Al final uno cae en la cuenta de que todo el esfuerzo intelectual, tanto el que uno pudiera haber llevado a cabo como el realizado por el resto del mundo, no tiene otro motor que la pretensión de conocer como funciona la mente. Pensamos, mientras no nos desengañamos, que si llegamos a conocer algo de ese funcionamiento vamos a poder vivir mejor: si no más felices si, al menos, menos sufrientes.
En el fondo, ese desengaño que sólo a los tontos no llega, siempre es por lo mismo, porque caemos en la cuenta de que llevamos toda la vida cometiendo la mayor de las estupideces, es decir, creyéndonos que las conjeturas con las que armamos nuestros razonamientos funcionan como si fueran hechos. Por así decirlo, hasta que nos caemos del caballo hemos estado viviendo en un mundo de fantasía... que es como decir, cometiendo las mayores torpezas con el convencimiento de estar acertando plenamente y, eso, por supuesto, sin tener para nada en cuenta que los batacazos que nos pegamos, y pegamos a los demás, sólo son la consecuencia de nuestra carencia intelectual.
Así, releyendo de l´expérience de Montaigne uno, si no se deja embaucar, puede llegar a sabrosas conclusiones, como que la experiencia sólo sirve para analizar lo que ya ha pasado, pero nunca lo que va a pasar por mucho que los prolegómenos que anuncian un desenlace sean exactos a los de aquel del que ya conocemos su resolución. Porque, al fin y al cabo, lo único que quizá nos enseñe la experiencia es que nada se repite con exactitud. Que los desenlaces son caprichosos, más que nada porque, por mucho que conozcamos de una secuencia de acontecimientos, siempre será una parte ínfima del total.
Así que sólo cabe una postura inteligente ante la vida, ser precavido, o prudente, que no es otra cosa, según Sócrates, que el conócete a ti mismo o, para decirlo más claro, que lo único que puedes llegar a saber con certeza es que no sabes nada. Pero nada de nada. Todo lo demás, necia presunción.
Nada por otra parte que no se supiese desde la noche de los tiempos:
Cuando el gran Tao se pierde, surgen la rectitud y la bondad.
Cuando el conocimiento y la sagacidad aparecen, hay grandes hipócritas.
Cuando las relaciones familiares no son armoniosas, se habla de hijos filiales y padres devotos.
Cuando hay confusión y desorden en los pueblos, se habla de patriotismo.
Allí donde está Tao, reina el equilibrio.
Cuando Tao se pierde, surge la falsedad.
La verdad, a veces puede parecer que empiezo por los cojones y termino por el comer trigo, pero no, se lo aseguro.
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