domingo, 9 de diciembre de 2018

Las transformaciones de Lorenz




Todavía no ha llegado el invierno y ya tenemos ahí a Perséfone asomando su naricilla respingona -perdón por la cursilada-. Es de esperar que todavía vengan día aciagos y se la chamusquen. Y tendrá que regresar a los infiernos en busca de cirugía reparadora. Después, con los primeros atisbos de primavera resurgirá y, por fin, se habrán cumplido los ciclos de la naturaleza conforme a derecho. 

Mi convencimiento es total al respecto. Modificas el cauce de un río por los motivos de rentabilidad que sean y no tardará en volver por donde solía que no es otra que la obra de millones de años de erosión. Y así todo por muchas ilusiones que los ingenuos se hagan con los superpoderes de la ingeniería, ya sea la civil, ya sea la financiera, ya sea, la más inútil de todas, sin la menor duda, la social. 

La ingeniería social  es, como digo, inútil, pero sobre todo perversa. Había antaño un dicho que hogaño ha desaparecido, supongo que por impolíticamente correcto, que afirmaba que una cosa gustaba más que a un tonto un lapicero. Pues no, no afinaba mucho el tropo; lo que en realidad les rechifla a los zoquetes es la ingeniería social. 

Yo comprendo que a ese tullido argentino que va en silla de ruedas se le perdone todo lo que dice porque parte el corazón pensar lo injusta que fue la madre naturaleza con él. Pero hay otros, como el coletas y así, a los que yo les partiría directamente la boca. Aunque claro, me temo que en la naturaleza nada pasa en vano y quizá si el coletas pretende lo que pretende sea porque tiene más tullido el espíritu que el argentino las piernas. En fin, que me entran ganas de rezar por ambos dos. 

Sí, en fin, rezar o lo que sea, pero algo tendríamos que hacer con toda esta caterva de tontos metidos a ingenieros sociales que nos asola. Gente toda ella discapacitada para la comprensión de las leyes generales de la física. Y no digo ya de la cuántica. Lo ignoran todo de las transformaciones de Lorenz, perdonen la pedantería. Y así nos quieren meter en jardines de los que una vez entrados sólo se puede salir a hostias. Ya me dirán ustedes a dónde nos quieren llevar con toda esa mierda de ¡fuera hormonas! y al que se niegue le castro. Ingenieros que lo ignoran todo de la resistencia de materiales. Realmente de chiste. Por eso, por lo visto, a ese maligno de Holywood que se tiraba a todas las aspirantes a estrellas, ahora, los tribunales de justicia le están exonerando de toda culpa. Es el río que se empeña en volver a su cauce. 

¡Ay, la naturaleza! Y la respingona naricilla de Perséfone que acabará necesitando cirugía reparadora. Y qué le vamos a hacer si frente a los elementos no somos nada. Y menos con coleta. Y ya no digo si los dioses te condenaron a la silla de ruedas. 

2 comentarios:

  1. ya sabes cómo está el patio,querido Pedro.Imagino que siempre ha sido así,pero tantos imbéciles por metro cuadrado...no lo recuerdo..qué quieres que te diga

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  2. Creo que fue Agustín de Foxá el que dijo aquello de que "está esto de idiotas que no cabe uno más"

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