Cuando uno iba de nihilista, o de vuelta de todo, disfrutaba mucho con "la espuma de los días" de Boris Vian y literatura por el estilo. Todos esos libros que uno leyó y de los que sólo recuerda el título si resultó ser afortunado. Como el que les he citado o, yo qué sé, "la insoportable levedad del ser", por poner otro ejemplo. Leer aquello era como beber vasos de agua; a la media hora ya los habías meado, pero te habían quitado la sed por un rato. La espuma de los días y la insoportable levedad del ser, o sea, por muy poético que pareciera ser no era más que más de lo mismo con lo que nos solemos desayunar a diario con la finalidad de que nos entren ganas de ir al retrete: los periódicos.
Luego te diste cuenta de que existían los agujeros negros. Toda esa espuma e insoportable levedad estaba siendo absorbida hasta no quedar ni rastro por el formidable poder de sugestión de tres astros en el centro de la galaxia: Esquilo, Sófocles y Eurípides. Y, para descomprimir un poco, le podías añadir las sitcoms de Aristófanes y si, ya, querías redondear, le podías añadir los monólogos del personaje Teofrasto que, para que se hagan una idea de qué van, sólo les diré que siguió fornicando con regularidad hasta que murió a los 107 años.
Sí, el descubrimiento de los agujeros negros es un hito fantástico en la historia de la humanidad, pero a nivel individual no significan nada hasta que no descubres que pueden ser metáfora de innumerables situaciones en el mundo que te rodea. En fin, si quieren profundizar siquiera someramente en este asunto, les recomiendo la tribuna de hoy en El Mundo: Portentosos Agujeros Negros, de un tal Rafael Bachiller. Bueno, y si quieren ir un poco más allá de lo somero, en youtube están colgados los ciclos de conferencias divulgativas que cada año imparten los del Instituto de Física Teórica. La verdad es que no sé cómo he podido andar tantos años por ahí hablando de lo humano y lo divino sin saber que existía ese Instituto y esas conferencias. Ahora, después de escucharlas ya sé que siempre he sido un fraude y que lo seguiré siendo hasta que cruce el Leteo.
viernes, 30 de noviembre de 2018
jueves, 29 de noviembre de 2018
Estratos sociales
A mi el fútbol siempre me ha importado una higa. De niño jugué alguna vez y no se me olvida aquella patada que me dieron en la cara y me puso un ojo negro. Una y no más. Y además, que yo he sido cualquier cosa en esta vida menos un atleta. Así que, para estar en condiciones de inferioridad, ¡que le den! Luego, ya, un poco mayor, empecé a comprender que tenía valores más allá del puro deporte. Los simbólicos de marras. Cuando lo de Franco, todos los un poco rebeldes nos sabíamos el catecismo marxista de que el fútbol se utilizaba por el régimen para tapar los problemas reales. Una vez más, opio del pueblo.
El fútbol, so capa de espectáculo, es sobre todo y ante todo un simbolismo. Pero no nos engañemos, un simbolismo de categoría carajonera. Les aclaro que carajonero es el adjetivo que empleaban las domésticas que había en casa de mis padres para calificar todo lo que carecía de sustancia. Para ellas, casi todo, ¡y qué razón tenían! Sí, el simbolismo del fútbol, como el de todos los deportes se presta poco a la especulación. Por supuesto que eso no quita para que a su costa corran ríos de tinta, pero no seamos ingenuos al respecto, porque el único agua que corre en esos ríos es el de la obviedad. Como suele decir Perico Delgado cuando retransmite el Tour de la France, "si consigue mantener las fuerzas no le pillarán, pero, si le fallan, le pillarán y todo el esfuerzo habrá sido en vano". Así es exactamente toda la crónica deportiva. Todo el mundo lo entiende porque no hay nada que entender. Basta con mirar y ver lo que pasa. Si fallas una pelota, pierdes, si la falla el adversario, pierde él. Elemental.
En cualquier caso, en esta vida lo que cuenta es la ilusión. Eso es exactamente lo que le dijo el mancebo de una farmacia a una novia mía cuando fue a comprar condones y le preguntó si eran buenos los que le estaba ofreciendo. La ilusión, eso que no sabemos hasta qué punto lo es todo. Porque algunos sostienen, eso, que lo es todo. Pero no vamos a entrar ahora en ese tipo de disquisiciones. Dejemos el asunto en que masas ingentes de población viven ilusionadas con su capacidad para interpretar el mundo a través de lo que pasa en las canchas deportivas.
En fin, no sé a cuento de qué viene todo esto que les estoy contando. Quizá es que en los últimos tiempos le vengo dando importancia a esto de los sistemas simbólicos y sobre todo porque me está pareciendo entender que es justamente en la diferente calidad intelectual de esos sistemas en donde reside el intríngulis de los estratos sociales. Los que interpretan el mundo a través de los deportes, desde luego, no me inspiran la menor confianza. Prefiero a los que, como Sheldon Cooper, utilizan las Bacantes de Euripídes para encajar las piezas. Lo siento, pero es que soy un pedante.
El fútbol, so capa de espectáculo, es sobre todo y ante todo un simbolismo. Pero no nos engañemos, un simbolismo de categoría carajonera. Les aclaro que carajonero es el adjetivo que empleaban las domésticas que había en casa de mis padres para calificar todo lo que carecía de sustancia. Para ellas, casi todo, ¡y qué razón tenían! Sí, el simbolismo del fútbol, como el de todos los deportes se presta poco a la especulación. Por supuesto que eso no quita para que a su costa corran ríos de tinta, pero no seamos ingenuos al respecto, porque el único agua que corre en esos ríos es el de la obviedad. Como suele decir Perico Delgado cuando retransmite el Tour de la France, "si consigue mantener las fuerzas no le pillarán, pero, si le fallan, le pillarán y todo el esfuerzo habrá sido en vano". Así es exactamente toda la crónica deportiva. Todo el mundo lo entiende porque no hay nada que entender. Basta con mirar y ver lo que pasa. Si fallas una pelota, pierdes, si la falla el adversario, pierde él. Elemental.
En cualquier caso, en esta vida lo que cuenta es la ilusión. Eso es exactamente lo que le dijo el mancebo de una farmacia a una novia mía cuando fue a comprar condones y le preguntó si eran buenos los que le estaba ofreciendo. La ilusión, eso que no sabemos hasta qué punto lo es todo. Porque algunos sostienen, eso, que lo es todo. Pero no vamos a entrar ahora en ese tipo de disquisiciones. Dejemos el asunto en que masas ingentes de población viven ilusionadas con su capacidad para interpretar el mundo a través de lo que pasa en las canchas deportivas.
En fin, no sé a cuento de qué viene todo esto que les estoy contando. Quizá es que en los últimos tiempos le vengo dando importancia a esto de los sistemas simbólicos y sobre todo porque me está pareciendo entender que es justamente en la diferente calidad intelectual de esos sistemas en donde reside el intríngulis de los estratos sociales. Los que interpretan el mundo a través de los deportes, desde luego, no me inspiran la menor confianza. Prefiero a los que, como Sheldon Cooper, utilizan las Bacantes de Euripídes para encajar las piezas. Lo siento, pero es que soy un pedante.
miércoles, 28 de noviembre de 2018
Cesar Antonio
Ser viejo, si conservas una salud aceptable y nunca fuiste nada de particular, no está ni tan mal. Bajas al Bariloche a desayunar, la camarera rubia, aunque sea de bote, te sonríe, algún vecino te cuenta un chascarrillo y, luego, que el pincho de tortilla con el café con leche te sabe a gloria. Perdonen que me reitere con lo de la tortilla, pero es que ¿cómo puede ser que un país se autoodie, como sostienen algunos, después de haber inventado la tortilla de patatas? Yo la colocaría en el centro de nuestra enseña nacional como otros ponen un sol. Pero, en fin, a lo que quería llegar es a que la experiencia parece demostrar que lo que es terrible es llegar a viejo para ser un donnadie después de haber sido un donmucho.
La historia está llena de estos pobres desgraciados que siempre acaban en lo mismo: decir que la juventud actual es un desastre y que el mundo se está yendo al carajo. Es, en definitiva, un consuelo de libro, ¿por qué te habría de preocupar el irte ya si lo que dejas es una mierda?
Viene a cuento esta manida reflexión a propósito de un artículo de un tal Cesar Antonio -bonito antagonismo- que fue ministro de cultura en un gobierno de cariz socialista y que, a día de hoy, a lo que se puede apreciar, entre otras cosas, en su artículo, echa pestes de sus antiguos correligionarios. Se ve que ya no le hacen puto caso y la rabia le ciega.
De todo lo que dice, que no es más que un cuento de la mona, lo que más gracia tiene es esa insistencia propia de los degradados por el alzheimer en poner como ejemplo de la degeneración de la juventud su gusto por celebrar con disfraces el halloween. Quizá si Cesar Antonio viese The Big Bang Theory comprendería algo elemental, que todas las juventudes de todos los tiempos se han autoafirmado creando su propio sistema simbólico para explicarse el mundo. Da igual que se trate de genios o de tontos, todos necesitan su cuadratura del círculo. Ya sea un Hércules o un Batman o Hombre Araña el caso es contar con una liga de la justicia que funcione. Y así todo.
Cesar Antonio, ¡que papis más previsores! Al bautizarle con ese nombre debieron pensar que ya todo el rato Cleopatra sería para él.
La historia está llena de estos pobres desgraciados que siempre acaban en lo mismo: decir que la juventud actual es un desastre y que el mundo se está yendo al carajo. Es, en definitiva, un consuelo de libro, ¿por qué te habría de preocupar el irte ya si lo que dejas es una mierda?
Viene a cuento esta manida reflexión a propósito de un artículo de un tal Cesar Antonio -bonito antagonismo- que fue ministro de cultura en un gobierno de cariz socialista y que, a día de hoy, a lo que se puede apreciar, entre otras cosas, en su artículo, echa pestes de sus antiguos correligionarios. Se ve que ya no le hacen puto caso y la rabia le ciega.
De todo lo que dice, que no es más que un cuento de la mona, lo que más gracia tiene es esa insistencia propia de los degradados por el alzheimer en poner como ejemplo de la degeneración de la juventud su gusto por celebrar con disfraces el halloween. Quizá si Cesar Antonio viese The Big Bang Theory comprendería algo elemental, que todas las juventudes de todos los tiempos se han autoafirmado creando su propio sistema simbólico para explicarse el mundo. Da igual que se trate de genios o de tontos, todos necesitan su cuadratura del círculo. Ya sea un Hércules o un Batman o Hombre Araña el caso es contar con una liga de la justicia que funcione. Y así todo.
Cesar Antonio, ¡que papis más previsores! Al bautizarle con ese nombre debieron pensar que ya todo el rato Cleopatra sería para él.
martes, 27 de noviembre de 2018
No me lo creo
Hace un par de días leí una noticia que me llamó la atención con fuerza. Hoy leo a Arcadi Espada y veo que a él también. Y es que el asunto se las trae desde nuestro, puede que pacato, punto de vista moral. La cosa va de que los chinos han empezado a hacer con las personas justo lo mismo que hace tiempo se viene haciendo con las plantas, es decir, modificarlas genéticamente para hacerlas inmunes a ciertas plagas. Sin duda se pudiera tratar de uno de esos pasos de gigante en la evolución de la especie. Hay que tener en cuenta que lo que nos bajó de las ramas no fue más que eso, una mutación que sólo se diferencia de ésta de los chinos en que aquella fue azarosa y ésta es calculada.
Y he dicho que se pudiera, o sea, subjuntivo que quiere decir que lo dejo en hipotético, porque me cuesta creer que estemos viviendo ya en una novela de ciencia ficción. O en la peor pesadilla. En cualquier caso lo que sería deseable es tener una idea fiable de en qué estadio se encuentra el conocimiento al respecto de reproducir a la carta. Porque si el conocimiento siempre ha creado abismos entre las personas, en este caso pudiera ser que el abismo estuviese llegando ya hasta los infiernos. Pero ya digo, no me lo creo. Todo eso de la eugenesia. No quiero ni pensar en los tormentos a los que nos someterían los dioses si les robásemos ese fuego.
Y he dicho que se pudiera, o sea, subjuntivo que quiere decir que lo dejo en hipotético, porque me cuesta creer que estemos viviendo ya en una novela de ciencia ficción. O en la peor pesadilla. En cualquier caso lo que sería deseable es tener una idea fiable de en qué estadio se encuentra el conocimiento al respecto de reproducir a la carta. Porque si el conocimiento siempre ha creado abismos entre las personas, en este caso pudiera ser que el abismo estuviese llegando ya hasta los infiernos. Pero ya digo, no me lo creo. Todo eso de la eugenesia. No quiero ni pensar en los tormentos a los que nos someterían los dioses si les robásemos ese fuego.
lunes, 26 de noviembre de 2018
A tope topero
Tengo alguna experiencia en cuidados intensivos y por eso me río de todo este montaje de los medios de comunicación para dar la impresión de que el sistema polític0 que nos proporciona estabilidad siempre está en la UVI. Como también tengo unos cuantos conocimientos de historia puedo asegurarles que la situación actual del mundo en general y de la de nuestra casa en particular sólo tiene problemillas de tres al cuarto que se solucionan en su mayoría acudiendo al médico de cabecera del ambulatorio. Pero, claro, también comprendo que es de mucho consuelo para la chusmilla pararse en las esquinas a hablar con sus vecinos de las preocupaciones -enfermedades las suelen llamar- que les ha empujado a realizar esas visitas al ambulatorio. En fin, c´est la vie.
Sí, mi muy fundada impresión es que las máquinas, sobre todo los ordenadores de los Ministerios de Hacienda, lo tienen todo más o menos controlado para que nada material nos falte, pero ¡ay, el espíritu!, en eso estamos como cuando nuestros primeros padres fueron expulsados del paraíso... o sea, mal, muy mal, llenos de miedos y envidias que tratamos de paliar por procedimientos mayormente equivocados. Así, al final, se cierra el círculo: el gran consuelo del desgraciado es desayunarse todos los días escuchando y leyendo noticias que anuncian algo así como la gran debacle. Luego, después, nos salvamos por los pelos y de inmediato inventamos un nuevo despropósito que nos dé sensación de caos... vidilla en definitiva.
Porque vidilla, lo que se dice vidilla, como en una UVI en ningún lado. A tope topero.
Sí, mi muy fundada impresión es que las máquinas, sobre todo los ordenadores de los Ministerios de Hacienda, lo tienen todo más o menos controlado para que nada material nos falte, pero ¡ay, el espíritu!, en eso estamos como cuando nuestros primeros padres fueron expulsados del paraíso... o sea, mal, muy mal, llenos de miedos y envidias que tratamos de paliar por procedimientos mayormente equivocados. Así, al final, se cierra el círculo: el gran consuelo del desgraciado es desayunarse todos los días escuchando y leyendo noticias que anuncian algo así como la gran debacle. Luego, después, nos salvamos por los pelos y de inmediato inventamos un nuevo despropósito que nos dé sensación de caos... vidilla en definitiva.
Porque vidilla, lo que se dice vidilla, como en una UVI en ningún lado. A tope topero.
domingo, 25 de noviembre de 2018
Vasos idóneos
Estuve el otro día curioseando por una larga entrevista que le hacían a Camile Paglia en QUILLETTE, una de esas revistas para intelectuales que hacen sudar al que intenta hincarles el diente. Bueno, no es que entendiese mucho porque, a D. G., no estoy al tanto de la jerga académica de las soft sciences, es decir de la palabrería con pretensiones redentoras. En definitiva: millones de toneladas de paja para extraer un kilo de grano.
El caso es que en el proceloso mar de esa entrevista pillé un pecio que me hizo reflexionar. Otra vez más es la pilule la que está en el centro de la gran debacle. Porque, ¿y si resultase que la contracepción hubiese resultado ser una liberación para hombre y una pérdida de peso específico para la mujer? Porque, al fin y al cabo, ¿no era la conciencia omnipresente de la reproducción un muro de contención para el hombre? Roto el muro, ¡viva la Pepa! Ahora sí que lo de mujer objeto toma su sentido primigenio. Lo que antes estaba sólo al alcance de los reyes ahora lo está al de cualquier chisgarabís. Porque esa es la realidad incuestionable, que ahora los hombres vierten en vaso idóneo como quien se toma una copa o cosa por el estilo sin atisbos de la menor transcendencia más allá de lo que el ir sumando "conquistas", o marcar muescas, pudiera aportar a las personalidades narcisistas, que son casi todas.
Resumiendo, que si he sabido interpretar a la Sra. Paglia, ese movimiento de las metoos podría ser la consecuencia natural de la progresiva toma de conciencia por parte de las mujeres de que, a la postre, lo que les ha traído la pilule ha sido fundamentalmente su conversión en vasos idóneos como decía Don Quijote. Antaño, como cantábamos los estudiantes, sólo las más tontas cedían su prenda dorada. La prenda dorada, un triunfo que las mujeres tenían en la manga y que bien jugado les podía resolver la vida. Ahora, para eso, para resolver su vida, no les queda más remedio que hacer la mili con el inconveniente de que para semejante entrenamiento los estrógenos tienen que complementarse con mucha inteligencia para poder competir con los andrógenos. Y es que, ¡la biología no engaña!
viernes, 23 de noviembre de 2018
Bullipolleces
Tengo a Arcadi Espada y a Salvador Sostres, cada uno a su manera, por dos de mis gurús favoritos. Lo cual no quita para que no pueda dejar de apreciar en ellos esa especie de pelo de la dehesa que es como un ADN inherente a todo lo que tiene que ver con Cataluña. Haberse criado en esa región imprime carácter, que no en vano se haga lo que se haga y se esconda uno donde se esconda no tendrá forma de librarse de escuchar siete millones de veces al día la palabra Cataluña o cualquiera de sus derivados semánticos y nunca, absolutamente nunca, en términos de autocrítica, o siquiera autoanálisis, no, siempre será, ya sea para autoalabarse o, en su defecto, cantar las miserias de los que nos odian por pura envidia de lo maravillosos que somos. Sí, la verdad, debe ser muy duro tener que cargar con ese fardo de estupidez de por vida.
El caso es que ahora andan mis dos gurús catalanes muy compungidos porque acaba de salir la nueva versión de la Guía Michelin, esa biblia para horteras refinados, y no les ha gustado un pelo las jerarquías que en ella se establecen. ¡Por dios bendito, cómo pueden mentes brillantes como las suyas andar en esas patochadas! Acaso ignoran que todo lo que se come será mierda en menos de veinticuatro horas.
La verdad es que desde casi siempre me ha resultado difícil aceptar lo del refinamiento tal y como lo entiende el mundo que me rodea. Esa fascinación por lo caro en definitiva. ¡Qué falta de imaginación! Como si la comida más sofisticada en el restaurante más caro se pudiese comparar con una conversación inteligente y más si está adobada por los sobreentendidos de una amistad duradera. No, tío, eso de las estrellas está bien para hacer negocios o seducir a una golfa. Pero para gente con clase está de más. Con una casa de comidas limpia con un servicio amable va que chuta y mete gol.
En fin, que todo eso que pasa en Cataluña no tiene nada de raro cuando a sus mejores cabezas les aparece el pelo de la dehesa a nada que les rascas. Las bullipolleces que dice Sánchez Dragó, que será todo lo que ustedes quieran pero nunca hortera.
El caso es que ahora andan mis dos gurús catalanes muy compungidos porque acaba de salir la nueva versión de la Guía Michelin, esa biblia para horteras refinados, y no les ha gustado un pelo las jerarquías que en ella se establecen. ¡Por dios bendito, cómo pueden mentes brillantes como las suyas andar en esas patochadas! Acaso ignoran que todo lo que se come será mierda en menos de veinticuatro horas.
La verdad es que desde casi siempre me ha resultado difícil aceptar lo del refinamiento tal y como lo entiende el mundo que me rodea. Esa fascinación por lo caro en definitiva. ¡Qué falta de imaginación! Como si la comida más sofisticada en el restaurante más caro se pudiese comparar con una conversación inteligente y más si está adobada por los sobreentendidos de una amistad duradera. No, tío, eso de las estrellas está bien para hacer negocios o seducir a una golfa. Pero para gente con clase está de más. Con una casa de comidas limpia con un servicio amable va que chuta y mete gol.
En fin, que todo eso que pasa en Cataluña no tiene nada de raro cuando a sus mejores cabezas les aparece el pelo de la dehesa a nada que les rascas. Las bullipolleces que dice Sánchez Dragó, que será todo lo que ustedes quieran pero nunca hortera.
jueves, 22 de noviembre de 2018
Capacidades especiales
Aparte de que el Senado de la Nación haya dedicado el día de ayer a la, por rotunda, muy heroica y arriesgada condena del franquismo, en lo que quería detenerme hoy es en otro de los no menos contundentes logros de ese consejo de, por ancianos, sabios. Es el que hace referencia a lo que hoy día se conoce como capacidades especiales y antaño, cuando eramos bárbaros, subnormalidad. Los más bestias decían "monky" por el cierto aire mongol que exhiben los rasgos faciales de los afectados por el síndrome de Down.
«Hoy se supera una injusticia, hoy las personas con discapacidad son más libres y más iguales, hoy gana la inclusión social, hoy ganamos todos los españoles», ha señalado el portavoz de Ciudadanos. «El texto que hoy votamos no es el mejor, pero no es un mal texto», ha admitido el senador del PSOE Nemesio de Lara. Por su parte, faltaría más, la senadora de Unidos Podemos Miren Gorrochategui, ha mostrado sus dudas por la posible limitación a la que deja resquicio la enmienda que introdujo el PP en el Congreso. La senadora del PP Susana Camarero ha defendido que se aprueba una reforma «sin restricciones», ha deseado que «se ponga en marcha cuanto antes» y ha pedido un «último impulso» para que «13.000 personas con discapacidad en Andalucía puedan votar el próximo 2 de diciembre». ¡Extraña unanimidad! Aunque sea por un puro alarde de la nada, bienvenido sea.
O sea, resumiendo, que la Cámara Alta ha ratificado, como es preceptivo para que sea operativa, un ley emitida por la Cámara Baja que hace referencia al derecho que tienen las personas con "capacidades especiales" a votar en los comicios. En otro apartado, off de record por supuesto, se señala que en realidad se trata de las personas con discapacidades intelectuales. O sea, que no cabe hacer chistes con estas cosas. Aunque sólo sea por caridad cristiana.
Lo que quiero decirles, para que quede claro, es que, al margen del profundo respeto y máxima admiración y simpatía que siento por las familias a las que la madre naturaleza castiga con una de sus torpezas, como dicen los catalanes, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Y una cosa es que la comunidad preste todo el apoyo posible, compasión dicen unos, solidaridad otros, a esas familias maltratadas por el azar y otra cosa es la seriedad con la que nos debiéramos tomar el asunto éste de la democracia cuya máxima expresión se sustancia en la emisión del voto, sí, pero del voto responsable. Porque si el voto, ya de entrada, no es responsable, apaga y vámonos.
Y aquí es á donde quería llegar: ¿es posible que un discapacitado intelectual pueda emitir un voto responsable? Bueno, eso, al parecer, depende de lo que nuestros sabios senadores entiendan por responsabilidad. Y, de rebote, lo que entienden por democracia. Quizá sea que para los señores políticos lo de discapacitado intelectual sea una cosa muy relativa que ¿a ver quién es el listo que está libre de algo de eso? En fin, cuando me entero de estas cosas siempre me consuelo recordando aquella frase que dijo un presidente argentino con patillas con ocasión de estar su nación con el agua al cuello: "estamos mal, pero vamos bien". ¡Oye, hay que ser positivo!
«Hoy se supera una injusticia, hoy las personas con discapacidad son más libres y más iguales, hoy gana la inclusión social, hoy ganamos todos los españoles», ha señalado el portavoz de Ciudadanos. «El texto que hoy votamos no es el mejor, pero no es un mal texto», ha admitido el senador del PSOE Nemesio de Lara. Por su parte, faltaría más, la senadora de Unidos Podemos Miren Gorrochategui, ha mostrado sus dudas por la posible limitación a la que deja resquicio la enmienda que introdujo el PP en el Congreso. La senadora del PP Susana Camarero ha defendido que se aprueba una reforma «sin restricciones», ha deseado que «se ponga en marcha cuanto antes» y ha pedido un «último impulso» para que «13.000 personas con discapacidad en Andalucía puedan votar el próximo 2 de diciembre». ¡Extraña unanimidad! Aunque sea por un puro alarde de la nada, bienvenido sea.
O sea, resumiendo, que la Cámara Alta ha ratificado, como es preceptivo para que sea operativa, un ley emitida por la Cámara Baja que hace referencia al derecho que tienen las personas con "capacidades especiales" a votar en los comicios. En otro apartado, off de record por supuesto, se señala que en realidad se trata de las personas con discapacidades intelectuales. O sea, que no cabe hacer chistes con estas cosas. Aunque sólo sea por caridad cristiana.
Lo que quiero decirles, para que quede claro, es que, al margen del profundo respeto y máxima admiración y simpatía que siento por las familias a las que la madre naturaleza castiga con una de sus torpezas, como dicen los catalanes, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Y una cosa es que la comunidad preste todo el apoyo posible, compasión dicen unos, solidaridad otros, a esas familias maltratadas por el azar y otra cosa es la seriedad con la que nos debiéramos tomar el asunto éste de la democracia cuya máxima expresión se sustancia en la emisión del voto, sí, pero del voto responsable. Porque si el voto, ya de entrada, no es responsable, apaga y vámonos.
Y aquí es á donde quería llegar: ¿es posible que un discapacitado intelectual pueda emitir un voto responsable? Bueno, eso, al parecer, depende de lo que nuestros sabios senadores entiendan por responsabilidad. Y, de rebote, lo que entienden por democracia. Quizá sea que para los señores políticos lo de discapacitado intelectual sea una cosa muy relativa que ¿a ver quién es el listo que está libre de algo de eso? En fin, cuando me entero de estas cosas siempre me consuelo recordando aquella frase que dijo un presidente argentino con patillas con ocasión de estar su nación con el agua al cuello: "estamos mal, pero vamos bien". ¡Oye, hay que ser positivo!
miércoles, 21 de noviembre de 2018
Sin un par
Cela, que tenía su gracia, dedicó todo un libro a la palabra cojones. Rastreó el idioma a fondo y recopiló todas las expresiones en las que esa palabra era piedra angular del sentido. Por ejemplo: "el cura de Morata de Tajuña se rasca los cojones con la uña" o "los cojones del cura de Villalpando los llevan cuatro bueyes y van sudando". Sí, había en el libro muchas referencias a los atributos masculinos de los servidores de dios en la tierra. Pero es que, no sólo los curas están aquí bien dotados. Aquí, tenerlos como el caballo de Santiago, o más bien del de Espartero, es cosa que, como el valor al soldado, se le supone a cualquier chichirimundi. En Madrid, sin ir más lejos, hay una cadena de zapaterías de nombre "con un par". ¿Lo cogen? Por supuesto que en su primera acepción están refiriéndose a un par de zapatos, pero todo el mundo sabe que por detrás están jugando a la más española manera de balandronear: ¡con un par de cojones! Aunque ya, de tan manido, baste decir ¡con un par! para que todo el mundo lo entienda.
Sí, aquí, decir cojones es decir polisemia. Y toda la dialéctica merecedora de tal nombre se puede resumir en la confrontación de los opuestos "con un par" y "no hay cojones". Más allá de eso nos tenemos que resignar al almidonado y planchado de pañitos para el altar.
Viene esto a cuento del asunto ese que si de verdad hubiese habido un par ya estaría resuelto. Pero resulta que después de tanto balandroneo no hubo cojones. Y ahí sigue el dictador en su Valle esperando a que venga alguien que los tenga más grandes que los del cura de Villarejo de Salvanés que le llegan hasta los pies. En fin, no sabía con quién se las había este doctorcillo de tres al cuarto que ahora tendrá que salir por la puerta pequeña y con el rabo entre las piernas... sin un par.
Sí, aquí, decir cojones es decir polisemia. Y toda la dialéctica merecedora de tal nombre se puede resumir en la confrontación de los opuestos "con un par" y "no hay cojones". Más allá de eso nos tenemos que resignar al almidonado y planchado de pañitos para el altar.
Viene esto a cuento del asunto ese que si de verdad hubiese habido un par ya estaría resuelto. Pero resulta que después de tanto balandroneo no hubo cojones. Y ahí sigue el dictador en su Valle esperando a que venga alguien que los tenga más grandes que los del cura de Villarejo de Salvanés que le llegan hasta los pies. En fin, no sabía con quién se las había este doctorcillo de tres al cuarto que ahora tendrá que salir por la puerta pequeña y con el rabo entre las piernas... sin un par.
martes, 20 de noviembre de 2018
Payant
Uno ha necesitado llegar a muy viejo para caer en la cuenta de que la única epopeya merecedora de tal nombre es la de la conquista del conocimiento. Todo lo que somos como especie se lo debemos al conocimiento y en el camino de su consecución se fueron dejando la piel los únicos héroes reales de quienes tenemos noticia. La lista es larga porque la extensión del campo a conquistar es prácticamente infinita. Aunque como en todo también en esto hay jerarquías o cumbres más altas accesibles sólo a los más dotados, los predestinados a permanecer en la memoria colectiva más allá de las modas del momento e incluso de las de los siglos. Ténganlo por seguro, el mundo habrá olvidado de largo quienes fueron Hitler o Stalin, por citar los dos monstruos más admirados del siglo pasado, pero Einstein seguirá siendo referencia imprescindible mucho tiempo después de que haya sido superado, que seguro que lo será como en su día lo fue Newton que, sin embargo, ahí sigue como una de las estrellas que más refulguen en el firmamento de las divinidades humanas.
Por eso es, pienso ahora, que nuestras vidas de mediocres no tengan mejor uso que el de tratar de adentrarse por los espacios que iluminaron esas mentes clarividentes. Ir descubriendo las maravillas que hay en ellos nos ayuda, fundamentalmente, a descubrirnos a nosotros mismos que, no nos engañemos, es el gran reto de la vida.
Les cuento estas milongas, porque ando, otra vez más, adentrándome por las Feynman Lectures. Reconozco que son endiabladamente complicadas para mis facultades cognitivas, pero el tesón es payant, que dicen los franceses. Bueno, no quiero ponerme pesado, ni menos pedante, aunque eso no lo vea tan mal, sólo decirles que no creo que nunca antes haya dedicado mis ocios a algo tan intenso. Todo lo que he leído en mi vida al lado de esto es bastante filfa, la verdad. Por eso no me extraña nada que Feynman haya pasado a ocupar un puesto preeminente en la mitología de la parte más ilustrada de la sociedad. De la ilustrada de verdad, quiero decir, no de la erudita tipo "Cifu para los amigos" que vienen a ser uno de los peores cánceres del mundo.
lunes, 19 de noviembre de 2018
La Rubia y El Doctor
Leo hoy un artículo de Berta González de la Vega sobre la Andalucía profunda que está a punto de ir de nuevo a las urnas. En realidad, cualquier lector avisado podría titular ese artículo como "El gran fraude de la democracia". Pocas veces he escuchado hablar a "la Rubia" pero me han bastado para darme cuenta de que aparte de ignorante es una perfecta sinvergüenza, digna discípula de aquel destacado vendedor de burros teñidos que fue Felipe González de la Gonzalera. Pero oír hablar a la rubia es un atraso para hacerse una idea de lo que es de verdad: su esencia se capta infinitamente mejor viéndola expresarse con el sonido en off. El otro día la estaba viendo así en una comparecencia en el Parlamento de la Nación a donde había sido convocada por no sé qué asuntos de corrupción que la concernían de cerca. La miraba y no podía quitarme de la cabeza a una gitana vendedora de baratijas que estuvimos fiscalizando mi nieto y yo este verano en el mercadillo instalado en la Plaza Mayor de Villalón. Estábamos sentados en una terraza al otro lado de la calle que nos permitía verla pero no escucharla. Pero daba igual. Hacíamos apuestas cada vez que se le acercaba alguna señora a fisgar la mercancía. Pocas conseguían salir de allí con las manos vacías. La gesticulación lo era todo. Como la de la serpiente del Génesis, absolutamente irresistible para aquella pobre gente de bajísima condición sin duda... como la que hoy describe en su artículo Berta y que, a la postre, van a ser los que decidan quiénes serán nuestros gobernantes.
A mí todo esto no es que me preocupe ni mucho ni poco, simplemente me distrae. La Rubia es el perfecto espectáculo de feria de pueblo. Como la mujer barbuda o algo así. Se esfuerza en perfeccionar sus trucos porque está muy motivada para pillar. Es en lo que ganan por goleada esos partidos que se dicen de izquierdas a los que se dicen de derechas: motivación para pillar. Y es que les va mucho más en ello su sustento y el de sus hijos. Claro, ya me dirán a dónde van a ir que más pillen La Rubia y el Dr. I Suppose con esos curriculums académicos que tienen. Un Rajoy, por contra, por mucho que se empeñe nunca se le podrá ir de la cabeza la idea del "que os den" haciendo mutis por el foro para ir a forrarse con su oficio original.
Esa es la cuestión fundamental por la que la democracia siempre acaba por abocar a lo mismo: el gobierno de los peores. Los mejores, por definición, nunca estarán motivados para la política. Hay infinidad de campos mucho más atractivos para dar rienda suelta a la creatividad y el disfrute. Pero, en fin, personalmente estoy tranquilo al respecto, porque pienso que si en algo las apariencias engañan es sobre todo en esa cosa del gobernar. Ahí sí que pienso que es verdad incontrovertible que unos llevan la fama y otros cardan la lana. Francamente, me resulta absolutamente impensable que personajes como La Rubia o El Doctor puedan estar decidiendo por sí mismos cualquier cosa que nos vaya a afectar. No, estos sólo están para dar espectáculo. Para gobernar están las estructuras de poder con sus doctorados de verdad. Sería muy improbable que las cosas sean como son si las órdenes no saliesen de consejos de gente debidamente preparada. En fin, La Rubia y El Doctor, buen título para una película protagonizada por Alfredo Landa y Gracita Morales, Q.E.P.D..
A mí todo esto no es que me preocupe ni mucho ni poco, simplemente me distrae. La Rubia es el perfecto espectáculo de feria de pueblo. Como la mujer barbuda o algo así. Se esfuerza en perfeccionar sus trucos porque está muy motivada para pillar. Es en lo que ganan por goleada esos partidos que se dicen de izquierdas a los que se dicen de derechas: motivación para pillar. Y es que les va mucho más en ello su sustento y el de sus hijos. Claro, ya me dirán a dónde van a ir que más pillen La Rubia y el Dr. I Suppose con esos curriculums académicos que tienen. Un Rajoy, por contra, por mucho que se empeñe nunca se le podrá ir de la cabeza la idea del "que os den" haciendo mutis por el foro para ir a forrarse con su oficio original.
Esa es la cuestión fundamental por la que la democracia siempre acaba por abocar a lo mismo: el gobierno de los peores. Los mejores, por definición, nunca estarán motivados para la política. Hay infinidad de campos mucho más atractivos para dar rienda suelta a la creatividad y el disfrute. Pero, en fin, personalmente estoy tranquilo al respecto, porque pienso que si en algo las apariencias engañan es sobre todo en esa cosa del gobernar. Ahí sí que pienso que es verdad incontrovertible que unos llevan la fama y otros cardan la lana. Francamente, me resulta absolutamente impensable que personajes como La Rubia o El Doctor puedan estar decidiendo por sí mismos cualquier cosa que nos vaya a afectar. No, estos sólo están para dar espectáculo. Para gobernar están las estructuras de poder con sus doctorados de verdad. Sería muy improbable que las cosas sean como son si las órdenes no saliesen de consejos de gente debidamente preparada. En fin, La Rubia y El Doctor, buen título para una película protagonizada por Alfredo Landa y Gracita Morales, Q.E.P.D..
domingo, 18 de noviembre de 2018
Pájaros
Esto cada vez se parece más a aquella pesadilla de Hitchcock llamada Los Pájaros. Miro a las ventanas del frente y cuento: una, dos, tres... hasta diez cagadas. Y eso que Teresa limpió no se cuantas el martes pasado. Es que al atardecer aparecen unas bandadas de pájaros, cuyo nombre y procedencia desconozco, que se lanzan de forma aleatoria por las tres dimensiones del espacio cartesiano que es la calle y, a lo que se ve, cuando están en la parte alta del recorrido, por las razones que sean, les entran ganas de cagar y ahí que os va. Luego están las palomas. La gente inventa multitud de artilugios con el fin de ahuyentarlas, pero todo ello no es más que desvestir a un santo para vestir doblemente a otro. Los alfeizar de las ventanas son otra de las tareas asquerosas que le aguardan a Teresa cada martes. Por no hablar de los bancos de la pequeña alameda que tenemos aquí abajo, que sirven para cualquier cosa que no sea sentarse en ellos. A los pies de las farolas, ni les digo. Pero es que miro por las ventanas de atrás y los tejados están rebosantes de palomas que no paran de fornicar. Total, que he escrito al ayuntamiento sugiriéndoles procedimientos de control de natalidad que pudieran pasar desapercibidos a las hordas animalistas que nos asolan.
Aquella película que tanto tiempo de lucubraciones me llevó antes de caer en la cuenta de qué iba. Los pájaros como metáfora de lo peor del ser humano. Esas palabras impulsadas por la envidia, el rencor y todo lo peor que alberga el alma humana que intentan picotear hasta la destrucción al ser al que van dirigidas. Aquel pueblo de almas mezquinas -¡menudo pleonasmo!- no podía soportar verse en el espejo de aquella pareja de gente normal, o sana si mejor quieren. Una chica mona de afuera se apropia de macho codiciado de adentro. ¡Insoportable! Y más viejo que el mundo. Sí, eso eran aquellos pájaros, los comentarios destructivos que iban invadiendo el pueblo de forma exponencial a medida que los unos a los otros se daban confianza. Al final, como aquella pareja era gente normal, o sana, deciden tomar las de Villadiego. Y todo vuelve a la calma. Es decir, a esa calma contenida que es la esencia de las pequeñas comunidades. Ollas a presión a las que les salta el pitorro a nada que les aumente un grado la temperatura. Bueno, ya saben que el aumento de temperatura no es otra cosa que el agitarse más las moléculas. Porque la realidad es que las moléculas se agitan incluso a temperaturas cercanas al cero absoluto, osea, a -273º Celsius. No te digo, ya, como lo harán a los veintitantos que suele hacer en las costas más codiciadas del planeta. Como donde estaba ubicado aquel pueblo de la película.
Bueno, no sé a cuento de qué viene todo esto que les acabo de contar. Simplemente, supongo, es que paso demasiado tiempo sentado en este sillón y no sé qué otra cosa hacer para ahuyentar la sensación de puto aburrimiento. No sé, quizá si pudiese ayudar a algún niño con sus deberes de matemáticas...
Aquella película que tanto tiempo de lucubraciones me llevó antes de caer en la cuenta de qué iba. Los pájaros como metáfora de lo peor del ser humano. Esas palabras impulsadas por la envidia, el rencor y todo lo peor que alberga el alma humana que intentan picotear hasta la destrucción al ser al que van dirigidas. Aquel pueblo de almas mezquinas -¡menudo pleonasmo!- no podía soportar verse en el espejo de aquella pareja de gente normal, o sana si mejor quieren. Una chica mona de afuera se apropia de macho codiciado de adentro. ¡Insoportable! Y más viejo que el mundo. Sí, eso eran aquellos pájaros, los comentarios destructivos que iban invadiendo el pueblo de forma exponencial a medida que los unos a los otros se daban confianza. Al final, como aquella pareja era gente normal, o sana, deciden tomar las de Villadiego. Y todo vuelve a la calma. Es decir, a esa calma contenida que es la esencia de las pequeñas comunidades. Ollas a presión a las que les salta el pitorro a nada que les aumente un grado la temperatura. Bueno, ya saben que el aumento de temperatura no es otra cosa que el agitarse más las moléculas. Porque la realidad es que las moléculas se agitan incluso a temperaturas cercanas al cero absoluto, osea, a -273º Celsius. No te digo, ya, como lo harán a los veintitantos que suele hacer en las costas más codiciadas del planeta. Como donde estaba ubicado aquel pueblo de la película.
Bueno, no sé a cuento de qué viene todo esto que les acabo de contar. Simplemente, supongo, es que paso demasiado tiempo sentado en este sillón y no sé qué otra cosa hacer para ahuyentar la sensación de puto aburrimiento. No sé, quizá si pudiese ayudar a algún niño con sus deberes de matemáticas...
viernes, 16 de noviembre de 2018
Precocinados
En su artículo de hoy en ABC nos cuenta Pedro Cuartango que un científico de Caltech asegura que todas nuestras decisiones son tomadas por motivos inconscientes que nuestro cerebro tiende a racionalizar. Huelga decir que para mí, a estas alturas de la vida, semejante apreciación es casi religión. Si de algo soy consciente ahora es de que prácticamente nada de lo que hice en la vida tuvo una previa programación racional. Todo fue surgiendo como por ensalmo y después, por lo que fuere, quise algo así como justificarme a mi mi mismo por medio de invenciones peregrinas.
Así es que también he elaborado una teoría que pretende explicar por qué sigo apegado a esta rutina de mirar los digitales después de desayunar. Al parecer lo que me impulsa es la esperanza de encontrar un artículo de Pedro Cuartango. También tengo fijación con los de Arcadi Espada y pare usted de contar. Si ando muy aburrido puedo hincarle el diente a alguien más, pero, por lo general, como quien oye llover. ¿Por qué ya sólo soporto a esos dos? Bueno, porque creo percibir una cierta sensación de euforia después de leerlos. Sus lucubraciones me deben producir, por lo que sea, algún tipo de secreción hormonal de consecuencias placenteras.
Por lo demás, prefiero tocar la guitarra o escuchar inglés. Y no por nada, que también en esto fabriqué mi teoría, y es que soy tan zote para la una y otra cosa que insistir en ellas tratando de detectar leves avances se ha convertido en mi casi única razón de querer continuar viviendo, es un decir. Así, me suelo enganchar a la BBC que, ahora, con el móvil, tienes todos sus canales a disposición allí donde quiera que estés. Y bueno, ayer me pasé media mañana mirando Sky News que retransmitían el debate parlamentario sobre ese asunto del Brexit y, tengo que reconocerlo, había momentos que me parecía estar viendo la noche sitcom del canal Neox. Insistía la Sra. May en iniciar sus respuestas de más de lo mismo a todos y todas utilizando la fórmula honorable señor, honorable señora. Ya ven, aquí, que lo único merecedor de tal tratamiento es el chorizo catalán, en fin, cosa de latitudes. Pero, bueno, entendía bastante y eso me bastaba para insistir, porque por lo demás, ya digo, pura sitcom de baja calidad.
Así que, siguiendo sin saber por qué lo hago, voy a bajar al Bariloche a desayunar un pincho de tortilla y después me voy a llegar en bicicleta al Lidl a comprar algunas viandas. En resumen, que no somos nada y menos sin los pinchos del Bariloche y los precocinados de Lidl... o de Mercadona.
Así es que también he elaborado una teoría que pretende explicar por qué sigo apegado a esta rutina de mirar los digitales después de desayunar. Al parecer lo que me impulsa es la esperanza de encontrar un artículo de Pedro Cuartango. También tengo fijación con los de Arcadi Espada y pare usted de contar. Si ando muy aburrido puedo hincarle el diente a alguien más, pero, por lo general, como quien oye llover. ¿Por qué ya sólo soporto a esos dos? Bueno, porque creo percibir una cierta sensación de euforia después de leerlos. Sus lucubraciones me deben producir, por lo que sea, algún tipo de secreción hormonal de consecuencias placenteras.
Por lo demás, prefiero tocar la guitarra o escuchar inglés. Y no por nada, que también en esto fabriqué mi teoría, y es que soy tan zote para la una y otra cosa que insistir en ellas tratando de detectar leves avances se ha convertido en mi casi única razón de querer continuar viviendo, es un decir. Así, me suelo enganchar a la BBC que, ahora, con el móvil, tienes todos sus canales a disposición allí donde quiera que estés. Y bueno, ayer me pasé media mañana mirando Sky News que retransmitían el debate parlamentario sobre ese asunto del Brexit y, tengo que reconocerlo, había momentos que me parecía estar viendo la noche sitcom del canal Neox. Insistía la Sra. May en iniciar sus respuestas de más de lo mismo a todos y todas utilizando la fórmula honorable señor, honorable señora. Ya ven, aquí, que lo único merecedor de tal tratamiento es el chorizo catalán, en fin, cosa de latitudes. Pero, bueno, entendía bastante y eso me bastaba para insistir, porque por lo demás, ya digo, pura sitcom de baja calidad.
Así que, siguiendo sin saber por qué lo hago, voy a bajar al Bariloche a desayunar un pincho de tortilla y después me voy a llegar en bicicleta al Lidl a comprar algunas viandas. En resumen, que no somos nada y menos sin los pinchos del Bariloche y los precocinados de Lidl... o de Mercadona.
jueves, 15 de noviembre de 2018
La belleza
La percepción de la belleza es algo tan personal que todo intento de trasmisión está condenado al fracaso de antemano. Más que nada, supongo, porque está íntimamente ligada a estados del alma, ya sean de absoluta serenidad, ya sean de frenesí de enamoramiento, o yo qué sé, que son momentáneos e intransferibles.
Pongamos por caso una idea. Ayer les contaba acerca de la que tuvo Eratóstenes. La belleza, por limpia y simple, de su forma de medir la circunferencia de la Tierra tomando como punto de partida un hallazgo casual que para el común de los mortales no era más que una curiosidad sin la menor trascendencia. Un día vas y descubres esa historia y te emocionas. Y entonces, como estoy haciendo ahora, lo cuento porque quiero que mi emoción se trasmita para que el mundo sea un poco más feliz. ¡Sancta simplicitas! Mi ya cristalizado escepticismo me dice que eso es como arrojar a la hoguera de las vanidades un mondadientes usado.
Y bueno, estos días pasados murió Lucho Gatica. Sin su Barca y su Reloj aquella adolescencia hubiese sido mucho más erial si cabe. Entre las hormonas disparadas, la niña de mis sueños, un guateque y esas canciones... la repanocha. Eran, sus canciones, como esas enzimas que desatan reacciones en cadena. No se necesitaban ni dos compases para convertirte en gelatina. ¡Virgen Santísima, Madre del Verbo Divino, pero qué es esto! ¿Diseño divino o simple truco de la naturaleza para perpetuar la especie? Buenas ganas de ponerse a discutirlo con lo divertido que es recrearse en la nostalgia.
Y de la nostalgia a la melancolía. Ese parque otoñal en esta Palencia anclada en los tiempos de Don Jorgito. Ya no suenan los batanes pero se extiende el aroma a café que viene del otro lado del río. Pasarán más de mil años muchos más y ahí seguiremos sacudiendo las alfombras desde los triforios de la catedral. Bueno, y bordando los pinchos de tortilla. Belleza obliga.
miércoles, 14 de noviembre de 2018
Antisocialismo en vena
Tiendo a pensar que todos, o mejor dicho, los peores males del mundo actual se deben a los socialistas. Desde luego que tengo razones para pensar así. Les citaré, por enésima vez, tres que comparto con mentes de reconocida solvencia: incapacidad intelectual para la comprensión de sistemas complejos, pereza mental para afrontar retos y cobardía para hacerse cargo de la propia vida. Pues bien, hoy viene una entrevista en El Mundo a Jordan B. Peterson que en términos generales confirma las razones que les he dado. Bueno, en YouTube tienen para cansarse de este señor. Me limitaré a transcribirles sus particulares tablas de la ley:
1. Enderézate y mantén los hombros hacia atrás
2. Trátate a ti mismo como si fueras alguien que depende de ti
3. Traba amistad con aquellas personas que quieran lo mejor de ti
4. No te compares con otro, compárate con quien eras tú antes
5. No permitas que tus hijos hagan cosas que detestes
6. Antes de criticar a alguien, asegúrate de tener tu vida en orden
7. Dedica tus esfuerzos a hacer aquello que te convenga
8. Di la verdad, o por lo menos no mientas
9. Da por hecho que el otro puede saber algo que tú no sabes
10. A la hora de hablar, exprésate con precisión
11. Deja en paz a los chavales que montan en monopatín
12. Si te encuentras un gato, acarícialo.
Espero, y perdonen mi arrogancia, que cuando lean lo de los hombros hacia atrás o lo de acariciar a un gato, tengan muy en cuenta lo de que entre los tres o cuatro más importantes descubrimientos de la humanidad está la metáfora.
En fin, somos como somos y algunos incluso frikis. Al respecto, siempre pienso en Eratóstones, uno de mis ídolos favoritos. Alguien le dice, oye, Eratos, he descubierto un pozo en el desierto al que la luz del sol le llega hasta el fondo el día más largo del año. Pues bien, allí estuvo el pozo iluminado durante miles de años sin servir para más que proporcionar agua a las caravanas de camellos, que ya es bastante en el desierto. Pero, ya digo, hasta que se enteró el friki: a partir de ahí el mundo supo las dimensiones de la nave en la que estaba viajando por el espacio infinito. Y cuentan las crónicas que Eratóstenes, a los ochenta años o así, se quedó ciego y, entonces, ni corto no perezoso, dejó de comer. No quería dar la vara a nadie. Desde luego que si a algo no me importaría apostarme lo que fuese es a que Eratóstenes no albergaba veleidades socialistas. Y no por nada sino porque como demostró hasta su final, segunda regla de Peterson, se trató a sí mismo como alguien que dependía de si mismo. Antisocialismo en vena.
1. Enderézate y mantén los hombros hacia atrás
2. Trátate a ti mismo como si fueras alguien que depende de ti
3. Traba amistad con aquellas personas que quieran lo mejor de ti
4. No te compares con otro, compárate con quien eras tú antes
5. No permitas que tus hijos hagan cosas que detestes
6. Antes de criticar a alguien, asegúrate de tener tu vida en orden
7. Dedica tus esfuerzos a hacer aquello que te convenga
8. Di la verdad, o por lo menos no mientas
9. Da por hecho que el otro puede saber algo que tú no sabes
10. A la hora de hablar, exprésate con precisión
11. Deja en paz a los chavales que montan en monopatín
12. Si te encuentras un gato, acarícialo.
Espero, y perdonen mi arrogancia, que cuando lean lo de los hombros hacia atrás o lo de acariciar a un gato, tengan muy en cuenta lo de que entre los tres o cuatro más importantes descubrimientos de la humanidad está la metáfora.
En fin, somos como somos y algunos incluso frikis. Al respecto, siempre pienso en Eratóstones, uno de mis ídolos favoritos. Alguien le dice, oye, Eratos, he descubierto un pozo en el desierto al que la luz del sol le llega hasta el fondo el día más largo del año. Pues bien, allí estuvo el pozo iluminado durante miles de años sin servir para más que proporcionar agua a las caravanas de camellos, que ya es bastante en el desierto. Pero, ya digo, hasta que se enteró el friki: a partir de ahí el mundo supo las dimensiones de la nave en la que estaba viajando por el espacio infinito. Y cuentan las crónicas que Eratóstenes, a los ochenta años o así, se quedó ciego y, entonces, ni corto no perezoso, dejó de comer. No quería dar la vara a nadie. Desde luego que si a algo no me importaría apostarme lo que fuese es a que Eratóstenes no albergaba veleidades socialistas. Y no por nada sino porque como demostró hasta su final, segunda regla de Peterson, se trató a sí mismo como alguien que dependía de si mismo. Antisocialismo en vena.
lunes, 12 de noviembre de 2018
Tan esquivo
Ésta es la columna que está justo enfrente de la puerta de mi portal. Vivo en una calle porticada que pudiera ser una delicia si no fuese porque nos gobierna gente descomunal y malandrina. Miles de perros orinan a diario en las columnas y esquinas, por no hablar de las preceptivas cagadas de cada día que esa es la otra parte de la historia que al parecer hace las delicias del respetable que las pisa y esparce por el pavimento. Pero es que, además, mi calle tiene una alameda en el centro con bancos que no sirven para nada porque todos ellos sin excepción tienen una costra de dos centímetros de excremento de pájaro. Claro, miro por la ventana y no veo otra cosa que palomas fornicando. Es increíble la vida que se pega esa especie animal, por otra parte santificada por los comunistas por razones que se me escapan. Bueno, quizá porque viven en manada y follan todos con todas y viceversa.
El caso es que estas cosas me producen un malestar difuso que no es que me amargue la vida, pero me pone en el disparadero de actuar so pena de entrar en fase de pudrición del espíritu. Así que ayer, cogí, agarré, hice esa foto que les muestro y se la envié al alcalde con un escrito en el que con la mayor delicadeza de la que fui capaz le pedía me diese algunas razones por las que debiera resignarme a vivir rodeado de semejante cantidad de inmundicia. Y no es que yo tenga la menor esperanza de que mi acción vaya a tener alguna consecuencia positiva, pero el simple hacer algo que sobrepasa la mera queja ya me alivia el malestar.
De todas formas, sea como sea, convendrán conmigo en que esta actitud generalizada de tolerancia casi total al hecho de vivir rodeado de inmundicia de mascota es algo que no debiera ser pasado por alto aunque sólo fuera en el plano de lo simbólico. ¿Qué nos está queriendo indicar esa inquietante extensión de la coprofilia? Millones de personas salen a la calle a jugar a las caquitas con sus perros. Desde luego que con las de sus hijos no muestran semejante agrado; se limitan a pasar el trámite de limpiarlas con pinzas a la nariz y el convencimiento de que es algo pasajero. Pero con las de los perros, es un romance de por vida. Desde luego que ahí la psicología evolutiva tendría mucho en lo que hurgar. Porque no es algo que afecte a mentes torpes ni mucho menos, que ahí están Shopenhauer y su heredero espiritual Houelebecq que no se cansan de repetir que el hombre no ha alcanzado ni de lejos el nivel moral del perro. Y en eso coinciden al cien por cien con otra mente que si no preclara, sí la más admirada por las masas en el siglo XX, la de un tal Hitler.
En fin, últimamente he leído en los periódicos algunos artículos que hacen referencia a este hecho de momento indescifrado. Estoy convencido de que no va a pasar mucho tiempo antes de que se produzca una reacción en cadena y no haya cabeza pensante que no diga la suya al respecto, porque sus implicaciones son tan variadas y manifiestas que, diría, no hay aspecto de la vida que no se pueda analizar a su luz... o más bien oscuridad... porque mira que es oscura esa ligazón sentimental con esos seres que son absolutamente sumisos a sus dueños en todo menos en lo de cagar y mear donde les viene en gana. Quizá, me digo, el que resuelva ese enigma nos librará de esta plaga de inmundicia lo mismo que Edipo libró a los habitantes de Tebas de otra al descifrar el enigma de la Esfinge que no era más que algo tan obvio como que lo mejor para los viejos es llevar bastón. En fin, tan simple y, sin embargo, tan esquivo.
domingo, 11 de noviembre de 2018
Populismo antipopulista
Este mundo de la política está lleno de paradojas. Quizá la causa de ello sea el gusto, o la necesidad, de las mentes simples por las etiquetas. Este es de derechas, este de izquierdas, este nazi, este comunista y todos, absolutamente todos, que ahí sí que no hay salvación, votos obligan, populistas. Ya digo, una simpleza, porque cualquier mente mínimamente desarrollada sabe que el mundo se rige por el principio de incertidumbre. Y eso es así porque nadie es monolítico: el que es muy bueno para una cosa es pésimo para otras y viceversa. Supongo que la naturaleza hace que las cosas sean así por haber llegado a la conclusión de que es la mejor manera de que la especie se perpetúe.
El caso es que por esas paradojas que les digo fue que, en su día, un dictadorzuelo que se valía de los curas para dignificar su mano de hierro, fuese también el primer gobernante propiamente socialdemócrata de nuestra historia. Multiplicó exponencialmente las escuelas y hospitales y universalizó el sistema de pensiones. Ya ven, la chusma simplista sólo le recuerda por su mano de hierro, pero su construcción del estado del bienestar nadie la podrá borrar por los siglos de los siglos porque los documentos que lo acreditan duermen en los archivos a la espera de que gente imparcial venga a despertarlos.
Todo esto viene a cuento de que acabo de leer la columna de Arcadi Espada en El Mundo. Va de las obras que el gobierno, que dicen popululista, de Madrid esta haciendo en el centro de la ciudad con el fin de civilizarla. Porque esta es la palabra que mejor le va a aumentar el espacio para los peatones a la vez que se disminuye el dedicado a los coches. Sobre todo los coches privados que son los que molan a la chusma de derechas, que también la hay y no menos que de la de izquierdas que le dicen. Sí Madrid, en mi opinión, tal y como son las cosas ahora, es una puta mierda. Por cada metro para el peatón hay cien para el motorizado. El ruido es insoportable. El hacinamiento en los escasos metros peatonales, igual. Da una sensación de primitivismo penosa. Y más, cuando uno ve que en tantas ciudades de por ahí hacia el norte llevan ya muchos años tomando medidas para aliviar tanta irracionalidad.
"En fin, solo quería decir, ¡oh madrileños antipopulistas!, que sería muy fuerte dejar que Carmena representara la nueva urbanidad." Así termina el artículo de Arcadi que les recomiendo vivamente leer. Y no sólo porque en su segunda línea llame delincuentes a los que sacan a pasear a sus repulsivas mascotas úricas, también por la maravillosa descripción que hace de la, digamos, chusma de derechas... como si la chusma necesitase adjetivos. Pues eso, dejemos de adjetivar y vayamos a lo que importa: la civilidad. Populismo antipopulista, para que nos entendamos.
El caso es que por esas paradojas que les digo fue que, en su día, un dictadorzuelo que se valía de los curas para dignificar su mano de hierro, fuese también el primer gobernante propiamente socialdemócrata de nuestra historia. Multiplicó exponencialmente las escuelas y hospitales y universalizó el sistema de pensiones. Ya ven, la chusma simplista sólo le recuerda por su mano de hierro, pero su construcción del estado del bienestar nadie la podrá borrar por los siglos de los siglos porque los documentos que lo acreditan duermen en los archivos a la espera de que gente imparcial venga a despertarlos.
Todo esto viene a cuento de que acabo de leer la columna de Arcadi Espada en El Mundo. Va de las obras que el gobierno, que dicen popululista, de Madrid esta haciendo en el centro de la ciudad con el fin de civilizarla. Porque esta es la palabra que mejor le va a aumentar el espacio para los peatones a la vez que se disminuye el dedicado a los coches. Sobre todo los coches privados que son los que molan a la chusma de derechas, que también la hay y no menos que de la de izquierdas que le dicen. Sí Madrid, en mi opinión, tal y como son las cosas ahora, es una puta mierda. Por cada metro para el peatón hay cien para el motorizado. El ruido es insoportable. El hacinamiento en los escasos metros peatonales, igual. Da una sensación de primitivismo penosa. Y más, cuando uno ve que en tantas ciudades de por ahí hacia el norte llevan ya muchos años tomando medidas para aliviar tanta irracionalidad.
"En fin, solo quería decir, ¡oh madrileños antipopulistas!, que sería muy fuerte dejar que Carmena representara la nueva urbanidad." Así termina el artículo de Arcadi que les recomiendo vivamente leer. Y no sólo porque en su segunda línea llame delincuentes a los que sacan a pasear a sus repulsivas mascotas úricas, también por la maravillosa descripción que hace de la, digamos, chusma de derechas... como si la chusma necesitase adjetivos. Pues eso, dejemos de adjetivar y vayamos a lo que importa: la civilidad. Populismo antipopulista, para que nos entendamos.
viernes, 9 de noviembre de 2018
Shopenhauerianas
"El chef cántabro Francisco Cotera, accésit al mejor concepto de tapa en el Concurso Nacional". Así es el titular de una noticia en un diario santanderino. Y entonces piensas, pero, bueno, ¿es que Santander está lleno de imbéciles?, pues sí, es indudable, pero no más que cualquier otro sitio. Concepto de tapa, ¡ya te digo!, seguro que Revilluca ha tenido que ver algo con la ocurrencia. ¿No hubiera bastado con tapa a secas? Pues nó, se ve que a los imbéciles les sabía a poco. Pero, en fin, entre imbéciles anda el juego y a ellos les sirve para no hundirse. Como los que sueltan eso de heteropatriarcado y sienten una hemorragia de empatía con las bolleras, ahí es nada.
Por otra parte, leo en un artículo de Félix Ovejero una frase de oro: "Cuando faltan los patrones inequívocos de tasación prosperan las miserias humanas." Por eso es, exactamente, por lo que ya sólo me interesa la ciencia conocida como básica. O dura. Porque tiene patrones inequívocos de tasación. Si el experimento no confirma las predicciones se tiran las ecuaciones a la papelera y se pasa a otra cosa. Sin embargo, cuando la ciencia es blanda, es decir, basada en palabrería, ¿dónde encuentras una tasación inequívoca para ellas? Ahí, la experiencia universal a través de los siglos enseña que siempre ganan los embaucadores y, acto seguido, a matarse los unos a los otros para dirimir.
Así que no hay salvación posible. De vez en cuando, por el querer de los dioses benevolentes, surge un gobernante como Rajoy que sustenta toda su acción en el sentido común. Es decir en la única tasación aproximadamente inequívoca que tienen las acciones humanas. El sentido común, por definición, no es sentido de parte, sino de experiencia histórica, de saber cómo afrontaron nuestros antepasados los casos semejantes al que nos traemos entre manos y qué resultados obtuvieron. Y ahí, en los resultados, entra la estadística y, con ella, el principio de incertidumbre. El sentido común acepta la incertidumbre y por ello se arriesga con prudencia. Desgraciadamente los dioses benévolos pocas veces se imponen a los malévolos y por tal es que el sentido común sea por lo general apartado para dar paso a la razón de parte que siempre es la certeza indemostrable de los estúpidos.
Total que, por unas cosas y otras es que la ciencia avance sin parar y las acciones humanas sigan estancadas en la noche de los tiempos. Para un sensato en alguna parte hay mil millones de imbéciles gritando blasfemia porque una pobre mujer ha bebido agua de un pozo que sólo admite bebedores de una determinada religión. Y así corre el mundo y al parecer no hay poder humano que pueda hacer nada para remediarlo. Ya nos lo advirtió Shopenhauer.
Por otra parte, leo en un artículo de Félix Ovejero una frase de oro: "Cuando faltan los patrones inequívocos de tasación prosperan las miserias humanas." Por eso es, exactamente, por lo que ya sólo me interesa la ciencia conocida como básica. O dura. Porque tiene patrones inequívocos de tasación. Si el experimento no confirma las predicciones se tiran las ecuaciones a la papelera y se pasa a otra cosa. Sin embargo, cuando la ciencia es blanda, es decir, basada en palabrería, ¿dónde encuentras una tasación inequívoca para ellas? Ahí, la experiencia universal a través de los siglos enseña que siempre ganan los embaucadores y, acto seguido, a matarse los unos a los otros para dirimir.
Así que no hay salvación posible. De vez en cuando, por el querer de los dioses benevolentes, surge un gobernante como Rajoy que sustenta toda su acción en el sentido común. Es decir en la única tasación aproximadamente inequívoca que tienen las acciones humanas. El sentido común, por definición, no es sentido de parte, sino de experiencia histórica, de saber cómo afrontaron nuestros antepasados los casos semejantes al que nos traemos entre manos y qué resultados obtuvieron. Y ahí, en los resultados, entra la estadística y, con ella, el principio de incertidumbre. El sentido común acepta la incertidumbre y por ello se arriesga con prudencia. Desgraciadamente los dioses benévolos pocas veces se imponen a los malévolos y por tal es que el sentido común sea por lo general apartado para dar paso a la razón de parte que siempre es la certeza indemostrable de los estúpidos.
Total que, por unas cosas y otras es que la ciencia avance sin parar y las acciones humanas sigan estancadas en la noche de los tiempos. Para un sensato en alguna parte hay mil millones de imbéciles gritando blasfemia porque una pobre mujer ha bebido agua de un pozo que sólo admite bebedores de una determinada religión. Y así corre el mundo y al parecer no hay poder humano que pueda hacer nada para remediarlo. Ya nos lo advirtió Shopenhauer.
jueves, 8 de noviembre de 2018
Incorregibles
Primero fueron novelas de aventuras. Lo inauguré a los once años con "Guillermo el Conquistador" de Richmal Crompton. De inmediato cayó toda la saga guillermina y con ella ya me quedaron mitificados para siempre jamás los suburbios londinenses con sus fences de tablas superpuestas. Por eso no me parece raro que mi progenie habite en ellos. Pero bueno, eso es lo de menos. Luego, ya, vino la aventura a lo bestia, Isla del Tesoro, Conde Montecristo, Los Tres mosqueteros, Robinsón Crusoe, etc., que sin duda contribuyeron a inculcarme esta especie de afición a columpiarme en la incertidumbre, o inseguridad, que me ha acompañado a lo largo de la vida. Y ya, en plena juventud, el ansia de comprender el alma humana a través de Los Hermanos Karamazov, Rojo y Negro, Madame Bovary y así. Nada en definitiva que no hubiese experimentado ya contemplando el mundo que me rodeaba. Así que entré en la época del ensayo y ¡madre mía, qué rollo! Me pregunto ahora, cuántos de aquellos ladrillos empezados conseguí acabar. Pocos o ninguno, da igual, porque lo verdaderamente bueno comenzó cuando cayó en mis manos La Ilíada y después Heródoto, y Tucídides, y Tito Livio, y Plutarco... y esos sí que los acababa todos e incluso los repetía. Porque en la historia, por fin, empecé a reconocerme en lo que soy yo y también a los que me rodean. A partir de ahí ya sólo me quedaban para rematar los clásicos del Siglo de Oro. Es nuestro principal privilegio de españoles, poder leer eso en la propia lengua. Y allá cada cual en cómo sabe aprovecharlo.
Y así de peldaño en peldaño, sin comerlo ni beberlo, me vi ya a las puertas de la ancianidad con casi todos los escepticismos a las espaldas. Y digo casi porque de pronto empezó a haber algo en lo que me pareció encontrar el fundamento de todo lo que había ido construyendo en el aire a lo largo de la vida. La frustración elemental del existir es eso, construir en el aire. Sin los conocimientos básicos de lo que estás hecho tú y el mundo que te rodea, todo lo demás es charlatanería. Es la ciencia, pienso ahora, el único suelo en el que podemos pisar firme sin temor a que se quiebre bajo nuestros piés. Sólo la ciencia puede predecir y por eso es la única representación de un posible dios entre nosotros. Saber de qué va la materia, cómo interactúan sus partículas elementales y demás, es la única pista que tenemos para adentrarnos en la comprensión de nuestra incorregible lujuria. Así que...
Y así de peldaño en peldaño, sin comerlo ni beberlo, me vi ya a las puertas de la ancianidad con casi todos los escepticismos a las espaldas. Y digo casi porque de pronto empezó a haber algo en lo que me pareció encontrar el fundamento de todo lo que había ido construyendo en el aire a lo largo de la vida. La frustración elemental del existir es eso, construir en el aire. Sin los conocimientos básicos de lo que estás hecho tú y el mundo que te rodea, todo lo demás es charlatanería. Es la ciencia, pienso ahora, el único suelo en el que podemos pisar firme sin temor a que se quiebre bajo nuestros piés. Sólo la ciencia puede predecir y por eso es la única representación de un posible dios entre nosotros. Saber de qué va la materia, cómo interactúan sus partículas elementales y demás, es la única pista que tenemos para adentrarnos en la comprensión de nuestra incorregible lujuria. Así que...
miércoles, 7 de noviembre de 2018
Civirivirí, porompompón
Ahora voy y me entero de que la agencia estatal de la cosa estadística, entre otras muchas cosas mide la felicidad de los ciudadanos por comunidades autónomas. Desde luego que hay que ver los grados de atrevimiento -la ignorancia siempre se dijo que es osada- que exhibe el Estado Socialdemócrata, perdonen por el pleonasmo. A mí estas cosas me recuerdan a los chistes de la infancia como aquel de uno que va y se pone un colador junto al culo, se tira un pedo y dice: ¿adivina por qué agujero ha salido? Claro, a buen seguro un socialdemócrata daría la respuesta exacta.
La felicidad es cosa de canciones adolescentes. Chivirivirí, porompompón, chivirivirí, porompompón, vamos a la playa, calienta el sol. Y ya está. Entonces vas y ves aquel corto en el que Casen va en el seiscientos con toda su familia, suegra incluida, y la correspondiente balumba, a pasar el domingo en la playa de Castelldefels. Y te haces mayor.
Sí, te haces mayor y te relajas. Y de vez en cuando, para saborear la felicidad, vas y te bebes unas botellas con los amigos. Después, vuelves a las maniobras de mantenimiento. Y en eso consiste la vida, botellas y mantenimiento. Del sabio equilibrio entre ambas constantes depende el que no acabes echando pestes por estar vivo.
Pero bueno, en cualquier caso esas estadísticas sobre la felicidad quizá sirvan para saber quienes son, si no felices, sí los más tontos de todos. Porque mira que hay que ser tonto para ir diciendo por ahí que eres feliz. Ni feliz ni desgraciado, que eso es una curva sinusoide con sus máximos y sus mínimos y los correspondientes puntos de inflexión. Una cuestión de cálculo infinitesimal. Muy complicado de entender para el vulgo.
La felicidad es cosa de canciones adolescentes. Chivirivirí, porompompón, chivirivirí, porompompón, vamos a la playa, calienta el sol. Y ya está. Entonces vas y ves aquel corto en el que Casen va en el seiscientos con toda su familia, suegra incluida, y la correspondiente balumba, a pasar el domingo en la playa de Castelldefels. Y te haces mayor.
Sí, te haces mayor y te relajas. Y de vez en cuando, para saborear la felicidad, vas y te bebes unas botellas con los amigos. Después, vuelves a las maniobras de mantenimiento. Y en eso consiste la vida, botellas y mantenimiento. Del sabio equilibrio entre ambas constantes depende el que no acabes echando pestes por estar vivo.
Pero bueno, en cualquier caso esas estadísticas sobre la felicidad quizá sirvan para saber quienes son, si no felices, sí los más tontos de todos. Porque mira que hay que ser tonto para ir diciendo por ahí que eres feliz. Ni feliz ni desgraciado, que eso es una curva sinusoide con sus máximos y sus mínimos y los correspondientes puntos de inflexión. Una cuestión de cálculo infinitesimal. Muy complicado de entender para el vulgo.
martes, 6 de noviembre de 2018
Behetrerías
Yo, cuando veo en la prensa titulares así es que me parto: "El Gobierno amenaza con una ley para cerrar los lugares públicos que exalten a Franco". De ser llevada a cabo la amenaza, de entrada habría que echar la persiana al 90, y me quedo corto, por ciento de los bares de estas tierras de behetría en las que vivo. Me harían polvo porque en el de la esquina de abajo, el Bariloche, donde suelo desayunar unos pinchos de tortilla fuera de serie, no se abre la boca para otra cosa que para hacer chistes en los que Franco se ríe de los socialistas. Y en La Parrilla de Villalobón, tortilla exquisita también, me explicaba el dueño el otro día un método infalible para que Franco quede en el Valle de los Caídos por siempre jamás. Se incineran sus restos y se tiran las cenizas sobre el Valle desde un helicóptero, me decía. Al final uno ya no sabe si lo que quiere la gente es más que pierdan los socialistas que no que gane Franco. Pero, en cualquier caso es evidente que, socialistas mediante, se ha levantado la veda para que los behetreros pregonen a los cuatro vientos las verdades que tenían guardadas por aquello de que a los necios hay que darles la razón ya que los pobres no pueden tener otra cosa.
Sí, eso dicen los behetreros, vosotros tenéis la razón y nosotros tenemos las tierras a las que sacamos pingües beneficios gracias a los pantanos que hizo Franco. Porque para toda esta esta gente de aquí, y de muchos más sitios, Franco es sobre todo eso: el hacedor de pantanos. Incluso sus odiadores más encarnizados contribuían a agrandar el mito cuando intentaban ridiculizarle llamándole Paco el Rana. ¡Anda que no conoce bien un cuello de labrantín -en EEUU les llaman redthroat y por lo visto votan a Trump- lo que es el agua! Remedando a Atlas con lo del punto de apoyo, esta gente dice: dadme una gota de agua y alimentaré al mundo.
Para mí, que lo que está pasando aquí no es otra que el que a los socialistas, por lo que sea, les ha caído en las manos "El Elogio de la Estulticia" de Erasmo, lo han leído y ahora no quieren ser menos que nadie. Porque lo suyo, desde siempre es ser lo más de lo más en lo que sea. Y ahora toca lo de ser estultos. ¡Y vive dios que lo consiguen! En fin, ya digo, me parto.
lunes, 5 de noviembre de 2018
Sin enmienda
Mi padre siempre nos lo advertía: lo que no queráis que se sepa, no lo hagáis. También había un dicho por ahí de los que era difícil disentir: coge buena fama y échate a dormir; cógela mala y échate a morir. Siempre ha sido igual, el cotilleo -80% de las palabras que pronunciamos me advertía el otro día Pedro M.- esculpe las reputaciones y, a partir de ahí, tu camino está trazado. Pero, en fin, era sólo cuestión de tiempo para que lo que había sido intuido en la ficción, el "gran hermano de Orwel y así, pasase a ser realidad, es decir, la digitalización del cotilleo. Es como una especie de big data de cada uno de nosotros que pasada por la correspondiente aplicación nos asigna una calidad humana que no admite vuelta de hoja. El me cae bien o mal en función de lo que conozco de alguien ya no sirve porque ahora sólo tengo que tirar de móvil para conocer absolutamente todo acerca de cualquiera. Incluso, como el dios tecnológico ya me da su calificación ni siquiera tengo que perder el tiempo entrando en detalles. Sí, ya no es sólo el poder del "gran hermano" el que nos atosiga, ahora hasta el vecino del quinto puede ver a través de los muros lo que estás haciendo en el séptimo. Móvil y aplicación, eso es todo lo que se necesita.
Y que conste que no estoy hablando a humo de pajas. Miren, si no, lo que se puede escuchar en un tren chino:
"Queridos pasajeros, aquellos que viajen sin billete, que se comporten desordenadamente o que fumen en lugares públicos serán castigados de acuerdo a las reglas y su comportamiento quedará registrado en el sistema de créditos e información individual. Para evitar cualquier registro negativo en su crédito personal siga las normas y cumpla las órdenes en el tren y la estación".
De hecho ya hay doce millones de chinos que al ir a sacar un billete de tren o avión son rechazados. Y no cabe error: sufren las consecuencias de sus pasadas conductas. Rompisteis la confianza, les dice la máquina, y ya no puedo confiar en ti. Ya lo adelantó Clint Estwood en aquella película premonitoria: Sin Perdón.
Dicen que hay una serie en el mercado que se llama Black Mirror que trata este tema. La presión social llevada a sus últimas consecuencias. La distopía comunista hecha carne. Bueno, tampoco hay que exagerar ya que gracias a las leyes de la física y, sobre todo, la propia experiencia, sabemos que nada para provocar caos como la pretensión de orden. Así que lo siento por los chinos y su sistema de créditos e información individual porque sólo les va a servir para que la gente se monte una vida paralela en la que no es que todo valga sino que sólo va a valer lo que sea abominable. Es por las propias leyes de la conservación de la energía, que, como eso otro que ustedes saben, no tienen enmienda.
Y que conste que no estoy hablando a humo de pajas. Miren, si no, lo que se puede escuchar en un tren chino:
"Queridos pasajeros, aquellos que viajen sin billete, que se comporten desordenadamente o que fumen en lugares públicos serán castigados de acuerdo a las reglas y su comportamiento quedará registrado en el sistema de créditos e información individual. Para evitar cualquier registro negativo en su crédito personal siga las normas y cumpla las órdenes en el tren y la estación".
De hecho ya hay doce millones de chinos que al ir a sacar un billete de tren o avión son rechazados. Y no cabe error: sufren las consecuencias de sus pasadas conductas. Rompisteis la confianza, les dice la máquina, y ya no puedo confiar en ti. Ya lo adelantó Clint Estwood en aquella película premonitoria: Sin Perdón.
Dicen que hay una serie en el mercado que se llama Black Mirror que trata este tema. La presión social llevada a sus últimas consecuencias. La distopía comunista hecha carne. Bueno, tampoco hay que exagerar ya que gracias a las leyes de la física y, sobre todo, la propia experiencia, sabemos que nada para provocar caos como la pretensión de orden. Así que lo siento por los chinos y su sistema de créditos e información individual porque sólo les va a servir para que la gente se monte una vida paralela en la que no es que todo valga sino que sólo va a valer lo que sea abominable. Es por las propias leyes de la conservación de la energía, que, como eso otro que ustedes saben, no tienen enmienda.
domingo, 4 de noviembre de 2018
Tontos del culo
Un tal Manuel Vilas escribe un artículo, por llamarlo de alguna forma, en, ¡ojo al dato!, EL PAÍS. Transcribo el primer párrafo:
"Realicé hace un par de días un viaje en un tren Alvia que resultó ser una pesadilla. No quiero exagerar, pero lo que vi creo que era también restos del franquismo social, o directamente de la Edad Media. Vi lo siguiente: tres matrimonios de jubilados no en animada charla, sino contando chistes sobre maricones y gitanos a voz en grito. Chillaban, rugían, berreaban. Dos niños corriendo por el pasillo y pegándole a los pasajeros y su madre hablando por teléfono a ladridos con su exmarido. Aparecieron más matrimonios vociferantes. Un hombre sacó una bandurria y se puso a cantar canciones. Corrí buscando ayuda. Encontré a un revisor, le expliqué la situación. Cuando terminé de informarle, le llamaron al móvil. Era su mujer. Se puso a hablar con su mujer también a voz en grito. Cuando terminó, me dijo que me cambiara de vagón. ¿A qué vagón me cambio? le pregunté. Me dijo que la cosa estaba mal porque el tren iba lleno. Y se echó a reír. Y se fue."
"Realicé hace un par de días un viaje en un tren Alvia que resultó ser una pesadilla. No quiero exagerar, pero lo que vi creo que era también restos del franquismo social, o directamente de la Edad Media. Vi lo siguiente: tres matrimonios de jubilados no en animada charla, sino contando chistes sobre maricones y gitanos a voz en grito. Chillaban, rugían, berreaban. Dos niños corriendo por el pasillo y pegándole a los pasajeros y su madre hablando por teléfono a ladridos con su exmarido. Aparecieron más matrimonios vociferantes. Un hombre sacó una bandurria y se puso a cantar canciones. Corrí buscando ayuda. Encontré a un revisor, le expliqué la situación. Cuando terminé de informarle, le llamaron al móvil. Era su mujer. Se puso a hablar con su mujer también a voz en grito. Cuando terminó, me dijo que me cambiara de vagón. ¿A qué vagón me cambio? le pregunté. Me dijo que la cosa estaba mal porque el tren iba lleno. Y se echó a reír. Y se fue."
Desde luego que mala suerte la puede tener cualquiera y, en este caso, de creerle, que no, el señor Vilas la hubiese tenido a raudales. He viajado en los trenes españoles en los últimos años pongamos que doscientas o trescientas veces, en cualquier caso muchas, y quitando un día que me tope con unos niños jienenses que iban socializando nunca me ha molestado nadie más allá de lo inevitable en toda aglomeración humana, por muy educada que sea, que en este caso lo es. Bueno tengo que decir que a aquellos niños jienenses y a sus profesores socialistas les dí lo suyo con la ayuda de otros pasajeros y todo quedó en nada.
En realidad lo que tiendo a pensar es que este señor Vilas ha querido aprovechar un incidente puntual para, con la ayuda del mal momento personal por el que debe estar pasando, convertirlo en un relato góticoesperpéntico en el que poder meter la preceptiva cuña de halago a la superioridad. El sugerir más o menos directamente que todo lo asqueroso de este país tiene que ver con el franquismo es condición sinecuanon para ser admitido en la plantilla del EL PAÍS. Si se fijan, hasta eminencias como Vargas Losa pasan por ese aro: en su artículo de la última semana Franco y Hitler iban de la mano en anécdota traída por los pelos.
Es curioso todo esto y demuestra hasta qué punto las intuiciones freudianas fueron brillantes. Porque es que se da el caso de que quien ha sido hasta antes de ayer alma y vida de ese rotativo de marras fue en su infancia y juventud un niño prototipo de las virtudes digamos que nacionalcatólicas. Hijo de un periodista orgánico del régimen, educado en el colegio lo más de lo más del régimen, etc.. Tengo entendido por gente que le trató de cerca que, además, era baste meapilas. De ejercicios espirituales en El Escorial y cosas así. Aunque esto último lo digo de carrerilla y no sé si acierto. En cualquier caso, lo que es innegable es la obnubilación mental que a este señor le ha producido a lo largo de su vida la necesidad de borrar un pasado incompatible con la limpieza de sus ambiciones.
Personalmente siempre he pensado que si hay una verdad incontrovertible en este mundo es esa de que el que primero lo huele debajo del culo lo tiene. Y es que si en alguna parte de España hay un franquismo social patanegra ese sitio es EL PAÍS y todo su entorno de fieles a la causa. No se les va el tema de la cabeza y siempre considerado desde su óptica de lavadero de conciencias. Fueron hijos del franquismo y, a lo que se ve, el haberles resultado rentable el invento les produce un sentimiento de culpa que no se va ni con lejía. Y es que los que nacen limitados o, simplemente, tontos del culo, sólo pueden concebir la vida desde perspectivas religiosas. ¡Y qué le vamos a hacer!
sábado, 3 de noviembre de 2018
El jardín
Creo que fue el poeta Selley el que escribió aquello de que "una gran nube mental está descargando su rayo sosegado". Para mí esa es la esencia de todo lo que está pasando desde cuando vivía Shelley para acá. Ya había comenzado unos cuantos años antes, digamos que con Galileo, luego Newton, y de allá para acá Faraday, Maxwell, Einstein, y un sin fin de cerebritos, ya, que mejor es aglomerarlos en los Caltech, Technion o MITs de turno. El rayo, desde luego, ha sido sosegado, pero lo que nunca ha hecho ha sido cesar. De consecuencias de ello, ahora vivimos muchos más años y, lo que es mejor, con muchos menos gargajos y diarreas.
Otra cosa es que tanta descarga mental haya sido suficiente para resolvernos los problemas fundamentales. Sí, muy bien, hay consenso generalizado en que un buen día, que ni siquiera era día, muy lejano se produjo una gran explosión y todo empezó. Y entonces no te queda más remedio que acordarte de Sócrates y preguntarte, sí, pero qué fue lo que explotó. Y estamos en las mismas de siempre: lo sabemos todo menos lo que no sabemos que es casi todo.
Lo que había antes del Big-Bang, que algunos llaman dios y bien está, porque de alguna forma hay que llamarlo para entenderse, y lo mismo lo que hay más allá de las sinapsis neuronales que solemos llamar el inconsciente, una especie de sopa primigenia que nos configura sin que nuestras potencias del alma sirvan de nada para controlarlo.
Y ahí estamos, como quien dice en las mismas que nuestros primeros padres: contando la feria según nos va en ella o, si quieren, viendo la vida según el color del cristal a través del que la vemos o, ya, si queremos rizar el rizo, opinando de las cosas según la situación que tenemos respecto a ellas. Y, desde luego, siempre con una quijada de burro a mano para partir la cabeza con ella a nuestro hermano si no estamos conformes en cómo se repartió la herencia. Esa herencia, sí, que por desgracia siempre parece injusta. ¡Unos tanto y otros tan poco! La más perniciosa, quizá, de todas las ilusiones.
En fin, menos mal que me queda la guitarra. El jardín que dicen los chinos. Porque, si no, se lo puedo jurar, apañado estaría.
Otra cosa es que tanta descarga mental haya sido suficiente para resolvernos los problemas fundamentales. Sí, muy bien, hay consenso generalizado en que un buen día, que ni siquiera era día, muy lejano se produjo una gran explosión y todo empezó. Y entonces no te queda más remedio que acordarte de Sócrates y preguntarte, sí, pero qué fue lo que explotó. Y estamos en las mismas de siempre: lo sabemos todo menos lo que no sabemos que es casi todo.
Lo que había antes del Big-Bang, que algunos llaman dios y bien está, porque de alguna forma hay que llamarlo para entenderse, y lo mismo lo que hay más allá de las sinapsis neuronales que solemos llamar el inconsciente, una especie de sopa primigenia que nos configura sin que nuestras potencias del alma sirvan de nada para controlarlo.
Y ahí estamos, como quien dice en las mismas que nuestros primeros padres: contando la feria según nos va en ella o, si quieren, viendo la vida según el color del cristal a través del que la vemos o, ya, si queremos rizar el rizo, opinando de las cosas según la situación que tenemos respecto a ellas. Y, desde luego, siempre con una quijada de burro a mano para partir la cabeza con ella a nuestro hermano si no estamos conformes en cómo se repartió la herencia. Esa herencia, sí, que por desgracia siempre parece injusta. ¡Unos tanto y otros tan poco! La más perniciosa, quizá, de todas las ilusiones.
En fin, menos mal que me queda la guitarra. El jardín que dicen los chinos. Porque, si no, se lo puedo jurar, apañado estaría.
viernes, 2 de noviembre de 2018
Hijos
Dicen que el mundo está experimentando -sufriendo para algunos- una especie de desviación ideológica hacia lo que se conoce como derecha. Bueno, utilizar las palabras derecha e izquierda para diferenciar actitudes para mí representa el paradigma del desgaste del lenguaje de tanto usarlo en vano. Porque vamos a ver, ¿qué diferencia hay entre la política que se hacía en los últimos años del franquismo y la que se viene haciendo desde que hay democracia mande quien mande? Se lo diré: sólo matices insignificantes que son los que utilizan con gran alharaca los políticos para alimentar su narcisismo, el de las pequeñas diferencias que decía Freud. Pero a la hora de la verdad lo que hubo y lo que hay es economía de mercado y redistribución de la riqueza. Es decir: socialdemocracia.
Ayer les mentaba a la Lozana Andaluza. Un libro, a mi juicio de experto, altamente recomendable. Se trata, por así decirlo, de una puta de lujo que va allí donde está el mejor mercado para su mercancía. A Roma. Roma por aquel entonces estaba tocando fondo: era como si sólo la habitasen curas y sus barraganas. La iglesia había tenido un papel fundamental desde la caída del imperio romano, primero en la administración del territorio y después, cuando empezaron a surgir los primeros poderes políticos, como lo que hoy denominaríamos ministerios de acción social y de cultura. Claro, tanto poder tanto tiempo seguido había ido creando una estructura jerárquica que lo controlaba casi todo sin los debidos contrapesos salvaguardadores del espíritu crítico. Y así fue que la cúpula de aquella jerarquía viviese instalada a orillas del Tiber dedicada en cuerpo y alma a lo que suelen dedicarse los que no tienen quién les tosa encima. O sea, una casta depravada. Y de ahí los lodos que después vinieron: la Guerra de los Treinta años con la entronización del protestantismo como colofón. Paso alante o atrás, no lo sabremos nunca, pero lo que sí sabemos es que cuando los que mandan se pasan de follar, el populus se encabrona y acaba haciendo locuras.
Total, que si no ando equivocado lo que anda pasando ahora es muy parecido a lo de la Roma de la Lozana. Las cúpulas de la socialdemocracia se están pasando de dar mal ejemplo a la ciudadanía. Y la cosa ya es que no se puede aguantar. Ahí están por ejemplo los jerarcas andaluces con sus tarjetas black dándose homenajes de los que suscitan envidias rayanas en el dolor físico. Aunque eso es lo de menos si lo comparamos con que pongan a un maestro de escuela de los nuestros a la cabeza de una empresa de energía nuclear que antes dirigía un ingeniero nuclear de los suyos. La sumisión a la jerarquía desplazando al mérito: no otro es el gran drama de todas las decadencias y el origen de todas las sublevaciones.
El mundo desde luego siempre está cambiando para corregir los inevitables desaguisados de los predecesores. Yo, para afianzarme en esta idea sólo tengo que pensar en cómo he vivido yo y en cómo viven mis hijas ahora. Mi progresiva degradación y aburrimiento a medida que una seguridad sin fisuras iba haciendo su trabajo se contrapone a la viveza con la que mis hijas afrontan las fisuras de una seguridad que hay que ganar día a día. Toujours sur la brèche.
En fin, supongo en este occidente mortecino los hijos en general están viendo a sus padres como mis hijas me ven a mí, ¡aunque no lo digan! Unos parásitos que ya va siendo hora de apartarlos a un lado. La juventud ya no puede con tanta carga. Ni derechas ni izquierdas, ni leches en vinagre. Aquí solo cuenta el esfuerzo de cada uno y su propia responsabilidad. Porque es que, además, eso es y sólo eso, lo que se puede llamar vivir. Lo de los padres en rebaño siguiendo al monitor para que les cuente cómo se hacían las catedrales o qué quiere decir un cuadro del Prado, eso, muertos vivientes que salen demasiado caros. Y encima con el vicio de las Lozanas. Si son andaluzas mejor.
Ayer les mentaba a la Lozana Andaluza. Un libro, a mi juicio de experto, altamente recomendable. Se trata, por así decirlo, de una puta de lujo que va allí donde está el mejor mercado para su mercancía. A Roma. Roma por aquel entonces estaba tocando fondo: era como si sólo la habitasen curas y sus barraganas. La iglesia había tenido un papel fundamental desde la caída del imperio romano, primero en la administración del territorio y después, cuando empezaron a surgir los primeros poderes políticos, como lo que hoy denominaríamos ministerios de acción social y de cultura. Claro, tanto poder tanto tiempo seguido había ido creando una estructura jerárquica que lo controlaba casi todo sin los debidos contrapesos salvaguardadores del espíritu crítico. Y así fue que la cúpula de aquella jerarquía viviese instalada a orillas del Tiber dedicada en cuerpo y alma a lo que suelen dedicarse los que no tienen quién les tosa encima. O sea, una casta depravada. Y de ahí los lodos que después vinieron: la Guerra de los Treinta años con la entronización del protestantismo como colofón. Paso alante o atrás, no lo sabremos nunca, pero lo que sí sabemos es que cuando los que mandan se pasan de follar, el populus se encabrona y acaba haciendo locuras.
Total, que si no ando equivocado lo que anda pasando ahora es muy parecido a lo de la Roma de la Lozana. Las cúpulas de la socialdemocracia se están pasando de dar mal ejemplo a la ciudadanía. Y la cosa ya es que no se puede aguantar. Ahí están por ejemplo los jerarcas andaluces con sus tarjetas black dándose homenajes de los que suscitan envidias rayanas en el dolor físico. Aunque eso es lo de menos si lo comparamos con que pongan a un maestro de escuela de los nuestros a la cabeza de una empresa de energía nuclear que antes dirigía un ingeniero nuclear de los suyos. La sumisión a la jerarquía desplazando al mérito: no otro es el gran drama de todas las decadencias y el origen de todas las sublevaciones.
El mundo desde luego siempre está cambiando para corregir los inevitables desaguisados de los predecesores. Yo, para afianzarme en esta idea sólo tengo que pensar en cómo he vivido yo y en cómo viven mis hijas ahora. Mi progresiva degradación y aburrimiento a medida que una seguridad sin fisuras iba haciendo su trabajo se contrapone a la viveza con la que mis hijas afrontan las fisuras de una seguridad que hay que ganar día a día. Toujours sur la brèche.
En fin, supongo en este occidente mortecino los hijos en general están viendo a sus padres como mis hijas me ven a mí, ¡aunque no lo digan! Unos parásitos que ya va siendo hora de apartarlos a un lado. La juventud ya no puede con tanta carga. Ni derechas ni izquierdas, ni leches en vinagre. Aquí solo cuenta el esfuerzo de cada uno y su propia responsabilidad. Porque es que, además, eso es y sólo eso, lo que se puede llamar vivir. Lo de los padres en rebaño siguiendo al monitor para que les cuente cómo se hacían las catedrales o qué quiere decir un cuadro del Prado, eso, muertos vivientes que salen demasiado caros. Y encima con el vicio de las Lozanas. Si son andaluzas mejor.
jueves, 1 de noviembre de 2018
Unicornios
La historia sigue su camino y las ideologías siempre acaban por perder una detrás de otra todas las batallas. A la postre lo único que queda es la sensatez porque, de no ser así, cómo explicar todo esto. ¿O es que acaso no se han parado nunca a pensarlo?
Así que resulta que una ministra andaluza con allures de lozana se ha ido al Vaticano a lucir canalillo. Y les ha dicho a los curas: "no cureis que cada cosa tiene su premio. ¿A vos vezo yo, que nacistes vezado? Daca la mano y tente a mí, que el almadraque es corto. Aprieta y cava, y ahoya, y todo a un tiempo. ¡A las clines corredor! ¡Agora, por mi vida, que se me va el recuero! ¡Ay, amores, que soy vuestra muerta y viva! Quitaos la camisa, que sudais." Sí, vale, lo haces muy bien, le han contestado, pero el marrón de Franco os lo vais a comer vosotros.
Por cierto que el otro día leí en no recuerdo dónde la carta que Franco le envió a Lyndon B. Johnson en respuesta a la que éste le había enviado para pedirle ayuda para la guerra de Vietnam. Si quieren googleen "carta de Franco a Lyndon B. Johnson" y seguro que la encuentran. Merece la pena leerla. Porque quizá en ella se pueda encontrar el porqué de su mantenimiento en el poder. O de su victoria final, si mejor quieren. Sólo hallarán en ella a una especie de Dr. Spock en carne y hueso: la frialdad de la lógica. O la pura sensatez. Supongo que se la escribiría algún secretario experto en las Guerras del Peloponeso. O sea, lo más de lo más. Bueno, al final, para que al niño americano no le diese la pataleta le envió de regalito un equipo médico. Ya se sabe lo que les gusta a los niños jugar a los médicos.
En el mismo orden de cosas, hoy viene en El Mundo una entrevista al, entre otras cosas, empresario Adolfo Domínguez. Más alarde de sensatez. Mi patria, 500 millones de hablantes, está cambiando de modelo: las politécnicas se están llenando de estudiantes. Y Rajoy, pues eso, un magnífico gobernante. Merece la pena leerla.
Y ahora resulta que, socialistas mediante, es muy probable que a mamá le pongan al lado a Franco. En la cripta de la Almudena en donde reposan sus cenizas. Seguro que le encantará porque, al fin y al cabo, fue Franco quien la resarció, por lo menos en parte, de los estragos que le habían causado los socialistas con sus delirios distópicos, como se dice ahora.
Y la Lozana: "¡Cuanto había que no comía cocho! Ventura fue encontrar el hombre tan buen participio a un pasto. Este tal majadero no me falte, que yo apetito tengo dende que nací, sin ajo y queso, que podría prestar a mis vicinas. Dormido se ha. En mi vida vi mano de mortero tan bien hecha. ¡Qué gordo que es! Y todo parejo. ¡Mal año para nabo de Jerez! Parece bisoño el frojolón. La habla me quitó, no tenía por do resollar. ¡No es de dejar este tal unicornio!"
Así que resulta que una ministra andaluza con allures de lozana se ha ido al Vaticano a lucir canalillo. Y les ha dicho a los curas: "no cureis que cada cosa tiene su premio. ¿A vos vezo yo, que nacistes vezado? Daca la mano y tente a mí, que el almadraque es corto. Aprieta y cava, y ahoya, y todo a un tiempo. ¡A las clines corredor! ¡Agora, por mi vida, que se me va el recuero! ¡Ay, amores, que soy vuestra muerta y viva! Quitaos la camisa, que sudais." Sí, vale, lo haces muy bien, le han contestado, pero el marrón de Franco os lo vais a comer vosotros.
Por cierto que el otro día leí en no recuerdo dónde la carta que Franco le envió a Lyndon B. Johnson en respuesta a la que éste le había enviado para pedirle ayuda para la guerra de Vietnam. Si quieren googleen "carta de Franco a Lyndon B. Johnson" y seguro que la encuentran. Merece la pena leerla. Porque quizá en ella se pueda encontrar el porqué de su mantenimiento en el poder. O de su victoria final, si mejor quieren. Sólo hallarán en ella a una especie de Dr. Spock en carne y hueso: la frialdad de la lógica. O la pura sensatez. Supongo que se la escribiría algún secretario experto en las Guerras del Peloponeso. O sea, lo más de lo más. Bueno, al final, para que al niño americano no le diese la pataleta le envió de regalito un equipo médico. Ya se sabe lo que les gusta a los niños jugar a los médicos.
En el mismo orden de cosas, hoy viene en El Mundo una entrevista al, entre otras cosas, empresario Adolfo Domínguez. Más alarde de sensatez. Mi patria, 500 millones de hablantes, está cambiando de modelo: las politécnicas se están llenando de estudiantes. Y Rajoy, pues eso, un magnífico gobernante. Merece la pena leerla.
Y ahora resulta que, socialistas mediante, es muy probable que a mamá le pongan al lado a Franco. En la cripta de la Almudena en donde reposan sus cenizas. Seguro que le encantará porque, al fin y al cabo, fue Franco quien la resarció, por lo menos en parte, de los estragos que le habían causado los socialistas con sus delirios distópicos, como se dice ahora.
Y la Lozana: "¡Cuanto había que no comía cocho! Ventura fue encontrar el hombre tan buen participio a un pasto. Este tal majadero no me falte, que yo apetito tengo dende que nací, sin ajo y queso, que podría prestar a mis vicinas. Dormido se ha. En mi vida vi mano de mortero tan bien hecha. ¡Qué gordo que es! Y todo parejo. ¡Mal año para nabo de Jerez! Parece bisoño el frojolón. La habla me quitó, no tenía por do resollar. ¡No es de dejar este tal unicornio!"
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

