En su artículo de hoy en ABC nos cuenta Pedro Cuartango que un científico de Caltech asegura que todas nuestras decisiones son tomadas por motivos inconscientes que nuestro cerebro tiende a racionalizar. Huelga decir que para mí, a estas alturas de la vida, semejante apreciación es casi religión. Si de algo soy consciente ahora es de que prácticamente nada de lo que hice en la vida tuvo una previa programación racional. Todo fue surgiendo como por ensalmo y después, por lo que fuere, quise algo así como justificarme a mi mi mismo por medio de invenciones peregrinas.
Así es que también he elaborado una teoría que pretende explicar por qué sigo apegado a esta rutina de mirar los digitales después de desayunar. Al parecer lo que me impulsa es la esperanza de encontrar un artículo de Pedro Cuartango. También tengo fijación con los de Arcadi Espada y pare usted de contar. Si ando muy aburrido puedo hincarle el diente a alguien más, pero, por lo general, como quien oye llover. ¿Por qué ya sólo soporto a esos dos? Bueno, porque creo percibir una cierta sensación de euforia después de leerlos. Sus lucubraciones me deben producir, por lo que sea, algún tipo de secreción hormonal de consecuencias placenteras.
Por lo demás, prefiero tocar la guitarra o escuchar inglés. Y no por nada, que también en esto fabriqué mi teoría, y es que soy tan zote para la una y otra cosa que insistir en ellas tratando de detectar leves avances se ha convertido en mi casi única razón de querer continuar viviendo, es un decir. Así, me suelo enganchar a la BBC que, ahora, con el móvil, tienes todos sus canales a disposición allí donde quiera que estés. Y bueno, ayer me pasé media mañana mirando Sky News que retransmitían el debate parlamentario sobre ese asunto del Brexit y, tengo que reconocerlo, había momentos que me parecía estar viendo la noche sitcom del canal Neox. Insistía la Sra. May en iniciar sus respuestas de más de lo mismo a todos y todas utilizando la fórmula honorable señor, honorable señora. Ya ven, aquí, que lo único merecedor de tal tratamiento es el chorizo catalán, en fin, cosa de latitudes. Pero, bueno, entendía bastante y eso me bastaba para insistir, porque por lo demás, ya digo, pura sitcom de baja calidad.
Así que, siguiendo sin saber por qué lo hago, voy a bajar al Bariloche a desayunar un pincho de tortilla y después me voy a llegar en bicicleta al Lidl a comprar algunas viandas. En resumen, que no somos nada y menos sin los pinchos del Bariloche y los precocinados de Lidl... o de Mercadona.
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