viernes, 9 de noviembre de 2018

Shopenhauerianas

"El chef cántabro Francisco Cotera, accésit al mejor concepto de tapa en el Concurso Nacional". Así es el titular de una noticia en un diario santanderino. Y entonces piensas, pero, bueno, ¿es que Santander está lleno de imbéciles?, pues sí, es indudable, pero no más que cualquier otro sitio. Concepto de tapa, ¡ya te digo!, seguro que Revilluca ha tenido que ver algo con la ocurrencia. ¿No hubiera bastado con tapa a secas? Pues nó, se ve  que a los imbéciles les sabía a poco. Pero, en fin, entre imbéciles anda el juego y a ellos les sirve para no hundirse. Como los que sueltan eso de heteropatriarcado y sienten una hemorragia de empatía con las bolleras, ahí es nada.  

Por otra parte, leo en un artículo de Félix Ovejero una frase de oro: "Cuando faltan los patrones inequívocos de tasación prosperan las miserias humanas." Por eso es, exactamente, por lo que ya sólo me interesa la ciencia conocida como básica. O dura. Porque tiene patrones inequívocos de tasación. Si el experimento no confirma las predicciones se tiran las ecuaciones a la papelera y se pasa a otra cosa. Sin embargo, cuando la ciencia es blanda, es decir, basada en palabrería, ¿dónde encuentras una tasación inequívoca para ellas? Ahí, la experiencia universal a través de los siglos enseña que siempre ganan los embaucadores y, acto seguido, a matarse los unos a los otros para dirimir. 

Así que no hay salvación posible. De vez en cuando, por el querer de los dioses benevolentes, surge un gobernante como Rajoy que sustenta toda su acción en el sentido común. Es decir en la única tasación aproximadamente inequívoca que tienen las acciones humanas. El sentido común, por definición, no es sentido de parte, sino de experiencia histórica, de saber cómo afrontaron nuestros antepasados los casos semejantes al que nos traemos entre manos y qué resultados obtuvieron. Y ahí, en los resultados, entra la estadística y, con ella, el principio de incertidumbre. El sentido común acepta la incertidumbre y por ello se arriesga con prudencia. Desgraciadamente los dioses benévolos pocas veces se imponen a los malévolos y por tal es que el sentido común sea por lo general apartado para dar paso a la razón de parte que siempre es la certeza indemostrable de los estúpidos.

Total que, por unas cosas y otras es que la ciencia avance sin parar y las acciones humanas sigan estancadas en la noche de los tiempos. Para un sensato en alguna parte hay mil millones de imbéciles gritando blasfemia porque una pobre mujer ha bebido agua de un pozo que sólo admite bebedores de una determinada religión. Y así corre el mundo y al parecer no hay poder humano que pueda hacer nada para remediarlo. Ya nos lo advirtió Shopenhauer. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario