Dicen que el mundo está experimentando -sufriendo para algunos- una especie de desviación ideológica hacia lo que se conoce como derecha. Bueno, utilizar las palabras derecha e izquierda para diferenciar actitudes para mí representa el paradigma del desgaste del lenguaje de tanto usarlo en vano. Porque vamos a ver, ¿qué diferencia hay entre la política que se hacía en los últimos años del franquismo y la que se viene haciendo desde que hay democracia mande quien mande? Se lo diré: sólo matices insignificantes que son los que utilizan con gran alharaca los políticos para alimentar su narcisismo, el de las pequeñas diferencias que decía Freud. Pero a la hora de la verdad lo que hubo y lo que hay es economía de mercado y redistribución de la riqueza. Es decir: socialdemocracia.
Ayer les mentaba a la Lozana Andaluza. Un libro, a mi juicio de experto, altamente recomendable. Se trata, por así decirlo, de una puta de lujo que va allí donde está el mejor mercado para su mercancía. A Roma. Roma por aquel entonces estaba tocando fondo: era como si sólo la habitasen curas y sus barraganas. La iglesia había tenido un papel fundamental desde la caída del imperio romano, primero en la administración del territorio y después, cuando empezaron a surgir los primeros poderes políticos, como lo que hoy denominaríamos ministerios de acción social y de cultura. Claro, tanto poder tanto tiempo seguido había ido creando una estructura jerárquica que lo controlaba casi todo sin los debidos contrapesos salvaguardadores del espíritu crítico. Y así fue que la cúpula de aquella jerarquía viviese instalada a orillas del Tiber dedicada en cuerpo y alma a lo que suelen dedicarse los que no tienen quién les tosa encima. O sea, una casta depravada. Y de ahí los lodos que después vinieron: la Guerra de los Treinta años con la entronización del protestantismo como colofón. Paso alante o atrás, no lo sabremos nunca, pero lo que sí sabemos es que cuando los que mandan se pasan de follar, el populus se encabrona y acaba haciendo locuras.
Total, que si no ando equivocado lo que anda pasando ahora es muy parecido a lo de la Roma de la Lozana. Las cúpulas de la socialdemocracia se están pasando de dar mal ejemplo a la ciudadanía. Y la cosa ya es que no se puede aguantar. Ahí están por ejemplo los jerarcas andaluces con sus tarjetas black dándose homenajes de los que suscitan envidias rayanas en el dolor físico. Aunque eso es lo de menos si lo comparamos con que pongan a un maestro de escuela de los nuestros a la cabeza de una empresa de energía nuclear que antes dirigía un ingeniero nuclear de los suyos. La sumisión a la jerarquía desplazando al mérito: no otro es el gran drama de todas las decadencias y el origen de todas las sublevaciones.
El mundo desde luego siempre está cambiando para corregir los inevitables desaguisados de los predecesores. Yo, para afianzarme en esta idea sólo tengo que pensar en cómo he vivido yo y en cómo viven mis hijas ahora. Mi progresiva degradación y aburrimiento a medida que una seguridad sin fisuras iba haciendo su trabajo se contrapone a la viveza con la que mis hijas afrontan las fisuras de una seguridad que hay que ganar día a día. Toujours sur la brèche.
En fin, supongo en este occidente mortecino los hijos en general están viendo a sus padres como mis hijas me ven a mí, ¡aunque no lo digan! Unos parásitos que ya va siendo hora de apartarlos a un lado. La juventud ya no puede con tanta carga. Ni derechas ni izquierdas, ni leches en vinagre. Aquí solo cuenta el esfuerzo de cada uno y su propia responsabilidad. Porque es que, además, eso es y sólo eso, lo que se puede llamar vivir. Lo de los padres en rebaño siguiendo al monitor para que les cuente cómo se hacían las catedrales o qué quiere decir un cuadro del Prado, eso, muertos vivientes que salen demasiado caros. Y encima con el vicio de las Lozanas. Si son andaluzas mejor.
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