Esto del cambio climático, calentamiento global o como quieran llamarlo, es algo parecido a lo del origen del universo, el funcionamiento del cerebro y cosas por el estilo, sobre las que se pueden tener muy fundadas sospechas pero nunca certezas. Y ahí residen todos los problemas, porque de lo que aquí se trata es de pedirle a la gente que deje de darse gustos, o evitar sufrimientos, por algo que solo es una sospecha. Un imposible metafísico, por decirlo de algún modo.
En realidad todo esto es más viejo que la nana. Prometeo royéndose los hígados, Faetón estrellando el carro del sol... la mitología clásica dejo el tema niquelado para el que bien quiera entender. Pero, eso, ¿quién ha querido entender alguna vez cuando las ganas de joder aprietan? Ya lo dice bien claro la canción estudiantil, que en tales circunstancias ni el culo de los muertos se respeta. Y es que la biología es la que es y solo somos relativamente capaces de controlarla cuando estamos ahítos o, dicho de otro modo, cuando acabamos de hacerla. Es, para que mejor se entienda, como el dogradicto que solo se siente capaz de desengancharse de su adicción en los escasos minutos siguientes al haberse chutado una dosis.
El mayor delito del hombre es el haber nacido, como bien dijo Segismundo. Una vez que ya estás aquí, automáticamente estás convertido en sujeto portador de angustia existencial. A partir de ahí me llamo Andana cada vez que alguien me pide que me restrinja. Es como el vecino que me decía el otro día que a él nadie le tiene que decir cual es el tamaño del coche que se tiene que comprar. Ya, totalmente de acuerdo, le contesté yo, pero conviene que el contenido se adapte al continente y, si su coche no puede pasar por aquí porque es muy grande pues entonces lo tiene chungo. Si, pero si usted quita las bicicletas yo puedo pasar. Ya, pero yo las tengo en el espacio que me corresponde por ley. Le podía haber añadido que el asunto estaba tomando les allures de una aporía, pero él es un hombre del campo que no sabe ni entiende de letras, así que aparté las bicicletas a la expectativa de que lo del contenido y el continente sea debidamente digerido, que tardará.
El caso es que me he enterado de que los suecos que, por lo que sea, son de los pocos nacionales que suelen ver un poco más allá de sus narices, han decidido quitar todo tipo de subvención a las ONGs que trabajan para que los niños nazcan y no se mueran. Porque, hay que dejarse de mandangas y ceñirse a lo que dijo uno de mi pueblo: "hay que evitar en la virtud de la beneficencia el acaloramiento de la compasión, que no solo expone a hacer inútil y estéril el bien, sino a ocasionar males de consideración."
Así que ya saben, a los mendigos, ni agua.
a los mendigos ,basta ver "viridiana"y ya está.
ResponderEliminarYa, y con Guzmán de Alfarache te doctoras.
ResponderEliminaro mi admirado Pablos...
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