El otro día leí un titular en el que se afirmaba que los fascistas no son los de VOX sino los nacionalistas vascos y catalanes. Por lo visto lo había dicho un tal Ignacio Gómez de Liaño, profesor universitario, reputado ensayista y unas cuantas cosas más. Bueno, menos mal, pensé, no soy el único que ve las cosas de tal manera. Por más evidentes que sean, pero, ya saben, también el rey iba desnudo y nadie quería verlo. Y si lo veían, que es lo más probable, callaban porque pensaban que así les iría mejor.
Lo del sentimiento supremacista de los vascos es algo que conozco a la perfección desde mis tiempos de estudiante en Valladolid. No paraban de hacer chistes a propósito de lo chaparrudos que eran los castellanos y lo arrugado que tenían el cogote. Los solían llamar suecos para exacerbar el menosprecio. Me solían invitar, por mis apellidos, a salir a cantar por la noche de Santa Águeda, pero yo, ya por entonces, y sin haber leído Hamlet, pasaba de las tradiciones como de la peste. Ya te digo, tradicionalista, ¿qué puede haber más retrógrado? Luego, me fui a continuar mis estudios a Madrid y les perdí de vista. Y sí, también en Madrid conocí a algún vasco, pero de los sin pelo de la dehesa. Habían estudiado en el colegio Estudio y me los encontraba siempre por los conciertos, los teatros y así, en aquel Madrid franquista en el que, desde luego, no nos moríamos de asco ni mucho menos.
Catalanes, también tuve algún amigo cuando empecé a trabajar por los hospitales. Buena gente y, por demás, moderna. De vez en cuando, como para hacer gracia, soltaban frases en catalán de las que ignorábamos su más profundo sentido. Som i serem, somos y seremos, una patochada a primera vista, que me costó años comprender, ya viviendo en Cataluña, que era una consigna de enganche al estilo del heil hitler de los nazis alemanes. Sin duda, algo infiltrado en las más recónditas fibras del ser por el persistente adoctrinamiento desde la cuna. Som i serem mejores, mucho mejores, que el resto de los españoles y no hay más que hablar.
Yo lo siento, pero nadie va a conseguir convencerme de que este cáncer vasco-catalán vaya a tener remedio, así, por las buenas, a base de la famosa conllevancia y los paños calientes. Esa enfermedad del supremacisma está archidescrita en los textos, tanto en sus síntomas como en su único tratamiento. El paciente alemán hizo de cobaya al respecto. Sólo cuando se les pasó por el tren de laminación abandonaron sus ridículas veleidades. Después, y sólo después de tener absolutamente garantizado su sometimiento sin reservas se fue generoso con ellos y se les ayudó a sacar lo mejor de sí mismos. Y ahí siguen, haciendo lo que mejor saben hacer y sin dar el coñazo por sus innegables logros.
Pues sí, eso pienso y, a estas alturas de la fiesta, sera difícil convencerme de otra cosa. El insoportable asunto vasco-catalán no tiene más solución que su pasada por el tren de laminación. Que queden más planchados que la camisa de un señorito cuando sale de conquista. No hay otra para curar la imbecilidad.
estimado Pedro,primero felicitarte el anho Nuevo,aunque estas cosas cada vez me la sudan más:Pienso exáctamente como tú,con respecto a nuestros superiores paisanos.He trabajado mucho y trabajo con Catalanes y Vascos,y sí,hay buena gente entre ellos..pero..De los alemanes qué quieres que te cuente,llevo más de la mitad de mi vida aquí y aún no he logrado identificar ese gen suyo,muy parecido al de los Catalanes pero más disimulado y sofisticado(los Catalanes , más cenutrios ,ya ni disimulan) que se les adhiere desde chiquitillos y ya no lo sueltan.Hasta en las guarderías lo he descubierto..esa especie de mirada..como por encima del hombro..no sé..habría que estudiar varias carreras para entenderlo,y ni aún así..Creo que adem´s no pueden evitarlo,como el que tiene una verruga en la nariz ,,inoperable,o el que es feo desde nacimiento.Un abrazo
ResponderEliminarNo sé, querido Nacho, pero de lo que si voy estando bastante seguro a estas alturas de la experiencia es que determinadas enfermedades del espíritu sólo se curan a hostias. Yo les desplegaba allí a la legión y a vivir que son dos días. Por lo demás Feliz Año como se suele decir. Una convención como otra cualquiera que sabe hacer su trabajo. Un abrazo.
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