Tengo alguna experiencia en cuidados intensivos y por eso me río de todo este montaje de los medios de comunicación para dar la impresión de que el sistema polític0 que nos proporciona estabilidad siempre está en la UVI. Como también tengo unos cuantos conocimientos de historia puedo asegurarles que la situación actual del mundo en general y de la de nuestra casa en particular sólo tiene problemillas de tres al cuarto que se solucionan en su mayoría acudiendo al médico de cabecera del ambulatorio. Pero, claro, también comprendo que es de mucho consuelo para la chusmilla pararse en las esquinas a hablar con sus vecinos de las preocupaciones -enfermedades las suelen llamar- que les ha empujado a realizar esas visitas al ambulatorio. En fin, c´est la vie.
Sí, mi muy fundada impresión es que las máquinas, sobre todo los ordenadores de los Ministerios de Hacienda, lo tienen todo más o menos controlado para que nada material nos falte, pero ¡ay, el espíritu!, en eso estamos como cuando nuestros primeros padres fueron expulsados del paraíso... o sea, mal, muy mal, llenos de miedos y envidias que tratamos de paliar por procedimientos mayormente equivocados. Así, al final, se cierra el círculo: el gran consuelo del desgraciado es desayunarse todos los días escuchando y leyendo noticias que anuncian algo así como la gran debacle. Luego, después, nos salvamos por los pelos y de inmediato inventamos un nuevo despropósito que nos dé sensación de caos... vidilla en definitiva.
Porque vidilla, lo que se dice vidilla, como en una UVI en ningún lado. A tope topero.
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