Mi padre siempre nos lo advertía: lo que no queráis que se sepa, no lo hagáis. También había un dicho por ahí de los que era difícil disentir: coge buena fama y échate a dormir; cógela mala y échate a morir. Siempre ha sido igual, el cotilleo -80% de las palabras que pronunciamos me advertía el otro día Pedro M.- esculpe las reputaciones y, a partir de ahí, tu camino está trazado. Pero, en fin, era sólo cuestión de tiempo para que lo que había sido intuido en la ficción, el "gran hermano de Orwel y así, pasase a ser realidad, es decir, la digitalización del cotilleo. Es como una especie de big data de cada uno de nosotros que pasada por la correspondiente aplicación nos asigna una calidad humana que no admite vuelta de hoja. El me cae bien o mal en función de lo que conozco de alguien ya no sirve porque ahora sólo tengo que tirar de móvil para conocer absolutamente todo acerca de cualquiera. Incluso, como el dios tecnológico ya me da su calificación ni siquiera tengo que perder el tiempo entrando en detalles. Sí, ya no es sólo el poder del "gran hermano" el que nos atosiga, ahora hasta el vecino del quinto puede ver a través de los muros lo que estás haciendo en el séptimo. Móvil y aplicación, eso es todo lo que se necesita.
Y que conste que no estoy hablando a humo de pajas. Miren, si no, lo que se puede escuchar en un tren chino:
"Queridos pasajeros, aquellos que viajen sin billete, que se comporten desordenadamente o que fumen en lugares públicos serán castigados de acuerdo a las reglas y su comportamiento quedará registrado en el sistema de créditos e información individual. Para evitar cualquier registro negativo en su crédito personal siga las normas y cumpla las órdenes en el tren y la estación".
De hecho ya hay doce millones de chinos que al ir a sacar un billete de tren o avión son rechazados. Y no cabe error: sufren las consecuencias de sus pasadas conductas. Rompisteis la confianza, les dice la máquina, y ya no puedo confiar en ti. Ya lo adelantó Clint Estwood en aquella película premonitoria: Sin Perdón.
Dicen que hay una serie en el mercado que se llama Black Mirror que trata este tema. La presión social llevada a sus últimas consecuencias. La distopía comunista hecha carne. Bueno, tampoco hay que exagerar ya que gracias a las leyes de la física y, sobre todo, la propia experiencia, sabemos que nada para provocar caos como la pretensión de orden. Así que lo siento por los chinos y su sistema de créditos e información individual porque sólo les va a servir para que la gente se monte una vida paralela en la que no es que todo valga sino que sólo va a valer lo que sea abominable. Es por las propias leyes de la conservación de la energía, que, como eso otro que ustedes saben, no tienen enmienda.
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