Leo hoy un artículo de Berta González de la Vega sobre la Andalucía profunda que está a punto de ir de nuevo a las urnas. En realidad, cualquier lector avisado podría titular ese artículo como "El gran fraude de la democracia". Pocas veces he escuchado hablar a "la Rubia" pero me han bastado para darme cuenta de que aparte de ignorante es una perfecta sinvergüenza, digna discípula de aquel destacado vendedor de burros teñidos que fue Felipe González de la Gonzalera. Pero oír hablar a la rubia es un atraso para hacerse una idea de lo que es de verdad: su esencia se capta infinitamente mejor viéndola expresarse con el sonido en off. El otro día la estaba viendo así en una comparecencia en el Parlamento de la Nación a donde había sido convocada por no sé qué asuntos de corrupción que la concernían de cerca. La miraba y no podía quitarme de la cabeza a una gitana vendedora de baratijas que estuvimos fiscalizando mi nieto y yo este verano en el mercadillo instalado en la Plaza Mayor de Villalón. Estábamos sentados en una terraza al otro lado de la calle que nos permitía verla pero no escucharla. Pero daba igual. Hacíamos apuestas cada vez que se le acercaba alguna señora a fisgar la mercancía. Pocas conseguían salir de allí con las manos vacías. La gesticulación lo era todo. Como la de la serpiente del Génesis, absolutamente irresistible para aquella pobre gente de bajísima condición sin duda... como la que hoy describe en su artículo Berta y que, a la postre, van a ser los que decidan quiénes serán nuestros gobernantes.
A mí todo esto no es que me preocupe ni mucho ni poco, simplemente me distrae. La Rubia es el perfecto espectáculo de feria de pueblo. Como la mujer barbuda o algo así. Se esfuerza en perfeccionar sus trucos porque está muy motivada para pillar. Es en lo que ganan por goleada esos partidos que se dicen de izquierdas a los que se dicen de derechas: motivación para pillar. Y es que les va mucho más en ello su sustento y el de sus hijos. Claro, ya me dirán a dónde van a ir que más pillen La Rubia y el Dr. I Suppose con esos curriculums académicos que tienen. Un Rajoy, por contra, por mucho que se empeñe nunca se le podrá ir de la cabeza la idea del "que os den" haciendo mutis por el foro para ir a forrarse con su oficio original.
Esa es la cuestión fundamental por la que la democracia siempre acaba por abocar a lo mismo: el gobierno de los peores. Los mejores, por definición, nunca estarán motivados para la política. Hay infinidad de campos mucho más atractivos para dar rienda suelta a la creatividad y el disfrute. Pero, en fin, personalmente estoy tranquilo al respecto, porque pienso que si en algo las apariencias engañan es sobre todo en esa cosa del gobernar. Ahí sí que pienso que es verdad incontrovertible que unos llevan la fama y otros cardan la lana. Francamente, me resulta absolutamente impensable que personajes como La Rubia o El Doctor puedan estar decidiendo por sí mismos cualquier cosa que nos vaya a afectar. No, estos sólo están para dar espectáculo. Para gobernar están las estructuras de poder con sus doctorados de verdad. Sería muy improbable que las cosas sean como son si las órdenes no saliesen de consejos de gente debidamente preparada. En fin, La Rubia y El Doctor, buen título para una película protagonizada por Alfredo Landa y Gracita Morales, Q.E.P.D..
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