"Montaje de 48 fotos superpuestas del Sol, tomadas a lo largo de un año, una vez por semana, desde el mismo sitio y a la misma hora. El punto más alto corresponde al Solsticio de Verano (21 de Junio) y el más bajo al Solsticio de Invierno (21 de Diciembre) en el Hemisferio Norte. El punto central corresponde a los Equinoccios (21 de Marzo y 21 de Septiembre). Se forma una Lemniscata, símbolo del infinito. Feliz fiesta Solsticial." (Cortesía de Manel)
He aquí un mensaje que me hace feliz. El trabajo terminado que mil veces veces soñé hacer y nunca hice de pura desidia. Con ese signo matemático del infinito ya tenemos una base sólida para empezar a pensar. Desde luego que no es sencillo. A la humanidad le costó milenios descifrar su sencillo significado: que la tierra no es el centro del universo, un gran golpe a nuestro ego. Ni la tierra ni nosotros. Ni siquiera yo.
Los griegos ya lo habían pensado, pero vinieron luego los cristianos y supeditaron la verdad a su infantil ideología. E imperaron milenio y medio. Entonces llego Copérnico y mandó parar. El centro tenía que ser necesariamente el Sol: la hipótesis. Le sucedió Tycho Brahe tomando miles de datos del cielo: el método científico en marcha. El análisis de esos datos lo hizo Kepler, un matemático consumado. Resultado: lo que hoy sabemos. No fue sencillo, desde luego, desentrañar lo sencillo.
Y así es la vida, no nos engañemos, un bucle infinito cuyo sencillo significado nos cuesta sangre, sudor y lágrimas reconocer. Y cuando ya casi lo has conseguido, es tiempo de morir. ¡Porca miseria! Si al menos hubiese aprendido a tocar bien la guitarra...





