viernes, 23 de noviembre de 2018

Bullipolleces

Tengo a Arcadi Espada y a Salvador Sostres, cada uno a su manera, por dos de mis gurús favoritos. Lo cual no quita para que no pueda dejar de apreciar en ellos esa especie de pelo de la dehesa que es como un ADN inherente a todo lo que tiene que ver con Cataluña. Haberse criado en esa región imprime carácter, que no en vano se haga lo que se haga y se esconda uno donde se esconda no tendrá forma de librarse de escuchar siete millones de veces al día la palabra Cataluña o cualquiera de sus derivados semánticos y nunca, absolutamente nunca, en términos de autocrítica, o siquiera autoanálisis, no, siempre será, ya sea para autoalabarse o, en su defecto, cantar las miserias de los que nos odian por pura envidia de lo maravillosos que somos. Sí, la verdad, debe ser muy duro tener que cargar con ese fardo de estupidez de por vida. 

El caso es que ahora andan mis dos gurús catalanes muy compungidos porque acaba de salir la nueva versión de la Guía Michelin, esa biblia para horteras refinados, y no les ha gustado un pelo las jerarquías que en ella se establecen. ¡Por dios bendito, cómo pueden mentes brillantes como las suyas andar en esas patochadas! Acaso ignoran que todo lo que se come será mierda en menos de veinticuatro horas. 

La verdad es que desde casi siempre me ha resultado difícil aceptar lo del refinamiento tal y como lo entiende el mundo que me rodea. Esa fascinación por lo caro en definitiva. ¡Qué falta de imaginación! Como si la comida más sofisticada en el restaurante más caro se pudiese comparar con una conversación inteligente y más si está adobada por los sobreentendidos de una amistad duradera. No, tío, eso de las estrellas está bien para hacer negocios o seducir a una golfa. Pero para gente con clase está de más. Con una casa de comidas limpia con un servicio amable va que chuta y mete gol. 

 En fin, que todo eso que pasa en Cataluña no tiene nada de raro cuando a sus mejores cabezas les aparece el pelo de la dehesa a nada que les rascas. Las bullipolleces que dice Sánchez Dragó, que será todo lo que ustedes quieran pero nunca hortera.

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