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