lunes, 19 de diciembre de 2016

El gran corruptor



Ayer, a las siete de la tarde o así, que hacía un frío pelón, la gente se puso a ambos lados de la Calle Mayor a esperar que pasase algo de lo que yo no tenía ni idea. Vencido por la curiosidad miré en el periódico local y me enteré de que se trataba de una cabalgata de Navidad organizada por la cooperativa de ganaderos de Zamora. La espera duró más de una hora y no me puedo explicar como pudieron resistirla los mayores, porque los niños, sí, que no paraban de correr de una fila a la otra. Pero al fin aparecieron patinadores con atuendo de papá noel y, ¡cómo no!, otros de la misma guisa paseando al perro. Los niños, claro, entusiasmados, los acariciaban. Después, empezaron las carrozas y entre ellas grupos de niñas entrenadas en gimnasia rítmica. Todo lo cual, de un colorido desbordante, amenizado por una música a toda pastilla y de cariz disneylándico. La verdad es que no sabías si estabas aquí o en una ciudad del Medio Oeste americano. 

Hay que tener en cuenta que Palencia está declarada por la ONU, o por no sé quién demonios, Ciudad Amiga de los Niños. Y la verdad es que sí, que nunca he visto, en estos tiempos que corren, lugar donde los niños anden más a su aire, vigilados a distancia, claro está, por sus progenitores. Sin duda la generosidad del urbanismo contribuye a ello. Y también, supongo, el que no haya industria turística que es la madre de todas las desconfianzas. 

Sea como sea, lo que me pregunto es por el resultado, o las consecuencias, de este sin vivir social por tal de conseguir que los niños sean absolutamente felices. Que no se aburran ni un minuto ni, tampoco, que gasten otro imaginando sus juguetes. Menos mal que la naturaleza es tozuda con sus tics y ni el deseo se sacia nunca sino todo lo contrario y el juguete que gusta es siempre el que tiene el amiguito. 

Pensaba ayer al ver toda aquella parafernalia en el vídeo que me acababan de enviar los amigotes con referencias a los usos y costumbres de nuestra infancia. De cuando andabas todo el día "porái" y sólo aparecías por casa a comer y dormir. Y nadie se preocupaba por ti salvo si había que llevarte a la Casa de Socorro a coserte un brecha. Y también pensaba en el artículo reciente de Jorge Bustos sobre "el gran corruptor"... es decir Walt Disney. 

"Disney, ese gran corruptor de menores nunca bastante execrado, el mayor cáncer cerebral del siglo XX", dijo, ya hace años, Don Rafael, nuestra mejor cabeza. Y así es que ahora va cantidad de gente por las calles hablando con su perro y recogiendo sus caquitas y a todo el mundo le parece normal. Al final, el gran corruptor se salió con la suya: nadie crece ya. 

No sé, no me hago la menor idea de en qué puede deparar todo esto. Quizá, hilando muy fino se pueda concluir que así, aniñados todos, tiene que ser la sociedad que alberga en su inconsciente la imposibilidad de una guerra que por fuerza tendría que ser el final de todo. 

Anyway, son los dioses los que disponen la secuencia de los acontecimientos. Así que, ¡buena gana! 

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