sábado, 3 de noviembre de 2018

El jardín

Creo que fue el poeta Selley el que escribió aquello de que "una gran nube mental está descargando su rayo sosegado". Para mí esa es la esencia de todo lo que está pasando desde cuando vivía Shelley para acá. Ya había comenzado unos cuantos años antes, digamos que con Galileo, luego Newton, y de allá para acá Faraday, Maxwell, Einstein, y un sin fin de cerebritos, ya, que mejor es aglomerarlos en los Caltech, Technion o MITs de turno. El rayo, desde luego, ha sido sosegado, pero lo que nunca ha hecho ha sido cesar. De consecuencias de ello, ahora vivimos muchos más años y, lo que es mejor, con muchos menos gargajos y diarreas. 

Otra cosa es que tanta descarga mental haya sido suficiente para resolvernos los problemas fundamentales. Sí, muy bien, hay consenso generalizado en que un buen día, que ni siquiera era día, muy lejano se produjo una gran explosión y todo empezó. Y entonces no te queda más remedio que acordarte de Sócrates y preguntarte, sí, pero qué fue lo que explotó. Y estamos en las mismas de siempre: lo sabemos todo menos lo que no sabemos que es casi todo. 

Lo que había antes del Big-Bang, que algunos llaman dios y bien está, porque de alguna forma hay que llamarlo para entenderse, y lo mismo lo que hay más allá de las sinapsis neuronales que solemos llamar el inconsciente, una especie de sopa primigenia que nos configura sin que nuestras potencias del alma sirvan de nada para controlarlo. 

Y ahí estamos, como quien dice en las mismas que nuestros primeros padres: contando la feria según nos va en ella o, si quieren, viendo la vida según el color del cristal a través del que la vemos o, ya, si queremos rizar el rizo, opinando de las cosas según la situación que tenemos respecto a ellas. Y, desde luego, siempre con una quijada de burro a mano para partir la cabeza con ella a nuestro hermano si no estamos conformes en cómo se repartió la herencia. Esa herencia, sí, que por desgracia siempre parece injusta. ¡Unos tanto y otros tan poco! La más perniciosa, quizá, de todas las ilusiones. 

En fin, menos mal que me queda la guitarra. El jardín que dicen los chinos. Porque, si no, se lo puedo jurar, apañado estaría. 

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