El caso es que en el proceloso mar de esa entrevista pillé un pecio que me hizo reflexionar. Otra vez más es la pilule la que está en el centro de la gran debacle. Porque, ¿y si resultase que la contracepción hubiese resultado ser una liberación para hombre y una pérdida de peso específico para la mujer? Porque, al fin y al cabo, ¿no era la conciencia omnipresente de la reproducción un muro de contención para el hombre? Roto el muro, ¡viva la Pepa! Ahora sí que lo de mujer objeto toma su sentido primigenio. Lo que antes estaba sólo al alcance de los reyes ahora lo está al de cualquier chisgarabís. Porque esa es la realidad incuestionable, que ahora los hombres vierten en vaso idóneo como quien se toma una copa o cosa por el estilo sin atisbos de la menor transcendencia más allá de lo que el ir sumando "conquistas", o marcar muescas, pudiera aportar a las personalidades narcisistas, que son casi todas.
Resumiendo, que si he sabido interpretar a la Sra. Paglia, ese movimiento de las metoos podría ser la consecuencia natural de la progresiva toma de conciencia por parte de las mujeres de que, a la postre, lo que les ha traído la pilule ha sido fundamentalmente su conversión en vasos idóneos como decía Don Quijote. Antaño, como cantábamos los estudiantes, sólo las más tontas cedían su prenda dorada. La prenda dorada, un triunfo que las mujeres tenían en la manga y que bien jugado les podía resolver la vida. Ahora, para eso, para resolver su vida, no les queda más remedio que hacer la mili con el inconveniente de que para semejante entrenamiento los estrógenos tienen que complementarse con mucha inteligencia para poder competir con los andrógenos. Y es que, ¡la biología no engaña!
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