A mi lúcido parecer, el gran problema de la democracia es que los verdaderos responsables de los acontecimientos que la ponen en peligro siempre se van de rositas. Manos y mentes ocultas instigan, financian y se refugian tras su poder institucional o financiero. Se sospecha de ellos, pero las sospechas sólo sirven para abrir procedimientos cuando los sospechosos son purria. Esa es la realidad y, en contra del famoso mantra, para lo que menos somos iguales es para la justicia.
En este aspecto concreto, el poder absoluto le da sopas con honda a la democracia. Al respecto siempre recordaré aquella curiosa anécdota de un noble aragonés que por los azares de la vida se vio en la tesitura de convertirse en Rey. Él no quería serlo porque sabía que el reino estaba muy revuelto por las disputas en curso entre los señores feudales. De todas formas, antes de tomar una decisión, subió al monasterio de Siresa a tomar consejo de un monje que había allí y del que todo el mundo se hacía lenguas sobre su sabiduría. Pues bien, el monje consultado en vez de abrir la boca llevó al noble hasta el huerto. Allí, en un cultivo de lo que fuese se dedicó a cortar con una tijera la parte de algunas plantas que sobresalía del resto. Luego acompañó al noble a la puerta y le despidió amablemente. Y así fue que el noble salió del monasterio cabizbundo y meditabajo, pero a medida que avanzaba camino de la corte se le iban aclarando las ideas. LLegó a la corte, aceptó el cargo y mandó reunir a todos los señores feudales del reino. Cuando les tuvo juntos, llamó a su guardia y la ordenó que cortase la cabeza a todos aquellos señores. Bueno, señalan las crónicas que el tal rey tuvo un reinado largo y fructífero. Lo uno por lo otro.
En fin, yo no es que vaya a decir ahora que la democracia es una mierda con la que hay que acabar, ni mucho menos. Pero no nos hagamos ilusiones, la única manera que tiene el país de solucionar sus grandes problemas es seguir el consejo del monje. En Cataluña y en el País Vasco hay unos cuantos magnates que a estas alturas y en buena justicia les correspondería estar tras las rejas. Todo lo demás mandangas que sólo sirven, como estamos viendo, para eternizar el desaguisado.
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